lunes, 7 de abril de 2014

Vivir es fácil...


Vivir no es fácil, ya abras los ojos o los cierres. David Trueba es consciente de ello cuando elige la historia de Antonio para escribir el guión. Su mirada se posa en antihéroes, personajes corrientes, que pueden vivir en tu barrio, como en Saber Perder, una novela que me conquistó.


No es casual que un profesor obtenga el papel protagonista, porque la película de Trueba no es una comedia sobre los años 60. Tampoco se trata de una road movie al uso, a pesar del coche.
Tampoco resulta baladí el personaje de una joven embarazada (“que nadie decida por mí”, protesta), ni un chico rebelde que huye de su casa. Solo el profesor que los sube al coche y actúa como protector tiene claro su objetivo, aunque pueda parecer una simpleza
-”La juventud tiene tapiadas las vistas al futuro”, se lamenta el personaje encarnado por Javier Cámara.
No es la primera vez que David Trueba une a personajes inconexos que terminan sumando sus fuerzas. Los miembros de la familia de la novela “Saber perder” andaban sin rumbo hasta que se encuentran al final de la historia.


Vivir es fácil con los ojos cerrados” no deja de ser una comedia en la que te ríes con situaciones divertidas, como apear al joven autoestopista por preferir a los Rolling. Pero la crudeza de la realidad cotidiana y el tono gris de la dictadura se pasean por la pantalla: el catalán (Ramón Fontserè) que regenta el bar mientras cuida a su hijo discapacitado y aguarda el regreso de su mujer se halla cerca de la tragedia griega; el padre autoritario y violento; el grasiento acosador de muchachas.
Los constantes guiños al presente convierten la película de Trueba en una metáfora sobre la ilusión, la esperanza, la búsqueda de la felicidad, las pequeñas acciones que generan cambios.

La sonrisa permanece horas después de acabada la sesión y sin embargo, no ha sido un éxito de taquilla.
Me he reido con “Ocho apellidos vascos”, el boom del momento. No me cabe duda que resulta sano reírse de los estereotipos, los propios y los ajenos. Por supuesto, no me he reconocido en los personajes sevillanos. Al ser de pueblo y no bailar sevillanas, no me siento identificada con los tipos que representan Alfonso Sánchez, Alberto López y Dani Rovira aunque puedo afirmar que existen y que persisten en su ombliguismo.
Ves “Ocho apellidos vascos”, te ríes y la olvidas. La lírica de “Vivir es fácil...” se adhiere a tu piel. Sevilla y Euskadi siguen teniendo un color especial, pero esta vez, y sin que sirva de precedente, prefiero como banda sonora ·”Strawberry fields for ever”.

No hay comentarios: