jueves, 24 de septiembre de 2009

SEMÁFORO VERDE, VESTIDO AMARILLO

Ante las denuncias recibidas por los usuarios/as de la línea Tomares- Sevilla M.J. P., C.N.G. y R.G.L, nos vemos en la obligación de redactar el siguiente informe:
Siendo la 22 horas del día 18 de julio de 2009, el conductor G. C. M. se encontraba realizando el servicio anteriormente citado.

La noche era cálida y soplaba viento de levante. Como era su último servicio antes de las vacaciones, Genaro estaba tranquilo. La brisa parecía impregnada de sal y sonrió al recordar el nombre de la urbanización donde si situaba la próxima parada: Aljamar, rotonda del Agua.Según el testimonio de los/as denunciantes, el conductor permitió subir sin pagar a una mujer en la Glorieta del Agua de Tomares. Dicha señora presentaba un aspecto desaliñado.Surgió bajo las moreras, sus pies descalzos manchados de la tinta azul de las moras. Abrió sin pensar y la dejó subir a pesar de que no tenía tarjeta, cartera, bolso o monedero que hicieran prever que abonaría el importe del billete. Sólo llevaba un vestido amarillo que se ajustaba a su cuerpo de hermosas curvas, la larga melena negra cayendo como una cascada sobre los hombros y el pronunciado escote…
Cada mañana, tomaba el autobús en la misma parada, a las siete y media. Al bajar en Plaza de Armas montaba en una bicicleta del servicio metropolitano, colocaba el bolso en la cesta y enfilaba el carril bici paralelo al río. A Genaro le llamaba la atención el enorme bolso y sonreía al verla cambiar los tacones por unos zapatos deportivos. Puntual, antes de las tres, entregaba la bicicleta y bajaba en la misma glorieta.
Al pasar junto a la parada del Instituto Néstor Almendros no detuvo el autobús, aunque había personas bajo la marquesina. Este hecho se repitió en las paradas siguientes. Los usuarios/as conminaron al conductor a desistir de su actitud, pero en ningún momento fueron escuchados.La mujer del vestido amarillo se sentó, con los pies descalzos, en uno de los asientos delanteros. Nadie le dirigía la palabra, nadie la miraba. Del autobús se adueñó un silencio sólido. Pensó en los años de trabajo, en su expediente inmaculado. Pensó en los atascos en el Puente del Cachorro, en las interminables obras de la autovía.
El semáforo estaba en verde y creyó que era una señal. El silencio estalló en gritos. Los coches se apartaban a su paso. Miró de soslayo las aguas negras del río y se encomendó al Señor de Triana.
Al llegar a la autovía, la policía de tráfico le dio el alto, orden que no fue atendida hasta alcanzar la puerta de la comisaría en la Avenida de Blas Infante, constatándose que el conductor no estaba bajo los efectos del alcohol.

Cuando ella se apeó, un hilo rojo de sangre se abría paso bajo el vestido amarillo y descendía por la pierna hasta alcanzar su pie desnudo.Las causas de tal conducta son desconocidas, puesto que el conductor únicamente declara:
- El autobús es un servicio público.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Lo que sentimos

La maestra pregunta si alguien vio ayer el partido de baloncesto. Cuatro pequeñas manos se alzan sobre las cabezas. La maestra explica que el partido se jugó en Katowice, una ciudad de Polonia, y señala dónde se sitúa en el mapa. La protagonista del libro que van a leer (Ben quiere a Anna) ha emigrado desde Katowice hasta Alemania (La maestra vuelve al mapa) y asiste por primera vez a un nuevo colegio.
Los niños y las niñas de la clases opinan sobre lo que le pasa a Anna.
F. cuenta que él llegó a Barcelona y no entendía ni el español ni el catalán, porque sólo sabía hablar francés y árabe. Un niño se acercó a él para ser su amigo pero no podía entenderlo.
-¿Cómo aprendiste a hablar?
-Viendo la tele, responde con una sonrisa de pícaro.
H. abre mucho los ojos para explicar que ha vivido esa experiencia dos veces. Aún puede recordar cuando llegó a Madrid procedente de Dinamarca. Pasó dos meses sin hacer nada en el colegio porque no sabía nada de español.
M., tan pequeña, añora la nieve de los inviernos de Ávila.
M.A. se acuerda del primer recreo en esta escuela, cuando llegó a Primaria desde el colegio de Infantil. Se sentía solo y perdido en aquel patio tan grande.
La maestra piensa que la soledad y el desarraigo no entiende de fronteras, lenguas ni edades.

jueves, 10 de septiembre de 2009

PRIMER DÍA DE COLEGIO

En este día de septiembre las nubes se asomaron al hiriente azul del cielo. Es el primer día de colegio y la maestra aún se pone nerviosa después de veinte años. Se le encogen las entrañas como si fuera una niña. Estrena vestido y calza zapatos de tacón.
-Hoy es un día especial, por eso me he arreglado, les diría luego, en la intimidad del aula, con los nervios aplacados.
Va a recoger la fila y sonríe para sus adentros. El más grandullón se ha colocado el primero y tras él niños y niños. Hacia la mitad aparece la primera niña y tras ella, siempre al final, el resto. La maestra ya conoce estas actitudes y sabe que no es fácil cambiar determinados hábitos.
Una vez en la clase se sientan con quien les place, los niños con los niños, las niñas con las niñas. Ellas, apretadas, buscan la cercanía de la mesa de la maestra con la mirada inquieta. Ellos, seguros, levantan la mano, interrumpen, hablan sin respetar el turno, cuentan experiencias y opinan.
En medio del debate, la maestra anima a las niñas a hablar y ellas, asustadas, se resisten a tomar la palabra. Abriendo los ojos como platos, las dos más atrevidas balbucean alguna frase en voz baja.
-Las chicas os tenéis que acostumbrar a hablar en público, insiste la maestra, que además no quiere que le llamen “seño”. Los hombres y las mujeres estamos juntos en la vida, así que en la escuela empezaremos a aprender a compartir y a colaborar.
Toda la clase está sentada en parejas pero al final tienen que formar cinco grupos. Un grupo de niñas lo hace rápidamente y pega el equipo a la mesa de la maestra.
Los demás se enredan, discuten y tardan un buen rato en organizarse. Sólo una niña queda “descolocada” en un grupo de niños.
-
¿Qué os ha parecido lo que habéis hecho?
-Nos hemos vuelto a sentar los niños con los niños y las niñas con las niñas y además hemos tardado mucho,
sentencian.
Hoy, el Defensor del Pueblo ha dicho que para respetar al profesorado, los chicos y chicas deberían llamarlos de usted. Esta maestra piensa que el respeto no es una cuestión de pronombres.