sábado, 8 de diciembre de 2012

LOMCE VS COEDUCACIÓN


En esta pesadilla en la que nos debatimos últimamente, cuando encender el ordenador cada mañana y asomarse a los titulares de la prensa nacional se ha convertido en un acto de masoquismo, nos cae encima la LOMCE, esa ley que el ministro Wert (alter ego de Gollum) ha escrito en un menage à trois con la conferencia episcopal y el OPUS DEI.
Se suceden las noticias, reportajes y columnas reprobando el engendro que nos devolverá a la escuela del franquismo, a un modelo segregador, que ahonda en las diferencias, academicista y revanchista.
La teoría neoliberal y mercantilista que subyace nos presenta la educación como mera urdidora de mano de obra lista para acceder al mercado laboral con las manos atadas y la boca cerrada. Nunca había cobrado tanta actualidad el dibujo de Tonucci “La máquina de la escuela”.
Los medios de comunicación se empecinan en el debate sobre el aprendizaje del catalán y el ministro declara que se crece con cada polémica.
Se denuncia la disminución de la participación del claustro y de la comunidad educativa en los consejos escolares al tiempo que se profesionaliza la dirección de los centros y se les dota de más poder.
No hace mucho, desde este blog, lamentaba que nuestro sistema educativo no garantizaba la equidad y en este momento añoro aquella situación.
Ni dos años han pasado por el documento en el que analizaba los logros y deficiencias del Plan de Igualdad.
¿Plan de Igualdad? ¿He dicho Plan de Igualdad?
Hasta hace muy poco, algunas (también algunos) docentes teníamos un sueño. Creíamos que la escuela mixta no facilitaba la igualdad entre mujeres y hombres y pretendíamos encaminarnos hacia la escuela coeducativa.
Si lo pensáramos detenidamente, si no estuviéramos noqueados por el cúmulo de noticias aterradoras, nos echaríamos a llorar.
¿Dónde quedan la educación emocional, la convivencia, los saberes de las mujeres, la corresponsabilidad?
En el primer párrafo del primer borrador de la LOMCE aparece el vocablo fatídico, el concepto sobre el que gira esta ley, la palabra “competición”. Creíamos que para educar era preciso cooperar, colaborar, coordinar, construir. El prefijo “co”, también presente en el concepto coeducación, y que significa “en compañía de” pierde valor frente a la competición que pierde su sentido etimológico para quedarse en el enfrentamiento, la medición constante de alumnado y centros educativos en pos de los mejores puestos de un ranking.
No cabe duda que una evaluación adecuada del sistema educativo podría suponer mejoras pero la LOMCE, según Miguel Ángel Santos Guerra, pretende dedicar más esfuerzo a pesar el pollo que a engordarlo.
La Educación para la Ciudadanía, otro espacio para la coeducación, deja de existir y la educación en valores se convierte en alternativa a la religión. ¿Acaso no es una pesadilla? ¿No nos libraremos nunca de la religión en la escuela?
Ética para la Ciudadanía de 4º de ESO también desaparece y con ella la posibilidad de estudiar contenidos relativos a los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres así como la optativa cambios sociales y género.
Para colmo, en la ley queda explícito que los centros concertados pueden segregar por sexos sin riesgo de perder el concierto.
No solo no avanzamos, sino que está en peligro la escuela mixta relegando la coeducación a las catacumbas del currículum educativo.
Y todo ello redactado con un masculino genérico y excluyente.

2 comentarios:

María José. dijo...

Por desgracia, amén a todo.
Besos.
María José.

Lenteja dijo...

Sí que es para llorar, sí... Pero ahora mismo sólo oigo a la gente gritar por el fútbol... ( lo que es para llorar doblemente)
Besos.Lenteja