domingo, 20 de marzo de 2016

El verbo servir

Esta semana un artículo de @RaulSolisEU titulado “Hijo de una limpiasuelos” se ha convertido en viral y lo ha llevado a participar en programas de radio y televisión. Él sabe, porque se lo he dicho públicamente, cuánto me gusta lo que escribe y cómo lo hace, especialmente cuando pone voz a las mujeres del campo, a los parias de la tierra. Incluso tuvo la osadía de escribir sobre  los funcionarios, en un momento en el que medio país aplaudía los recortes a los “privilegiados empleados públicos” y entrevistó a mi amigo Mikel en un reportaje donde reclamaba que “Los funcionarios también lloran”.
Creo que el éxito de su artículo radica en que muchas personas nos hemos visto reflejadas en él. Nuestro país está poblado por hijos e hijas de limpiasuelos, de mujeres, y también algunos hombres, que tuvieron que servir, así que cualquiera podría haber escrito el artículo, aunque solo él supo hacerlo poniendo en cada palabra el desgarro y la rabia de muchas generaciones que tuvieron que servir.
Mi madre, como la de él, también trabajó en casas de señoritos, por poco más que la manutención. Una vez, lo hizo en Madrid, en una “familia bien” y otra con unas señoritos de Écija. En Madrid, a pesar de que comía a diario y no pasaba frío, no fue capaz de aguantar y se volvió al pueblo. Cuando entró por el chozo en que vivía con su tía Rosario, que la había criado desde los cinco años, se encontró con un saco de tagarninas en medio de la sala. Soltó la maleta en el suelo y se sentó a pelarlas.
-¿Para esto te has vuelto de Madrid? ¿Para pelar tagarninas?, le espetó su tía con tristeza.
Sin duda, ella prefería partirse la espalda en el campo como jornalera –se sentía  orgullosa de que le pagaran el mismo jornal que a los hombres-, antes que ponerse a servir.
Pero de todo el revuelo causado por el artículo, a mí, estos días, me perseguía el  verbo servir, que tan hondo arraigo tiene en nuestra memoria colectiva. Sin ir muy lejos, Concha Velasco y Alfredo Landa protagonizaron en los años sesenta una supuesta comedia  titulada “Las que tienen que servir”
Acudí a Google y me topé con las dos primeras acepciones que la RAE nos ofrece de la entrada:
1.-  Estar al servicio de alguien.
2.- Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone
Si la primera acepción incomoda a cualquier persona decente, con la segunda se te encoge el estómago. Estar sujeto es sinónimo de estar atado, pertenecer a alguien para lo que disponga no es otra cosa que esclavitud.
También busqué el significado de servicial y encontré estas cuatro acepciones:
1. Que sirve con cuidado, diligencia y obsequio.
2. Pronto a complacer y servir a otros.
3. Lavativa, ayuda, clister.
4. Sirviente
Según la RAE, la última acepción está en desuso, aunque yo no sería tan optimista. Las feministas sabemos muy bien que la RAE tampoco es infalible.
Si continuamos investigando, comprobamos que el origen etimológico de “servir” viene de la palabra siervo (en latín, esclavo) y entre sus derivadas podemos hallar servil o servilismo.
Por otra parte, el verbo servir no tiene ninguna relación con el verbo trabajar, entre cuyas acepciones hallamos:
1. Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual. 
2. Tener una ocupación remunerada en una empresa o una institución.
3. Ejercer determinada profesión u oficio.
El lenguaje, una vez más, pone cada concepto en su lugar, por lo que no es lo mismo servir que trabajar, igual que caridad y solidaridad representan ideas antagónicas.
Así que una buena parte de la población, ha servido a sus patronos o señoritos y aún hay quien continúa haciéndolo sin ser consciente de ello.
Por suerte, muchos hijos e hijas de limpiasuelos y jornaleras hemos ido a la Universidad Pública y defendemos el trabajo digno como un derecho. Sin embargo, siento discrepar con Raúl Solís. Algunas no hemos perdido la memoria, pero también existe mucha amnesia colectiva. Veo a chicos y chicas jóvenes, hijos de albañiles, limpiadoras, camareros, defendiendo al PP y Ciudadanos…y me sube la tensión arterial. Tantos millones de votos a la derecha en las últimas elecciones,  solo son posible porque no hemos dejado de ser sirvientes, porque no entendemos la diferencia entre “servir” y  “trabajar”.