domingo, 20 de enero de 2013

Día de tregua


Hoy es un día de transición, una jornada en la que tomar aliento después de varios días sin disponer de un instante. Hoy es un día de quietud antes de sumergirme en una nueva vorágine que me impedirá estar a solas. Siento la necesidad urgente de acercarme a mí misma, como si mi auténtico yo se alojara en un hilo invisible cercano a mi columna, un hilo que me reconforta.
La mañana, que amaneció limpia, se fue cubriendo de nubes espesas. La maleta deshecha reclamaba su tributo de coladas, detergentes, suavizantes y vapores de plancha. Pero el cielo desoyó los ruegos de mi sucio equipaje y derramó una tormenta sobre las blusas y los pantalones que se oreaban en el tendedero del patio.
Comenzó a llover mientras tomaba el aperitivo, a esa hora en que los niños y las niñas suelen salir del colegio y las madres se apuran en protegerlos con paraguas e impermeables.
Ayer, mientras la meseta galopaba, verde y húmeda, por la ventanilla del tren, acabé “Hablar solos” la última novela de Andrés Neuman. Saboreaba cada palabra, cada frase, cada cita que el autor ponía en boca de Elena, el personaje que cobra más fuerza en esta obra en la que monologan tres voces.
Al cerrar el libro, mi compañero de viaje, me descubrió un poema de Claudio Rodríguez:

“Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.”

Esta tarde, cuando la ropa y la borrasca y los afectos me concedieron una tregua, deambulé entre los titulares de la prensa: Argelia, Bárcenas, centros de salud, Cospedal, Barça, ciclogénesis, Mali, Hollande. En EPS me demoré en un reportaje de Juan Cruz titulado “Cien veces Gabo”. De inmediato me asaltó la necesidad de compartir lo que leía, en especial la “Carta de Gabo a Plinio” pero nunca encuentro los enlaces de los artículos de El País Semanal. Así que me conformé con tuitear: “...la única posibilidad que se tiene de escribir bien es escribir las cosas que se han visto” G. García Márquez.
Cansada de hojear la prensa sin encontrarme arrojé el periódico y tomé una antología poética que se aloja junto a mi sillón orejero. Allí habitaban algunos poemas de Claudio Rodríguez, que me devolvieron a mí misma, antes de incorporarme al tumulto, en este día de tregua.