lunes, 26 de marzo de 2012

Leer entre túneles

Microrrelato finalista del certamen "Donde lees tú" de la Fundación German Sánchez Rupérez

"La oigo llorar. Suena como un gatito maullando. Su llanto atraviesa el túnel de mis sueños. Es tan pequeña con sus deditos arrugados. Me incorporo en la cama. A tientas, enciendo el interruptor de la lámpara. Tomo a la niña en mis brazos y la acomodo en mi pecho izquierdo. Cuando noto que chupa con fruición alargo la mano derecha y abro el volumen  que hay sobre la mesilla de noche.

La niña se mueve inquieta. Cierro el libro. La cambio de pecho.  En esta postura  es más difícil leer. Abro el libro con mucho tiento. Estiro la cabeza por encima de la suya para ver las letras.  Termina de mamar y la poso sobre mi hombro. Expulsa los gases lentamente. La arropo en la cuna.
Apago la luz y me refugio bajo el edredón.  La oigo succionar el chupete. Entro de nuevo en el túnel del sueño."


miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Para qué sirve un EABE?

No hace mucho aprendí a escribir sin prisa, sobre todo crónicas de eventos. Siempre me inclino por crónicas sentimentales o gastronómicas. Regreso cargada de emociones, abrazos, sonrisas y encuentros que me impiden analizar con claridad y desarrollar un tema medianamente serio.

Durante los días 9 y 10 de marzo asistí en Carmona al EABE12, un encuentro de profesorado de todos los niveles educativos relacionados de una u otra forma con las TIC. Las siglas EABE están a punto de perder la A de andaluz y la B de blog.

Cuando estábamos en la recta final del encuentro un alumno lanzó la siguiente pregunta:
-”¿Esto va a servir para algo?”

-”The answer, my friend, is blowing in the wind” hubiera respondido Bob Dylan.

Como no soy Bob Dylan, ni pretendo serlo, intentaré desgranar para qué sirve, desde mi punto de vista, un EABE.

En primer lugar, el EABE es el marco idóneo para desvirtualizar. Algunos de los avatares que aparecen en la pantalla de tu ordenador están delante tuya y sientes la necesidad imperiosa de tocar y abrazar para comprobar que son reales, de carne y hueso.

El EABE es breve. A pesar de que observas de soslayo todos los rostros, siempre queda alguien sin saludar. Al regresar comienzan las rondas de despedidas en twitter y lamentas no haber tenido más tiempo para conversar o haber perdido la oportunidad de conocer a más personas.

El ritmo del EABE es frenético, por lo que no permite debatir en profundidad y apenas podemos compartir experiencias o proyectos. Por suerte, tampoco hay ponencias-marco a cargo de docentes de reconocido prestigio en el mundo mundial. En cambio, este formato hace posible compartir ideas, reflexiones sobre nuestro trabajo y muy especialmente, definir qué nos gustaría cambiar, a qué puerto querríamos arribar (Gracias, mesa III).

Un EABE te da alas, te pone las pilas, te carga de adrenalina. La fuerza del EABE te acompaña un curso completo, te abre los ojos hacia nuevas rutas, aprendes nuevos caminos... Porque el EABE permite que las hormiguitas convivamos con gigantes y gigantas y de vuelta al cole nos vemos más altas y damos pasos pequeños, aunque firmes.

En Carmona he vivido mi tercer EABE, una ola que partió de Almería en 2009 y está recorriendo Andalucía agregando a su paso a docentes de otras comunidades autónomas.

En mi opinión, la organización y el entorno han sido inmejorables. La inclusión de las mesas de familias y alumnado ha constituido un gran acierto. Ha quedado patente el esfuerzo por aumentar la presencia femenina, aunque en estas mesas haya sido minoritaria.

Aunque la pregunta sigue en el aire. ¿Realmente sirve para algo un EABE? Que yo sepa, no había ningún representante de la Administración Educativa dispuesto a recoger las inquietudes de doscientos eaberos y eaberas en estado de gracia. Todavía no se han percatado que esta ola silenciosa aumenta de tamaño en cada evento. Tal vez en Algeciras o Úbeda, se encuentren con la sorpresa de que se ha convertido en un Tsunami.

PD: Imposible agradecer tantos abrazos, ni olvidar tantas emociones, solo cabe esperar al próximo EABE.


miércoles, 7 de marzo de 2012

Ocho de marzo: un motivo

-¿Por qué me habéis buscado a mí?
En aquel pasillo de paredes desconchadas la profesora las escuchaba sentada en un banco. Las muchachas sabían que tenía guardia y habían distinguido en la oscuridad su larga falda y el destello metálico de las gafas.
Era una buena pregunta. Aquella profesora de biología con acento vasco e indumentaria hippie nunca les había impartido clase. Solo la conocían de vista, de cruzársela por los pasillos del instituto.
Pero no dudaron un segundo al pensar en la persona que las ayudaría.
-Os tenéis que tranquilizar. Decidle a vuestra amiga que espere una semana y si no se soluciona yo la ayudaré.
Entonces, al despedirse, la profesora de biología quiso saber:
-¿Por qué me habéis buscado a mí?
No supieron responder. Miraron a la profesora a los ojos y entraron en clase de latín.
Años más tarde recordó aquella historia. Ahora era una universitaria ingenua e ilusionada. Con el primer plazo de la beca compró su mayor tesoro: una olivetti lettera 25. En la tapa colocó una pegatina violeta en la que se podía leer: libre y gratuito.
En 1º y 2º de BUP había asistido a innumerables bodas de amigas que, tras un desmayo en el instituto, aparecían poco después delante de un altar ocultando la tripa bajo un vestido blanco.
De pequeña había oído a las mujeres murmurar sobre bebedizos para abortar. Intuía que se practicaban abortos clandestinos. Porque lo de ir a Londres o abortar en una clínica privada era algo inalcanzable en aquella sociedad rural.
Ahora mientras ella colocaba la Olivetti junto a sus escasos enseres en un piso compartido, sus amigas asumían su rol de esposas y madres, truncados sus sueños para siempre, envejecidas para siempre.
Hay muchos motivos para el ocho de marzo pero éste puede ser uno de ellos.