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Entradas

Nidos y silencios

En la colada de la mañana ha aparecido un retazo de infancia. Los ojos tristes del oso panda reclamaron durante meses su ración de agua y detergente. El lince ibérico, el más amado de todos los seres que habitan los dormitorios, se despereza sobre el tendedero del patio. Y el leprechaun sonríe burlón columpiándose merced a su verde sombrero irlandés. El verano ha convertido el nido en un trasiego de maletas y mochilas, billetes de autobús, cancelaciones de vuelo, calendarios imposibles y empleos precarios que imponen su dictadura inapelable. En este preludio del nido vacío en que deviene el verano, las mañanas se pueblan de silencio. La limpieza general permanece imperturbable como la secular costumbre de las mujeres del sur durante los días largos del estío. En mi memoria, las vecinas encalan fachadas y paredes con brochas atadas a cañas del arroyo y puedo distinguir el olor cálido de la cal viva vertida en el cubo. Te asomas a la escalera con una colección de cuentos para primeros …
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Final de campaña

En la frutería del barrio, los sábados por la mañana, invade la cola el acerado. Entre cajas de patatas y melones tempraneros, se alinea el vecindario en paciente espera. Desde que me convertí en señora mayor con carro de la compra, me siento mejor persona. Ya no cargo con bolsas de plástico en la esquina mientras espero a que alguna de mis hijas acuda en mi ayuda. En la frutería del barrio no se habla de política. Una señora protesta de que no se pueda pagar con tarjeta. Un abuelo se informa de los diferentes tipos de patatas para escoger las más sabrosas. Preparará un festín de tortillas para la cena de sus nietos y lo cuenta con tal entusiasmo, que se nos hace la boca agua. La última señora de la cola debate sobre la inutilidad de cocinar tortillas de patatas cuando las venden tan ricas y baratas, ya preparadas. Una anciana apoyada en su andador se adelanta, lo cierra al pasar entre el gentío y lo abre para sentarse a esperar, pacientemente, su turno. Alguien habla de los producto…

Ordesa, de Manuel Vilas

“Que te espere alguien en algún sitio es el único sentido de la vida, y el único éxito” M. Vila (Ordesa) Durante esta particular semana ain pasión, he recorrido las páginas de “Ordesa”. No conocía a Manuel Vilas. Para mí no era más que un invitado al programa de radio “A vivir que son dos días” o un perfil de Twitter que seguía, sin saber si el propio escritor publicaba los tweets o la editorial se ocupaba de la cuenta. C había leído “Ordesa” y lo había colocado en la estantería del distribuidor, detrás de otra fila de libros, un lugar de difícil acceso. No me contó sus impresiones sobre el libro, pero no le presté demasiada atención. C prefiere leer ensayos, que después me explica mientras tomamos unas tapas los viernes por la noche. En cambio, yo construyo la realidad a través de la ficción literaria. A la feria del libro de Tomares vino Manuel Vilas a presentar su libro. Habló sobre el origen de la obra, la muerte de su madre y el sentimiento de orfandad al no hallar sus llamadas pe…