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Entradas

Oporto en la retina

Viajamos a Oporto ligeras de equipaje. El vuelo se ha retrasado y llegamos de noche. Desde el avión, vemos las luces de las avenidas, las farolas de los puentes que cruzan el río Duero, que aquí llaman Douro. Muchos años atrás, cuando erais niñas pequeñas, visitamos el nacimiento de este mismo río en Duruelo de la Sierra, provincia de Soria. Caminábamos con vosotras de la mano entre los pinos negros de los Picos de Urbión, junto la Laguna Negra de Machado, cerca de Vinuesa y Covaleda. Suelo amar las ciudades a las que llego de noche, porque el amanecer me sorprende, ya descansada, con una luz inusual, colores desconocidos, aromas y sabores que estallan en mi paladar. En Oporto, todas las calles conducen al río Duero; bajan raudas por sinuosas callejuelas. Las franquicias conviven con las tiendas tradicionales, mercerías y ferreterías con sabor añejo. Las gaviotas sobrevuelan los tejados a dos aguas en el barrio de A Ribeira. Una se posa en la cabeza de la estatua de Enrique el Naveg…
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Citas para un nuevo año

Desde Orihuela, me envía R una foto. Las puertas de cristal de la antigua lonja, hoy auditorio, se abren con los versos del poeta nacido en esta tierra “Tristes armas si no son las palabras” -Me emociono, le digo.  No solo por los versos, sino porque pensó en mí al leerlos y captó la imagen para esta amiga que lo agradece. Las palabras de Miguel Hernández adquirieron especial protagonismo este año que acaba, en forma de versos, teatro, canciones o caligramas. Satisfecha me sentí tras saldar una parte de la deuda contraída con el poeta de Orihuela. Hubo otros libros, otras historias, otras novelas. Como lectora caótica, no tomo nota ni escribo al margen. A veces, hago una foto de una página que me interesa; subrayo en el libro electrónico; copio en el bloc de notas del móvil; escribo a lápiz o bolígrafo en una libreta que siempre pierdo. Del libro electrónico rescaté: “Esta guerra fue la consecuencia de las reacciones de unos neardentales con capacidades emocionales sobredesarrollada…

La peste y las ratas

Entre mis libros habita un viejo ejemplar de La Peste de Camus. Tal vez se esconda en alguna estantería demasiado alta para mí, tras otra fila de libros. Se trata de un libro de bolsillo de la editorial Gallimard, forrado de plástico transparente. Como no es un libro de pasta dura y cuidada encuadernación, carece del derecho de ocupar un lugar de honor en la estantería del salón. Pero hubo un tiempo en que ese libro en francés formó parte de mis escasos tesoros. Una tarde que olía a castañas asadas caminé en peregrinación por la calle Don Remondo, hasta la librería Montparnasse, lugar que yo veneraba como un santuario del saber y la literatura. Allí adquirí Les Justes, Madame Bovary, L’étranger o La Peste, volúmenes que Doña Esther, nuestra profesora de francés, nos obligaba a leer para sus clases mortecinas. Desde entonces, me persigue la sombra de Joseph Grand, el hombre sencillo, que cumple con su obligación de ciudadano sin perseguir la heroicidad. Empeñado en alcanzar la perfecc…

Mantra contra Tejerina

Los viernes después del recreo tienen Ciudadanía. -Es la asignatura más interesante del curso, porque aprenderemos a pensar y a convertirnos en buenas personas- advirtió la maestra el primer día de clase. Educación para la Ciudadanía en quinto de Primaria era uno de los pocos objetos que la Junta de Andalucía se había dignado rescatar de la gran hoguera en la que la LOMCE había quemado la educación pública. -Hoy, en Ciudadanía, trabajaremos nuestra autoestima-explica la maestra. Toda la clase se coloca a la espalda un folio blanco sujeto con celo y escribe las virtudes de los demás. El aula se transforma en un barullo de risas y agrupamientos imposibles. Los rotuladores de colores van construyendo un mundo de palabras: guapo, lista, generosa, amable, el mejor amigo, la mejor compañera, divertida, gracioso, listo, el mejor jugando al "fornite", … A la maestra también le han colocado un papel en la espalda. Los niños y las niñas escriben mientras ella intenta reparar los folios qu…