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Entradas

Ruta por los Balcanes

El circuito que hemos contratado no incluía Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, aunque Mostar sí aparece en la ruta. Llegamos un domingo caluroso, con las temperaturas rozando los 40 grados, a través de un paisaje seco e inhóspito. Nos reciben los primeros bloques de viviendas, con restos de metralla aún en su fachada. En el puente de Mostar se amontona una multitud de turistas. Unos jóvenes se lanzan al río Neretva desde la altura del puente reconstruido. Antes de saltar recaudan dinero entre los curiosos. Paseamos por las calles empedradas que conducen al puente, intentando no caer por el suelo resbaladizo, entre el hormiguero de gente y tiendas de souvenirs, como un zoco de cualquier ciudad musulmana. Las mujeres, sin embargo, no visten hiyab. Solo dos chicas cubiertas con un burka se asoman al pretil de piedra para ver a los muchachos saltar sobre el río Neretva. En algunas tiendas, venden ametralladoras realizadas con balas. Demasiados kilómetros para tan breve visita a Mostar…
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La maleta de Ana, de Celia Santos

Dos muchachas ateridas de frío se sientan juntas en un banco de una estación de ferrocarril. Una larga bufanda las acoge y las protege. En el andén de otra estación, aún más al norte, el aire gélido se cuela entre las filas de hombres y mujeres enjutos, de piel quemada por el sol y mirada famélica. Para identificarlos mejor, han colgado a sus cuellos un cartel con un número. Alguien grita contra la infamia de tratar a seres humanos como reses que se dirigen al matadero. En un barracón sin calefacción y con pocas comodidades, dentro del recinto de la fábrica, se alojan inmigrantes que trabajan con el afán de enviar los ahorros a sus hogares. Estas escenas de “La maleta de Ana” pueden suceder en la actualidad en un campo de fresas, en una fábrica textil o en un hotel de cinco estrellas. Podrían ser personas refugiadas huyendo de Siria o subsaharianos que han atravesado todo un continente. Sin embargo, Celia Santos nos relata la vida y miserias de las mujeres españolas emigradas a Alemania e…

Historia de un libro

Toda historia tiene un principio y la de este libro comenzó hace un año, al descubrir que mi blog cumpliría una década en 2018. Pero también empezó hace diez años, una mañana de julio de 2008, en la que decidí crear un blog y escribir una entrada titulada “Odio el verano”. Aunque quizás habría que remontarse a mi adolescencia, al día en que perdí mis torpes versos juveniles, cuidadosamente escritos con mi letra lastrada de infancia. Tal vez el origen fue la primera redacción escolar que recuerdo, aquella en que describía a mi abuelo con su sombrero cordobés, trenzando tomiza bajo la parra del corral. Lo único cierto es que siempre soñé escribir un libro, lo cual no supone ninguna proeza, ya que es un sueño común a media humanidad. El blog que nació por casualidad y en el que he escrito de una forma más o menos regular iba a cumplir un año, así que llegó el momento de dar un nuevo paso: convertirlo en libro. En el instante en el que tomé esa decisión, no noté el abismo que se abría ante mi…

Copenhague en primavera

Los motivos para elegir un viaje pueden ser tan poco románticos como el precio o la apertura de un nuevo vuelo low cost. Si comienza la primavera y no eres especialmente seguidora de la Semana Santa, Copenhague representa un buen destino. El problema surge cuando vives en el profundo sur de España y las ocasiones en que has disfrutado de algo parecido a la aguanieve se pueden contar con los dedos de la mano y es posible que te sobre alguno. Piensas que no hay que preocuparse del frío porque es primavera, aunque desde un mes antes consultas a diario la información meteorológica. Compras camisetas térmicas, mallas térmicas, calcetines térmicos y una bufanda de lana que te tapa hasta las orejas, como si participaras en una expedición al Himalaya. Antes de partir, repasas los referentes culturales que posees sobre Dinamarca: H.C. Andersen, los juguetes Lego, Isak Dinensen, la serie Borgen y Vikingos. Aterrizas en Kfvenhavn un martes santo con pocas horas de sueño, los termómetros indican 2 g…