viernes, 30 de julio de 2010

MI PRIMER PREZI

Aprendiendo prezi con poemas.

jueves, 22 de julio de 2010

ANDANDO POR CENTROEUROPA

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”(Cervantes)
A las cuatro de la tarde los pasajeros dormitaban en el avión de Iberia. En Sevilla, como es habitual en esta época del año, nos esperaban más de 40ºC a la sombra. Yo había terminado de leer la segunda novela en edición de bolsillo que había comprado para el viaje y pensaba en la casa que me esperaba, en las maletas repletas de ropa sucia, en la limpieza general que no había hecho. Quedaba todo el verano por delante y me abrumaba pensar en la rutina estival.
Me detuve a meditar sobre las razones que me impulsan a pasarme la vida planeando viajes.
Viajar es cansado. Te levantas a horas intempestivas para coger aviones y el tiempo se detiene en los aeropuertos viendo a la gente arrastrar maletas. Haces colas frente a museos cuyos cuadros puedes ver por internet. Caminas hasta la extenuación expuesta a las inclemencias meteorológicas. Consumes productos típicos sin conocer sus ingredientes. No sabes nunca cómo será el hotel o apartamento que te acogerá después de un largo día de ruta turística.
Viajar es caro, especialmente si tu familia se compone de cinco personas que comen y beben como adultas y no le hacen asco a ninguna propuesta gastronómica.
Viajar es arriesgado, sobre todo si te vas a El Corte Inglés y contratas un circuito con Panavisión: Viena, Praga y Budapest (8 días, 7 noches): comienza la aventura. Esto último no lo pone el catálogo pero debería hacerlo, porque sería más verídico.
El día doce de julio nos levantamos a las cuatro de la madrugada para tomar un avión rumbo a Madrid que enlazaría con otro con destino a Praga. En Barajas se percibía la resaca de fútbol que vivía el país: la gente deambulaba por la T 4 ataviada con camisetas rojas, las televisiones repetían el gol de Iniesta…

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Doce horas más tarde, llegamos al aeropuerto de Praga. Nos reunieron y nos llevaron al hotel, eso hubiera sido lo lógico. Pues no, porque el sentido común no es tan habitual. Ni aquel señor era nuestro guía (la nuestra llegaría dos días después), ni formábamos un grupo, ni íbamos al mismo hotel. Ni siquiera teníamos el hotel que nos habían comunicado. Unos días después descubrimos que los catálogos cambiaban en cada autonomía. Por ejemplo, en Andalucía era temporada alta cuando en Valencia era temporada media; un mismo hotel tenía tres estrellas en Sevilla y cuatro en Madrid,…
Por tanto, había viajeros repartidos por cuatro hoteles diferentes y con programas distintos, lo cual nos obligaba a levantarnos temprano para ir recogiendo a todo el mundo. En esto consiste la aventura: ¿Cómo está tu hotel? ¿Tenéis aire acondicionado? ¿Y el buffet? ¿No hay cruasanes? Mañana os traemos cruasanes.

Se mete en un autobús a turistas de distinto pelaje (tres familias con hijos/as adolescentes, parejas maduritas de Valencia, dos amigas de Huesca, dos maestras extremeñas, una profesora de inglés jubilada, dos parejas de Málaga, otras dos de Asturias,…), se los pasea por el centro de las ciudades, se los lleva a comer sopa y carne de origen incierto (¿Era pollo? No, era vaca. Qué va, era cerdo) con una temperatura de 35º C, se los riega con abundante cerveza checa (la mejor del mundo, sin duda) y ya tienes la diversión asegurada.
Las guías locales se empeñaban en relatarnos la convulsa historia de estos países centroeuropeos: guerra de los treinta años, defenestraciones de católicos, decapitaciones de protestantes, la fecunda María Teresa de Ausburgo diseñando ciudades, la odiada Sissí paseando en calesa. Sin embargo, todas ellas pasaron de puntillas por el siglo XX.
Nadie mencionó que Austria y Hungría se adhirieron voluntariamente a la Alemania de Hitler, ni que Chequia votó libremente su primer gobierno comunista. La guía austriaca quizás olvidó que el campo de concentración de Mathausem se encuentra en Austria. La guía húngara no se percató de que en la Plaza de los héroes de Budapest no había ninguna estatua de mujer.
La gente dormía en el avión que me devolvía a Sevilla. Yo había acabado el libro y recordaba el puente de Karlos en Praga, con el espíritu de Kafka temblando junto a una tétrica estatua; los carteles en checo anunciando un concierto de Paco de Lucía, la cerveza en la plaza del Comercio, las farolas de gas de las calles estrechas. Pensé en los jardines del palacio Shobrunn de Viena, en la catedral de San Esteban, en las calles bulliciosas, en los muchachos disfrazados de personajes de ópera. Deseé regresar a Budapest para pasear junto al Danubio, admirar las vistas desde el castillo, sumergirme en las aguas termales del balneario Szèchenyi.

Viajar es caro, es cansado, es arriesgado. En este viaje he probado la cerveza checa, la tarta Sacher, el café vienés, el vino tokaji y el goulash húngaro. No todo lo que he probado me ha gustado. Pero he visto maletas de colores y formas diversas. He imaginado otras vidas en otros rostros. He reído. He escuchado. He cantado. He hablado. Y he aprendido tanto que ya estoy deseando hacer otro viaje.

viernes, 2 de julio de 2010

EL BLOG DEL VERANO

L. tiene 10 años, es pequeña y silenciosa y me mandó un correo electrónico hace unos días:

-“He escrito varios comentarios en el blog. No sé qué me pasa al principio de las vacaciones, no me acostumbro y echo de menos el colegio”.

-“A mí me pasa lo mismo”, le respondí.

Cuando comienzan las vacaciones, me pasa como a L. Experimento una especie de vértigo que me impulsa a llenar el día con infinidad de actividades, planificar el tiempo que se me antoja vacío.

Así me sentía hace dos años cuando escribí un texto titulado “Odio el verano” que envié a mis compañeros y compañeras del colegio.

Hubo quién me contestó, entre divertido y asombrado por mi espontáneo estallido literario.

Hasta entonces, yo sólo había escrito para mí misma, sin concederme la tentación de buscar lectores/as.

Hace dos años, en esa hiperactividad que me ataca la primera semana de julio, decidí poner en práctica mis recién adquiridos conocimientos tecnológicos y hacer ¡YO SOLA! un blog.

La tecnología y yo nunca nos habíamos llevado bien: los mandos a distancia son artilugios inescrutables; en la lavadora y el lavavajillas siempre pongo el mismo programa; nunca se me ha ocurrido leer el libro de instrucciones de ningún aparato…

El día que apareció el primer ordenador en mi casa monté una bronca porque pensaba que aquel era un dispendio inútil. Más tarde, me había iniciado en el procesador de textos, utilizaba el buscador, el correo electrónico,… Pero los ordenadores seguían sin emocionarme.

Por eso mi familia no daba crédito cuando dije que tenía un blog. Aquel blog, en principio, no era más que una prueba. Todo en él era casual: blog de verano en tomares porque era verano y yo estaba en Tomares; “Odio el verano” porque así se titulaba la primera entrada.

Pretendía que mis hijas escribieran en él y de esa forma practicaran la expresión escrita pero no se animaron. Así que yo seguí escribiendo.

Tener un blog “secreto” era un poco extraño. Aunque a mí también me daba mucho reparo que alguien pudiera leerme. Escribir, aunque sea ficción, es como desnudarse porque se muestran las interioridades.

En un alarde de atrevimiento empecé a enviar el enlace del blog a mis amistades. Leedme, por favor, les pedía cada vez que publicaba una entrada. Y escribidme un comentario que me hace ilusión.

Me sonrojo al pensar en lo pesada que soy y la generosidad que mostráis cada vez que entráis en mi blog.

Como nació por casualidad, no tiene un objetivo definido. Algunas veces escribe la maestra, otras la madre, la lectora, la mujer,…En algún momento he pensado que quizás debiera tener un blog sobre educación, sobre todo cuando la etiqueta “Escuela” aumenta vertiginosamente. Pero no puedo dividirme en departamentos estancos. Yo soy una maestra que es madre, mujer, amiga, amante de la literatura. Además, cuando escribo sobre educación no pretendo sentar cátedra, sólo expresar lo que me preocupa o emociona de mi trabajo.

El blog me ha permitido conocer otros blogs y leerlos con asiduidad. También me ha servido para perderle el miedo a estos cacharros y adentrarme, poco a poco, en el mundo de las TIC. No tengo un interés especial en aprender herramientas, sólo aquello que voy necesitando para mí o para mi alumnado. Lo que me apasiona de los blogs y las redes sociales es la posibilidad de comunicar, aprender, compartir,…

Mi blog va a cumplir dos años. Le he prometido un banner nuevo, un cambio de imagen, pero le he pedido que no me apremie, porque yo estoy de vacaciones. Es un blog pequeñito, con pocas visitas. No me preocupa que llegue a poca gente. Para mí, el que exista y que alguien lo lea ya es un regalo.