sábado, 30 de abril de 2011

Desconocimiento del Medio

En esta mañana de fuertes aguaceros, atruenan con insistencia cohetes que anuncian la romería del pueblo.
La maestra no es aficionada a este tipo de festejos y últimamente, en los días de lluvia, le asalta una tristeza indefinida. Tampoco se siente devota del santo patrón de la localidad, el mártir San Sebastián, de culto muy antiguo aunque de reciente incorporación al santoral gay.
Mañana es primero de mayo y en un país con cerca de 5.000.000 de personas desempleadas, quizás fuera más apropiado reivindicar empleo que enarbolar farolillos. Pasear pancartas tal vez sería más apropiado que dar palmadas detrás de una carreta.
Pero como "hay gente pa tó", la maestra se pertrecha en la melancolía de los días nublados e intenta recordar dónde colocó "Señas de Identidad" de Juan Goytisolo para volver leerla.
Ayer estuvo sustituyendo un rato en un grupo de segundo. Habituada al tercer ciclo, lo recibió como una bocanada de aire fresco.
Un grupo de niños discutía sobre el último partido Madrid-Barça mientras coloreaba un trabajo manual para conmemorar el día de la madre.
La maestra se sentó a escuchar, asombrada por la "competencia futbolera". La discusión versaba sobre la actuación de Álvez y la decisión inoportuna del árbitro. Hubiera deseado tener un micrófono para grabar aquella imitación de "El Larguero".
De pronto, se escucharon varios cohetes.
-¿Sabéis qué anuncian los cohetes?, preguntó la maestra, más que nada para entablar un poco de conversación.
Varias pequeñas manos se alzaron:
-Por la feria.
-Por el Rocío.
-Por las carretas.
-Porque el Barça ganó el partido.
La maestra no se imaginaba tal desconocimiento del medio. Tomares se ha convertido en una ciudad dormitorio y la escuela da la impresión que vive de espaldas al pueblo.
Regresó a su aula de sexto con la intención de hacer un sondeo.
-Tenéis que escribir en un folio la razón por la que están tirando cohetes.
Cuando recogió el papel comprobó que de veinticinco niños y niñas, veintitrés había escrito que la causa era la boda real que se celebraba en Londres. De los dos restantes, uno pensaba que los cohetes no llegaban a Inglaterra, por lo que la razón sería la feria de Sevilla. Otro, que probablemente no había entendido la pregunta, creía que la causa era el cincuentenario del primer viaje espacial.
La maestra explicó que cada primero de mayo se celebra en todo el mundo el Día del Trabajo, que es una fecha en la que se reivindican los derechos laborales y se demanda empleo. Después informó que el domingo se festejaría la romería del pueblo y que le extrañaba que nadie lo hubiera recordado.
-Yo lo iba a decir, declaró A, pero pensé que no era importante.
La lluvia pertinaz, con toda seguridad, va a arruinar ambas festividades, pero a la maestra le queda todo un puente para rumiar la congoja de trabajar en una escuela que no está arraigada a su terreno.

jueves, 21 de abril de 2011

LECCIÓN DE PEDAGOGÍA

Mientras habla, apenas la mira. Gira continuamente la cabeza, sin perder de vista a las criaturas a las que entrena. De vez en cuando detiene el diálogo con un gesto y se dirige a la pequeña cabeza que surge del agua.

X es un gran conversador. Enhebra las palabras con la musicalidad propia de Sudamérica, salpicando su discurso de expresiones y vocablos desconocidos. Le preocupa los adolescentes con los que trata a diario y comparte sus inquietudes con ella. Su interlocutora admira su capacidad para comprender a los jóvenes, motivarles sin presión, respetar sus prioridades, porque los ve como personas en su globalidad, más allá del plano deportivo.

X también es padre y como tal, pregunta a ella por sus hijas, sobre todo la mayor, que este curso tiene muy abandonado el deporte.

-”El bachillerato, ya sabes, es muy duro. La niña ha elegido ciencias. Aunque le ha ido bien en el nuevo instituto, no para de estudiar y no tiene tiempo de venir al polideportivo”.

-”Mi hijo también hace primero de bachillerato. El bachillerato tecnológico. De veintitrés que empezaron el curso ya solo quedan once. Mi niño ha jalado. Sólo salieron bien cinco compañeros. El mío jaló seis asignaturas. Fui a hablar con la tutora. Me dijo que en el instituto preparan para la Universidad. ¿Para la Universidad?, le pregunté. Eduquen para la vida, oiga. ¿Todos tenemos que ser científicos? ¡La Universidad! La semana pasada postulé yo para la Universidad. ¿Es eso tan importante?”

Ella piensa que X tal vez se presentó a una prueba de acceso a la Universidad para mayores, pero no quiere interrumpirlo.

-¿Y la disciplina? ¿No se dan cuenta que los tratan igual que hace veinte años? También hablé con la orientadora. ¿Qué expectativas tiene con el niño? Me preguntó. Yo, lo que quiero es que sea una buena persona, respondí, y que sea feliz. Pero no se preocupe, oiga, que de eso ya nos ocupamos en el hogar. Y la orientadora se puso a explicarnos los módulos que se impartían en el instituto. Eso no le gusta al niño, le dije, usted tendrá que tener en cuenta sus intereses para orientarlo”.

X se pone nervioso. Abre y cierra el móvil constantemente, mirando la pantalla, al mismo tiempo que observa a las pequeñas cabezas que dan brazadas.

-”Ahora dice que se quiere ir al ejército. Pero hijo, ¿recorriste quince mil kilómetros para entrar en el ejército? Tu madre y yo estamos aquí apoyándote... Lo han desmotivado y lo único que quiero es que no se amargue. ¿Evaluación del alumnado? ¿Y ustedes no se evalúan? Pregunté a la tutora ¿No se da cuenta el centro que está fallando, que los profesores están fallando? Me tuve que contener para no decirle que ella tampoco estaba cumpliendo con su trabajo. En suma, que repita, que el próximo curso se cambie a la rama de Sociales, ya intentaremos que no se venga abajo. A la niña, que está en cuarto, le ha ido bien, solo ha jalado inglés”

Ella, que es madre y docente, se despide de X, con la certeza de haber presenciado una lección de pedagogía, con la secreta intención de transcribir el discurso de este padre preocupado pero cargado de sentido común.

domingo, 3 de abril de 2011

La bolsa o la vida de Juana Castro



No me puedo resistir a la tentación de compartir este poema de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), que tan bien nos describe a las mujeres y la relación que entablamos con nuestros bolsos.


Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela -preciosa- que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.

Que va a dar al mar.