sábado, 2 de marzo de 2013

La vida en serio

Tienes 14 años y nunca has visto el mar. El autobús, que arrancó antes de que clareara el día, se acerca a la costa. Lo sabes porque el aire fresco que entra por las ventanillas llega cargado de sal. La noche anterior apenas conciliaste el sueño por los nervios del viaje. Nunca has viajado tan lejos. En la televisión en blanco y negro no se distingue el color del mar. Por más que hayas recorrido los océanos con Verne y Salgari, no podrías describir la sensación del agua salada rozando tu piel.
Los bocadillos, la tortilla de patatas y los refrescos aguardan en la nevera portátil pero a ti solo te interesa observar. En la bolsa guardas un libro de poesía. Quizás Machado, tal vez Neruda aunque lo más probable es que sea una antología de Miguel Hernández de la editorial Cátedra.
En el verano del 77 todo acaba de comenzar: las primeras elecciones, las colas frente a las urnas, el primer viaje fin de curso, libertad sin ira libertad,…
Tú no has visto el mar, tampoco sabes nadar. Alguien te prestó un bañador, prenda innecesaria en un pueblo de secano donde en verano apenas quedan charcos en los que remojarse y alguna que otra alberca particular suple a las piscinas.
En septiembre acudirás al instituto en otro pueblo cercano, ilusionada por aprender, conocer gente, amar, vivir, reír.
Pero ahora es verano. La asociación de vecinos ha organizado una excursión a Fuengirola y te has apuntado con tu padre y tu hermana. La carretera sinuosa te produce náuseas. Son muchas horas de viaje hasta la costa y a pesar de ello, tu rostro no se aparta del cristal intentando atrapar con tu retina la primera ola.


Por las mañanas no te detienes mucho tiempo ante el espejo. Tras la ducha, el cepillo de dientes, la crema hidratante, un peinado rápido y partir  escaleras abajo. Ni la báscula ni el espejo te devuelven el reflejo de una mujer que va a cumplir medio siglo.
No estableciste un plan claro de tu vida, no planificaste objetivos y finalidades. Has pasado el tiempo improvisando sin pensar que la vida iba en serio (Gil de Biedma dixit). Tal vez hayas dilapidado oportunidades, ante la urgencia del Carpe diem.
A veces incluso olvidas tu edad real porque atrapada en un cuerpo adulto resiste una muchacha de catorce años. Calculas lo que te queda por vivir y esperas que aparezca el mar en la próxima curva.

3 comentarios:

Carmela Moreno Liso dijo...

Eh, que aún queda una semana. El finde antes del 10 te vas a la playa a darte un garbeo, para que veas lo cerquita que tienes el mar. Y para que te des cuenta de que ahora tienes la libertad de ir cuando te salga del mismísimo. Las ventajas de no tener 14 años.
Feliz pre-cumpleaños.

pepabb dijo...

Ahora tampoco tengo demasiada libertad, no creas, que el finde antes del 10 es éste y con la que está cayendo... De todas formas, lo del mar era una metáfora, darling.

Anónimo dijo...

Arena, mar y cielo...y la niña de 14 años que sigue alimentando de sueños e ilusiones a la mujer adulta que emprende, día a día,la tarea de vivir a bocanadas.
Como no me gusta felicitar por adelantado,... seguiremos hablando.Lina