domingo, 8 de julio de 2012

La revancha (Historias de escuela)

Su mejor amiga tenía una letra pequeña y redonda, con la que escribía textos llenos de sensatez.
En el año 1978, en aquel pueblo de la campiña sevillana había muy pocos estudiantes. Pero su amiga obtuvo tan buenas notas al acabar la EGB que la maestra se empeñó en que cursara el BUP. Sus padres, jornaleros, jamás habían albergado tal idea, por lo cual, tuvo que dedicar varias tardes a hablar con ellos hasta que quedaron convencidos.
La maestra se fue de vacaciones después de que sus alumnas hicieran la preinscripción y cumplimentaran la beca. Solo faltaba la matrícula en el mes de julio.
Aún recuerda aquella tarde con tristeza, aunque sin la rabia y la impotencia que la acompañó durante años.
Visitó a su amiga para acordar la hora de tomar el autobús para el instituto, que distaba quince kilómetros de su pueblo. La muchacha sostenía en brazos a su hermana pequeña, un bebé de pocos meses. Le contó que no la acompañaría y cuando ella, sorprendida, demandó una explicación solo obtuvo la respuesta furiosa y egoísta de la madre:
-Que si le daba el dinero para la matrícula no tendría con qué comprarse un vestido para la feria, que tendría que trabajar desculando remolacha, que si se iba a estudiar quién la iba a ayudar en la casa y con la niña pequeña...
Aquellas voces perduran en sus oídos y también el semblante triste de la amiga que no osó rebelarse en ningún momento.
Y se quedó allí, con su hermanas pequeñas, con su madre, silenciosa y obediente, con su letra redonda y pequeña.
Su amiga se casó joven, muy joven, y tuvo dos hijas muy pronto.
Hace un par de años la volvió a ver. Ya no sentía rabia al pensar en la madre, al recordar su sumisión.
Sus hijas estudiaban en la Universidad, ambas con becas, pero ella se esforzaba en ayudarlas limpiando por horas durante la semana y cocinando en un restaurante los fines de semana. Su espalda estaba torcida y aparentaba más años de los que realmente tenía.
Aunque se la veía orgullosa y feliz, ella se la imaginó volcada en los deberes de las niñas, leyendo con ellas, repasando las tablas de multiplicar, contando cuentos.
Pensó que era una especie de revancha que la vida había otorgado a su amiga.
Ojalá puedan disfrutar de esa misma oportunidad sus nietas.

2 comentarios:

María José dijo...

Pepa:
Afortunadamente, la ensañanda pública y gratuíta no exige el pago de dinero alguno para la matrícula.

Un saludo.

pepabb dijo...

Por ahora no se exige pago de matrícula. Hablo de un instituto público en 1978, no sabemos si regresaremos a esa situación.