jueves, 7 de junio de 2012

Soy de la Pública


Hace unos días, tras leer el artículo de Santos Guerra titulado La historia del colibrí, descubrí que me sentía como el colibrí de la narración, empeñada en apagar el incendio del bosque con las gotas de agua que puede transportar en su piquito.
Deseo escribir un post para defender la Escuela Pública y mi cabeza se llena de imágenes tan personales y emotivas que me impiden ser objetiva.
Aún no he cumplido cinco años y lloro todos los días por ir al colegio. En el pueblo solo hay una escuela unitaria, la Escuela Parroquial, con aulas segregadas para niños y niñas. Son los años sesenta, el país vive en una dictadura y la educación no es ni obligatoria ni gratuita. Como aún soy pequeña no hay pupitre para mí y mi madre me compra una sillita de anea para sentarme en clase.
Estudio 2º de Primaria en la Escuela del Cuartel, unas habitaciones habilitadas como aulas encima del cuartel de la Guardia Civil. Hacemos el recreo en un pequeño patio empedrado en el que reina un árbol de hojas anchas, que con la distancia temporal se me antoja un inmenso magnolio.
Son los primeros años setenta y al final de mi calle han construido un grupo escolar con clases y servicios separados para niños y niñas. Estoy en sexto de EGB. Mi colegio se llama Antonio Machado. Aún no ha muerto el dictador pero construimos parterres, sembramos rosales alrededor de la valla, plantamos árboles en el patio del colegio. Son los tiempos de Freinet y Paulo Freire, del texto libre y la pedagogía del oprimido.
Tengo 15 años y curso 2º de BUP en un instituto a 15 kilómetros de mi casa. Llego tarde a clase cada mañana porque los de mi pueblo venimos en un autobús de línea. Salgo de casa antes de amanecer y regreso de noche. Estudio con una beca, aunque no cubre todos mis gastos. He de almorzar fuera de casa cada día, comprar libros y material, pagar el autobús y vestirme como cualquier muchacha de mi edad.
Hacemos huelga para protestar... ¿Por la LAU? Nos manifestamos en el patio del instituto. El director quiere dialogar y nuestros valientes líderes estudiantiles piden voluntarios. Como soy inocente y kamikaze levanto la mano. Y me veo delante de aquel catedrático de derechas, grande y gordo al que llamamos el Chimenea porque siempre fuma un enorme puro, defendiendo la Universidad Popular.
-¿Como en China? Me pregunta el Chimenea.
-¡Como en China!, respondo en una alarde de intrepidez.
El piso de estudiantes que comparto en un barrio de Sevilla es pequeño e incómodo pero está cerca de la Escuela de Magisterio. Huele a colillas y sudor, a patatas fritas y macarrones con tomate frito. Gracias a mi beca no pago matrícula y puedo hacer frente el alquiler. La Universidad sabe a césped recién cortado, avellanas en La Moneda, besos, tinta de boli bic, fotocopias calentitas, manifestaciones, amistad y sueños cumplidos.
Las imágenes que se acumulan en mi mente me impiden actuar con objetividad. Tal vez estoy incapacitada para defender la Escuela Pública porque soy un producto de ella.
El sistema educativo que tenemos dista mucho de ser perfecto. Lo más grave es que no garantiza en absoluto la equidad.
Nuestros brillantes gobernantes (que no estudiaron en la Escuela Pública) pretenden calmar la voracidad insaciable de los mercados y los especuladores arrojando Educación y Sanidad entre sus fauces.
El decreto 14/2012 supone un grave ataque a la calidad de la Educación, ahondando aún más en las desigualdades y constituye un menosprecio indudable a la labor del profesorado que ha sumido a este colectivo en una fuerte desmotivación.
Sin embargo, otro peligro que cerca a la Escuela Pública parte de su interior y se puede extender como un cáncer.
Hace semanas que circulan por Internet propuestas que animan al profesorado a no formarse, no realizar excursiones o actividades complementarias, calificar con sobresaliente a todo el alumnado, etc. Este tipo de actuaciones nos llevan a un pasotismo educativo que puede acabar con el poco prestigio que nos queda.
Soy de la Pública y la defenderé con todas mis fuerzas.
Soy un colibrí y este post es el agua que puede cargar mi piquito. ¿Eres tú un jaguar que huye del incendio?

PS: La foto es de una antigua escuela de mi pueblo




3 comentarios:

María José dijo...

Hermoso retrato de tu presencia en la Enseñanza Pública.
Pretendo ser un colibrí y volar a tu lado y, al lado de todos los que se atrevan a intentar sofocar este gran incendio, a pesar de nuestro tamaño.
Un abrazo.

CARMENCA dijo...

Querida amiga, a veces los pirómanos se meten a bomberos, lo que no impide que sea un cuerpo magnifico para luchar contra los incendios.
Yo siempre digo que en la posguerra, en momentos mucho mas difíciles hubo docentes que lucharon por mejorar la escuela pública y consiguieron cosas importantes, así que ¡¡¡a las barricadas!!!!

pepabb dijo...

Ojalá tengamos las fuerzas necesarias para afrontar esta lucha.
Gracias por vuestros comentarios.