jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA MAESTRA

Hace más de veinte años que soy maestra. Pero antes había sido alumna de Universidad, de instituto, de escuela primera. Incluso fui alumna de escuela unitaria sentada en una sillita de anea. Yo lloraba por ir a la escuela y como no había pupitre mi madre me compró una sillita. Con la cartera encima de mis rodillas aprendí a leer y escribir.
Con esto quiero decir que llevo desde los cinco años metida en un centro educativo, siempre público, por cierto. A lo largo de todos estos cursos he conocido una gran variedad de maestras: serias, tristes, estrictas, secas, indulgentes, alegres, tolerantes, cantarinas, apasionadas, afectuosas,... Te puedes encontrar con maestras de libro de texto, maestras tic, maestras de fichas, maestras de texto libre, maestras bloggeras, de juego cooperativo, de asambleas, maestras cuenta cuentos, muralistas, poetas, pintoras, pianistas, maestras bailaoras, cantantes,...
Hoy he despedido a una gran maestra. Se jubila a los sesenta años (dichosa ella) no porque esté cansada de la escuela sino porque la perspectiva de retirarse a los sesenta y siete no es muy halagüeña.
Una mujer que cada día llega a la escuela con una sonrisa, pletórica de energía, afectuosa y cálida con los niños y las niñas, cariñosa con las compañeras, siempre dispuesta a la risa y la celebración.
Empezó a ejercer como maestra en 1975, treinta y seis años luchando por la educación, recorriendo escuelas pobres de pueblos míseros. En las fotos se la ve con cara de niña, disfrazada de carnaval y de excursión en el Parque de María Luisa.
Participó en las huelgas de los años 80. Sobrevivió a ministros, ministras, consejeros y consejeras. De la LGE a la LODE, y de ahí a la LOGSE y la LOE (¿Se me olvida alguna?).
Pero ella siempre supo lo que su alumnado tenía que aprender y se le quedó impregnada esa idea de la democracia en la escuela, de los claustros que conocen, debaten y deciden. Nunca se habituó al papel de convidados de piedra al que nos relegaron a los docentes.
Hay maestras que no se cuestionan cada momento: ¿libro de texto, proyectos, tareas integradas? Son maestras que han hecho todo eso y más, y te recuerdan que los proyectos no son nada nuevo. Son maestras que basan su práctica pedagógica en el amor, la pasión por su trabajo y la alegría, ese ser escurridizo que no debería faltar en ninguna escuela.

2 comentarios:

María José dijo...

Preciosas palabras. Ojalá cuando me llegue el momento haya conseguido despertar esos sentimientos en alguna compañera que quiera regalarme con la magia de las palabras una despedida semejante. Mostrándome como estuve en mi sitio, el que escogí y sentí como mío desde mi niñez.

carmela dijo...

Seguro que ha sido una despedida muy emotiva y seguro que también os habéis reído un montón.

Un besazo de mi parte para la que fue tutora de mi hija. Una persona encantadora.