lunes, 1 de agosto de 2011

Elogio de la lavadora

Durante la última semana se sienta frente a ella cada mañana para vigilarla. Últimamente no marcha bien y sabe que esta vez no es un achaque de la edad. Ha alcanzado hace un mes la mayoría de edad, que en su caso se puede considerar un récord de longevidad. A veces se le sale el agua, otras veces no desagua o no coge el suavizante. Hay ocasiones en que tiene que iniciar el lavado hasta tres veces.
La habría cambiado por una nueva si los técnicos que la habían reparado no se lo hubieran desaconsejado.
-Aguante con esta lavadora, señora, que ya no las hacen así, que las máquinas de hoy en día se estropean enseguida.
Pero ahora ya no hay más alternativa que comprar una nueva.
Mientras la contempla acude a ella una antigua imagen. En los años setenta llegaron a su pueblo las primeras lavadoras automáticas. La madre de su amiga se colocaba junto a la máquina recién comprada, expulsaba a la familia de la cocina y se sentaba a observar, presa de emoción, cómo giraba la ropa dentro de la ventanilla circular.
- ¡Ésta sí que me quiere, no vosotros! Gritaba a quien osaba asomar la cabeza.
Antes de la automática, su madre tuvo otra lavadora manual, a la que había que llenar con un cubo. Pero antes de las lavadoras había que ir al lavadero del pueblo, cargar con la ropa sucia en un barreño y volver horas después acarreando la ropa mojada. Entre los aprendizajes imprescindibles para la vida se encontraba lavar a mano. Parece muy lejano el tiempo en el que a nadie se le ocurría que necesitaras aprender idiomas o adquirir competencia digital. Lo realmente importante era lavar a mano, apresar la cantidad de tela justa, restregar por la lavadera con el ritmo adecuada y sumergirla en el agua de la pila de forma periódica. Enjuagar y escurrir también formaban parte del proceso. Era una de las tareas más complicadas en la formación de las mujeres y las madres se esforzaban en transmitir sus conocimientos.
La vieja lavadora de la que ahora se va a deshacer llegó con la casa nueva, cuando no tenían descendencia. Al poco tiempo empezó a lavar peleles, baberos, pijamitas, camisitas de algodón, con un jabón especial para bebés. Después llegaron los vaqueros, los vestidos, los chándals, las camisetas de deporte, los bañadores, las mallas de gimnasia. Ha lavado cortinas, colchas, mantas, edredones, sacos de dormir, mochilas, botas de deporte. Ha trabajado incansable cada día de los últimos dieciocho años.
Mientras la acompaña en su último lavado reflexiona sobre el papel de los electrodomésticos en la libertad de las mujeres y piensa en lo distinta que hubiera sido su vida sin esa vieja lavadora.

7 comentarios:

Lidia Prieto dijo...

He disfrutado con "elogio a la lavadora", dicen que el electrodoméstico que más tiempo ha conseguido ahorrar a las mujeres.
El relato que haces de la faena de ir a los lavaderos públicos es entrañable, aquellos lugares que cada una exponía a las demás sus problemas, anhelos y deseos... cuando ir a un terapeuta era ciencia ficción. Espero el siguiente. Un beso.

pepabb dijo...

Lavar en el lavadero público era una fiesta para niños y niñas, también una especie de terapia para las mujeres, pero el trabajo de lavar a mano era especialmente duro. Gracias por tu comentario, Lidia. Un beso.

Carmela dijo...

Pepiña, tu comentario me ha llevado a googlear "quién inventó la lavadora". Fue un ingeniero norteamericano, Alva John Fisher. En las biografías que he visto por encima no he encontrado nada sobre su estado civil, sin embargo me hace ilusión pensar que fue un hombre muy listo, que amaba mucho a su mujer o a su madre, y que ideó este invento para poder pasar mucho más tiempo en compañía de la dama, y quitarle cargas. Qué bonito es soñar de vez en cuando. ;)
Besos!

pepabb dijo...

Gracias, Carmiña, por tu investigación. Desde luego se merece un reconocimiento por parte de las mujeres. Realmente nos permitió tener tiempo para las personas que amamos y hacer lo que nos gusta.
Un abrazo

Carmiña dijo...

De nadiña, un besiño, niña.

:D

TriniReina dijo...

Mi hermana pequeña nació cuando yo tenía 11 años y recuerdo que los lunes no podía ir al colegio pues tenía que ayudar a mi madre con la colada. La lavadora era una "Bru" y había que echarle el agua con un cubo para que lavara y luego sacar la ropa y enjuagarla varias veces y tenderla...

Me ha encantado este relato Pepa. Y me has levantado muchos recuerdos.

Besos

pepabb dijo...

Trini, mi madre tenía una lavadora como la tuya, somos de la misma quinta. Jajaja.