viernes, 5 de septiembre de 2008

Flash back

Las rendijas de la vieja puerta rasgan la penumbra que, tras las cortinas, se adueña del pasillo durante la siesta. Pasos apresurados se adivinan en la acera, amortiguados por el rebate.

El suelo de terrazo, duro y frío, hiela nuestros vientres, nuestras piernas y nalgas, evocando los helados que no saboreamos, los refrescos que no refrescan nuestras gargantas, la brisa del mar que no acaricia nuestra piel.

Fuera, en el patio prohibido, el jazmín se asombra de las avispas que zumban en torno a las uvas maduras y se arremolinan en el lebrillo de agua tibia.

Más tarde, cuando refresque, rescataré a las más rebeldes, aquellas que se atrevieron a rozar el agua, y las posaré en el borde del lebrillo al sol, hasta que se sequen sus alas transparentes.

Este gesto me hará inmune a sus aguijones y me protegerá de picaduras para siempre.

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