domingo, 15 de noviembre de 2015

Recuerdo de J

A mi akelarre ( ellas saben  la razón)

En un sábado de otoño soleado, que se diría primaveral, me entero de la muerte de J. La noche anterior, París  había tornado la fiesta en una danza macabra de terror. 

Por la mañana, me fulmina la noticia de ese rayo que se ha llevado la vida de J, tan joven, cuando aún no había ejercido su derecho al voto.

Pero me paro a pensar y no sabría decir si ella podría votar. Desconozco su situación legal, si tiene la nacionalidad o tan siquiera la residencia.

J era una de esas niñas que buscan la invisibilidad en el aula. Silenciosa, dulce, tímida, todo lo expresaban sus enormes ojos tristes, tristísimos.

Tenía muchas dificultades para el inglés, también para el español, pero nunca cejaba en su empeño. Y requería tu ayuda sin palabras, con el único recurso de su profunda mirada.

Recuerdo a los padres de J, tan mayores, como si fueran sus abuelos, con la misma mirada siempre  afligida que su hija.

Cuando hicimos el viaje de 6º, grabamos algunas escenas. En ellas se ve a J reír y jugar con el resto de los niños y las niñas.

En la algarabía del regreso, mientras las familias recogían las maletas y abrazaban a sus vástagos, los padres de J aguardaban en silencio. Cuando me quedé sola junto al autobús, se acercaron a mí, humildes y educados, para mostrarme un agradecimiento que me pareció muy sincero, aunque inmerecido.

Este sábado de noviembre soleado, entre otros horrores, también J merece un recuerdo.

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