domingo, 9 de septiembre de 2012

Viento del este, viento del oeste

La vida es tan corta que apenas permite leer unos pocos libros, una mínima porción de las historias que pueblan el planeta. Tenemos tanta prisa por recorrer nuevos caminos que difícilmente hollaremos la tierra antes pisada.
De vez en cuando es preciso detener el paso, girar la cabeza hacia atrás y tomar aire profundamente.
Entonces aparece el momento adecuado para releer un libro que haya dejado cicatrices en tu piel y contrastar el recuerdo y presente de la prosa a la que te enfrentas por segunda vez.
A los trece o catorce me topé con Viento del Este, Viento del Oeste de Pearl S. Buck. Este encuentro casual me produjo tal conmoción que perduró a lo largo de varias décadas y muchas lecturas.
Dos imágenes se alojaron en mi mente: la venda que la protagonista se retira del pie prisionero y su mano torpe, incapaz de girar un picaporte.
El transcurrir del tiempo no restó interés al segundo encuentro.
En la primera de las historias que narra la protagonista, Kwie-lan (ante mis ojos de mujer adulta, no es más que una niña inocente) no se plantea en ningún momento que pueda haber otro mundo más allá de los muros de la tradición. Su educación ha sido estricta y exigente pues su matrimonio se concertó desde niña y pertenecerá a la familia de su marido una vez casada.


“Una mujer debe guardar ante los hombres un florido silencio, procurando retirarse tan pronto como sea posible hacerlo sin pasar por torpe”.

La existencia de Kwie-lan habría resultado previsible y anodina si su marido no hubiera estudiado en Occidente. Todos sus sacrificios resultaron en vano. No le agradaban sus afeites, sus ropajes y aborrecía de sus diminutos pies vendados.

“Empezaba a comprender que todo lo que me habían enseñado era falso”, sentencia la joven.

Pero el dolor más fuerte, el que sacude tu conciencia, no es la tortura padecida para obtener unos pies pequeños. Lo realmente duro ocurre cuando Kwie-lan accede a dejar sus pies libres, con el nuevo daño físico que le aflige, a abandonar cuanto le enseñaron, para contentar a su esposo “occidentalizado” y así, una vez más, cumplir con el papel de esposa y madre al que fue destinada.

“Los sacrificios hechos no habían servido para nada y ahora él me imponía otros”

La pequeña Kwie-lan, no es arrastrada por el viento del este y a continuación por el del oeste. Se siente atrapada entre los dos vientos, carece de voluntad y de libertad para elegir su propio camino.
Y todo ello, en nombre del amor.

"Siempre y en todo momento te he instruido en la necesidad de someterte como una flor se somete a la lluvia y al sol".

2 comentarios:

Nils Karlson dijo...

Buscando en la red la carátula de este libro, que fue una de mis primeras lecturas de adulta, he dado con tu entrada sobre él.
Comparto casi plenamente tus experiencias con "Viento del este, viento del Oeste", tanto en la edad de mi primer encuentro con él como las sensaciones que viví y la manera en que me marcaron como lectora.
Felicitaciones por el post y el blog en general

pepabb dijo...

Gracias y bienvenida a este blog. Este libro realmente marcó a varias generaciones de lectoras.