miércoles, 7 de diciembre de 2011

Micro-macro machismos cotidianos

Escena 1
A una venta de pueblo con techo de cañizo imitando un chozo acuden familias y grupos de amistades para celebrar que aún disfrutamos de fines de semana: filetes empanados, berenjenas fritas, ensalada, patatas. Nada de delicatessen ni cocina de autor, un sitio asequible donde la chiquillería puede corretear en engulle la hamburguesa.
El joven camarero nos trae la carta:
-¿Quieren el menú para los niños?
-¿Para los niños? pregunta C. alzando la ceja con su mejor sonrisa irónica. ¡Pero si somos cuatro niñas...!
En la mesa de al lado, cuatro parejas jóvenes con niñas de tres o cuatro años y algunos bebés. Los varones se agrupan en una punta de la mesa, las mujeres al otro lado. En la esquina masculina, tres niñas con lazos de raso observan la pantalla de un ipad. La razón por la que están allí no es que sean cuidadas por los hombres de la familia, es que ellos son los dueños de la tecnología.
Una de las niñas comienza a llorar. Uno de los hombres grita:
-¡Elena, Elena!
En la otra esquina de la mesa se levanta una mujer, coge a la niña y se sienta con ella en brazos. La pequeña muestra los deditos enrojecidos. Se los ha pillado con la silla de plástico. Un cuarto de hora más tarde se levanta el padre de la criatura para interesarse por la salud de su hija.

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Escena 2
El lunes por la mañana se presentan las niñas de la clase con las uñas pintadas de purpurina.
-¿Por qué lleváis todas las uñas pintadas? La maestra se siente perpleja.
-Fuimos a un cumpleaños a Princesaland. Es un lugar donde celebran cumpleaños solo las niñas. Les pintan las uñas desde los cuatro años.
-¿Y los niños? ¿No pueden ellos ir al cumpleaños?
-No te preocupes, maestra, ellos también tienen otro sitio para celebrar los cumples.

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Cuando nos detenemos a observar la vida cotidiana, detectamos las situaciones de desigualdad, la reproducción de los estereotipos, los micro machismos habituales y cotidianos. Muy lejos nos hallamos de trasladar a la vida privada la igualdad a la que aspiramos en la esfera pública.
A esto hay que añadir que, en tiempo de crisis, se recorta en lo social y se pasan por alto las políticas que promueven la equidad.
El último Informe del CES (Consejo económico y social) advierte que los avances se han estancado en empleo y conciliación.
Un reciente estudio de la FMP revela que una gran mayoría de jóvenes reproduce los modelos tradicionales en las relaciones, basados en la supeditación al varón.
Esta legislatura las diputadas representarán solo un 36% de los escaños. A pesar de la ley de Igualdad, los hombres ocupan los puestos de salida y obtienen mayor representación y poder. El nuevo presidente del gobierno tiene en su equipo mujeres que "también llevan su casa".
Si en época de bonanza hemos avanzado tan poco, ¿qué ocurrirá cuando los vientos no soplen a favor?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pepa, que abundancia en este tipo de escenas. Lo peor es cuando la gente que está contigo en el día a día, se te queda mirando y te comenta "es que no se puede estar todo el día criticando " Vamos, como si tu fueras una friqui extraterrestre...Lina

pepabb dijo...

Pues le puedes contestar que no es criticar, sino analizar la realidad con perspectiva de género. Hay otras perspectivas: de clase, medioambiental,... El problema es cuando no afrontamos la realidad.
Besos

CARMENCA dijo...

Las gafas de la igualdad son duras porque precisamente llevarlas significa "no ver bien" y es cansino darse cuenta que esto no mejora como debiera.
Y solo hay que ver que esas "mujeres que también llevan su casa" solo han obtenido un 30% de representación en las carteras ministeriales. Una de dos, o la casa les ocupa demasiado tiempo para ser ministrables o admitimos que los hombres del PP son un 60% más válidos que las mujeres del PP.
En fin que no hay más ciego que quien no quiere ver.

pepabb dijo...

Pues aquí estaremos para recordárselo a quien no quiera verlo.