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La bicicleta verde

En el país donde a las mujeres se les prohibe conducir, Wadjda desea una bicicleta verde. Con la bicicleta sentirá el viento rozar el rostro y el cabello se escapará del abaya. Aupada a la bicicleta retará a su amigo a una carrera que la liberará. - Las bicicletas son peligrosas para las niñas. ¿Te crees que eres un niño? , le recrimina su madre. Los ojos de Wadjda nos alejan de cualquier atisbo de tristeza en un mundo de mujeres solas, invisibles, silenciosas, ocultas a la mirada de los hombres. - La voz de una mujer es su desnudez , reitera la directora del colegio. Las niñas, ataviadas con el abaya negro, no pueden escapar de la culpa y la vergüenza que las atrapa en un laberinto de religión y tabúes. - Si tenéis el periodo no podéis tocar el Corán , dice la maestra. Y las niñas no pueden contener la risa nerviosa. La rebeldía de Wadjda la salva del entorno asfixiante en que se viven su madre y ella, de la ausencia del padre, de ese árbol genealógico en el que solo ap...

Nos faltan

Los lunes por la mañana, el metro de Sevilla huele a puchero. También a albóndigas en salsa, lentejas con chorizo y croquetas caseras de pollo. Las maletas en el suelo de los vagones los delatan. Vienen cargadas de fiambreras que las madres fueron llenando durante el fin de semana. La muchacha de larga melena ondulada subía en la estación del Prado de San Sebastián. Parloteaba sin tregua con su compañera en su afán por hacerla partícipe de las novedades del fin de semana. Movía las manos para dar más énfasis a un discurso enhebrado con el ceceo propio de la Sierra Sur. Entre el gentío del vagón, yo me quedaba perpleja ante su oratoria y la imaginaba en un estrado defendiendo sus argumentos con valentía. Los muchachos que se sentaban juntos venían del mismo pueblo. Se apeaban siempre en San Bernardo. Tal vez estudiaban magisterio o psicología, quizás económicas o derecho. Sus apuntes estaban subrayados con rotuladores de colores vivos: amarillos, rosas, naranjas, azules,... Se p...

Imagen y señas

Aquella imagen me atrapó al instante. Mi asombro era tal que tardé un tiempo en reaccionar, como un boxeador noqueado. Durante los días que siguieron me mantuvo en vilo. Cuando pasaba cerca de la mesa del salón no podía evitar echar una ojeada al libro donde aparecía la foto. Los rostros de las dos mujeres me resultaban familiares. Aunque no lograba recordar sus nombres sabía con seguridad que las había conocido siendo adultas. En la imagen aparentaban unos veinte años y sonreían a la cámara a un lado de la foto. Iban ataviadas con sus mejores ropas: una falda de tubo, blusa blanca, vestido estampado,...Una de ellas, la más pequeña, incluso osaba llevar unas gafas de sol en la mano. Eran dos amigas que paseaban cogidas del brazo una tarde de domingo de finales de agosto o principios de septiembre. Se podía adivinar por las sombras, por el cielo cubierto de nubes y porque las mujeres se arreglaban solo en días muy señalados. Posaban como turistas, con sus labios pintados,... ...

El final del verano

Estos días en que el calor ha concedido una tregua, las mañanas de agosto olían como las de antaño. La brisa fresca alentaba al paseo temprano sin la ayuda del sombrero. Incluso era posible aventurarse a caminar por la acera soleada. Estas mañanas con aroma a higos y jazmín, traían cierto regusto a sal en el aire, tal vez la promesa de un mar desconocido e inalcanzable. Las mañanas en el pueblo pertenecen a las mujeres: desayunos en las terrazas de las cafeterías -lejanos los tiempos en que les era vedada la entrada-, bromas en la pescadería, confidencias en la frutería... La frutera se acoda en el mostrador mientras relata un viaje a Praga en invierno y describe el puente de Karlos cubierto de nieve. La clientela la escucha con atención, sin prisas, como si la conversación de la frutera fuera el acto más significativo de la jornada. Esta última semana de agosto, que sonreía como las de antaño y venía aliñada de tormentas vespertinas,  traía viejos rec...

Una semana en París

"Il y a longtemps que je t'aime, jamais je ne t'oublierai" (À la claire fontaine, chanson populaire française) Puede parecer una osadía escribir sobre París, la ciudad más cantada, filmada, pintada y descrita del mundo. Desde Dickens a Hemingway, se dedicaron a loar las maravillas de la capital de Francia. Y yo, al fin y al cabo, durante una semana solo he sido una más de los millones de turistas que fotografían la Torre Eiffel cada año. Nada más lejos de mi intención hablar sobre monumentos o rutas de viaje, tan solo pretendo plasmar algunas de mis impresiones como turista veraniega. El aprendizaje de los idiomas trae aparejado el conocimiento de la cultura. Desde que comencé a estudiar francés en la muy lejana EGB, los textos y los diálogos se desarrollaban en torno a los lugares más significativos de París: La Tour Eiffel, la Place Vendome, la de La Concorde, les bateaux mouche, Le Marché aux Puces,... Se convirtieron todos ellos en espacios familiares...

Lo que mueve el mundo

Apenas había leído un par de páginas de la novela de Kirmen Uribe cuando tuve que cerrar el libro. Mi cabeza se había poblado de exabruptos. A punto estuve de tuitear mis pensamientos. Por suerte me contuve. En cambio, imaginé que paseaba por Bilbao y me topaba con el escritor. Lo abrazaba, lo invitaba a una caña y exclamaba emocionada: -"Joder, Kirmen, qué bien escribes". Porque lo primero que te sorprende cuando comienzas la lectura de “Lo que mueve el mundo” es la sencillez, la claridad de la prosa del escritor vasco. Solo los muy grandes son capaces de transmitir emociones sin abusar de los recursos estilísticos y Uribe lo consigue con creces. A medida que avanzas tienes la sensación de tirar de un hilo que se inicia con el exilio de la pequeña Karmentxu desde Bilbao hasta Gante para huir de la guerra, nos lleva hasta el poeta Robert Mussche que la acogió, su hija Carmen, su amigo Herman, el amor y el compromiso. El hilo narrativo acaba donde empieza, en el mism...

LIBRO DE VERANO

Necesito un libro. Sería preferible una novela muy larga, larguísima, de no menos de ochocientas páginas. También aceptaría una saga con personajes que me acompañen durante meses. El verano es una estación ingrata si no tienes un buen libro a mano. Necesito un libro absorbente, que me obligue a permanecer agarrada a él, como si se tratara de la tabla de un náufrago. Los seres insomnes de siesta, de aires acondicionados y estómagos aturdidos solo precisamos de un buen argumento para sobrevivir. Necesito un libro para huir. Prometo no leer las portadas de los periódicos ni oír a comentaristas desgañitados. No quiero saber nada de ministros transmutados en orcos ni ministras apelando a la Virgen del Rocío. Por eso, no me sirve cualquier libro. Necesito un libro que sea una obra de arte, un cuadro de Velázquez, una catedral gótica, una pirámide o la muralla china. Una novela extensa e intensa, por donde deambulen personajes creíbles e increíbles, escenarios amables, tramas i...