jueves, 30 de diciembre de 2010

Nuestra alma inconquistable

El comienzo de un nuevo año suele ser un momento para la ilusión y la esperanza. Con cada uva formulamos un deseo y nos planteamos un buen propósito.
Esta vez es diferente. No recuerdo haber asistido a un fin de año tan gris y pesimista: la insostenible tasa de paro, la jubilación a los 67 años, los recortes salariales, la reducción de prestaciones sociales, la pérdida de derechos, la dictadura de los mercados, el aumento del número de mujeres asesinadas por violencia de género.
Más que desear un feliz año nuevo, tendríamos que encontrar la fortaleza para resistir, para no ser vencid@s.
William Ernest Henley escribió el poema Invictus que se popularizó gracias a la película sobre Mandela y parece que lo hizo pensando en situaciones como las que vivimos.
Mis hijas lo han grabado en tres idiomas. La grabación no es muy buena y hay que llegar al final para escucharla en español. Creo que merece la pena.
Con este poema, queremos desear que el próximo año no seamos vencid@s, que conservemos nuestra alma inconquistable y también, ¿por qué no?, la felicidad que nos merecemos.


viernes, 3 de diciembre de 2010

CUENTA CONMIGO

A Lina Gallardo

Desde hace unos meses me rondaba un estribillo por la cabeza:

“¿A donde se fueron los héroes de mi juventud?”

No hacía más que dar vueltas y no recordaba la letra, sólo el estribillo:

“¿A donde se fueron los héroes de mi juventud?
¿Dónde estarán?
Me he sentado a esperar en la puerta
Por verlos pasar y volverte a soñar”

Venía a mí la imagen de Rosa León y su voz inconfundible aunque no recordaba el título de la canción.
De un tiempo a esta parte no me gusta lo que veo, no me gusta lo que oigo y no me gustan muchas cosas que leo. Y mi mente, que a veces practica el libre albedrío, se puso a tararear el estribillo.
Ayer estuve de interventora en una mesa de las elecciones sindicales. No es que yo sea especialmente sindicalista, siempre ando muy liada con el trabajo y las niñas para bajar a Sevilla a las asambleas. Pero mi amiga Lina tiene la habilidad de enredarme: ir de bulto en las listas de las elecciones municipales, acompañarla de apoderada, recorrer las manifestaciones saludando a diestro y siniestro,... Además me lo pidió Miguel Albéndiz, delegado de CCOO, que siempre está dispuesto a acudir cuando se le llama y en más de una ocasión ha escuchado mis penas laborales.
Y esa canción, que no me daba tregua.

¿A donde se fueron los héroes de mi juventud?

Estoy de acuerdo en que los sindicatos mayoritarios han cometido errores, que deberían revisar muchas cosas, entre otras, no tener la mano tan rápida para firmar con la Administración determinados acuerdos.
Pero si escuchas a alguna gente da la impresión de que los sindicatos son los culpables de la crisis, los recortes, la reforma laboral, y de que los parados dejen de cobrar los 420 euros. Y el personal que me rodea se encoge de hombros y asume que es inútil hacer huelga o manifestarse, se cruza de brazos y espera a que pase el temporal.
Así que yo, acostumbrada a ir a contracorriente e intentando acallar esa voz que me seguía canturreando, me fui al CEIP Argantonio de Castilleja de Guzmán que dirige mi amiga Carmela, a ejercer como interventora de CCOO.
Cuando iba de camino recordé la ilusión que mi hermana y yo compartíamos cuando participábamos como interventoras o apoderadas en los diferentes comicios de la década de los ochenta. Lo vivíamos como un rito, como una fiesta, la fiesta de la democracia recién estrenada.

¿Dónde estarán?
Me he sentado a esperar en la puerta

Ayer, el ambiente era distinto. Siete maestras y un maestro jovencísimo formábamos la mesa. Todo parecía gélido y gris en la pequeña biblioteca, hasta que apareció un grupo de infantil que acompañaba a votar a su maestra. En ese momento, la presidenta de la mesa, haciendo gala de sus dotes pedagógicas, les fue mostrando la urna, las candidaturas, el carnet de identidad. El colegio había elegido el día dos para conmemorar la Constitución y la visita a la mesa de las elecciones sindicales era parte del programa. Entonces, por un momento, me pareció percibir la ilusión de la democracia en los ojos de los niños y las niñas que veían por primera vez cómo se introducía un sobre en una urna.

“¿A dónde se fueron los héroes de mi juventud?”

Se fueron sucediendo grupos del colegio, que se iban alternando con votantes. A la una, entró a saludarnos el alcalde del pueblo, que había sido invitado a intervenir en una actividad del centro que imitaba el formato del programa “Tengo una pregunta para usted”.
Mientras, entre voto y voto, entablé conversación con la compañera de UGT y terminamos hablando de escuela, de coeducación y de blogs, pues también era coeducadora y estaba haciendo un curso de blogs on line. Nos apropiamos del ordenador de la biblioteca y nos paseamos por la blogosfera coeducativa; bajamos fotos de Flicrk; colgamos vídeos en su recién estrenado blog; pusimos algunos gadgets.
A las siete empezó el recuento, sólo para reafirmar el ascenso imparable del CSIF y el descenso anunciado de los sindicatos de clase. En mi mesa, CCOO sólo había obtenido un voto, el mío. Aunque eso, a mí, habituada a perder siempre, no me entristece. Lo que realmente me preocupa es la desesperanza, la desilusión, la ausencia de rebeldía.
Esta tarde, tecleé en google el estribillo que me persigue de forma incansable y hallé, por fin, el título: “CUENTA CONMIGO”


Cuenta conmigo
(Chris de Burg / Letra en español: Victor Manuel)

La noche está en mi
Abajo la niña, durmiendo, parece feliz
Su espíritu es libre como alguna vez fuimos todos
¿Qué quedó en ti?
¿A dónde se fueron los héroes de mi juventud?
¿Dónde estarán?
Me he sentado a esperar en la puerta
Por verlos pasar y volverte a soñar
Sin echarme a llorar, sé bien
Que cuando amanezca estaré
Dispuesta a luchar
Fuimos dejando jirones de aquel corazón
Y cargamos detrás
Algunas ideas que ahora se pudren al sol
Hay tanto por hacer
Hay tanto que aprender
Hay tanto que cambiar
Cuenta conmigo
Puedes siempre contar
Sálvame con tu luz
Dame tus ojos que ven
Misterios el tiempo
Toda esa gente que vive mirando hacia atrás
¿No se cansarán?
No supimos hacer una historia con un buen final
¿Para qué?
De vosotros vendrá el futuro imposible de ayer.



viernes, 29 de octubre de 2010

MIGUEL HERNÁNDEZ Y MARIBEL


A Maribel

La maestra llegó a clase preocupada. Corría el año 1978 y ella impartía clases en una escuela pequeña de un pueblo jornalero de la campiña sevillana. Natural de Valencia (Ché la llamaban los íntimos), se enamoró de un cordobés y terminó viviendo en Sevilla. Después de acabar sus estudios de Asistenta Social decidió ser maestra porque era lo único que se podía estudiar en Córdoba.
Aquella mañana llegó la maestra un poco triste a la clase de octavo de EGB donde sólo había 17 niños y niñas. Había recibido una visita de inspección y la inspectora le había dicho muy seria:
-¡Mucho Miguel Hernández! ¡Mucho Miguel Hernández! Pero...¿Y Garcilaso?

Entonces se fue a la pizarra y escribió:

Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.

Me siento cada día más libre y más cautivo
en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
como un abismo trémulo, pero valiente en alas.
Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.

Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.

Cuando se cumplen 100 años del nacimiento del poeta alicantino que da nombre a la calle en que nací, no puedo dejar de recordar a la maestra que me enseñó a amar sus versos.

sábado, 16 de octubre de 2010

La maestra analógica y el alumnado digital

La tutora de este grupo de sexto es una maestra analógica que a punto estuvo de caer en el precipicio de la brecha digital de género. Tuvo la suerte de toparse como compañera a Lola y desde entonces está montada en este carro de las TIC, aunque a veces se asombra de su arrojo al emprender aventuras de las que no sabe si saldrá indemne.

Desde el curso pasado, la clase tiene un blog de aula pero como la temeridad de la maestra no conoce límites, este año también cuentan con un blog para inglés y francés. Por si fuera poco se han propuesto que cada niño y cada niña tenga su blog personal.

Todo habría ido sobre ruedas si los demonios de las TIC ( que haberlos haylos, como las meigas) no se hubieran aliado contra la maestra. Una mañana, se plantó ella tan ufana con su fantástica pizarra digital a explicar cómo se hacía un blog en blogger y he aquí que le piden verificar la identidad y un número de teléfono móvil.

-Ni pensarlo, dijo a su alumnado. No vayáis a dar ningún teléfono. Lo intentaremos en casa.

Así, cada cual a su manera, se hizo su blog, de forma que a mediados de octubre sólo 7 de las 26 criaturas aún no lo habían conseguido.

Hoy, que es el día que más tiempo seguido permanece en la tutoría, se ha propuesto dedicar varias sesiones a enmendar entuertos.

Cuando llegan del recreo, la maestra se arma de una tiza y en la pizarra de toda la vida, repasa las tareas pendientes y las futuras.

En primer lugar, como actividad de Ciudadanía, deberán leer la prensa digital y buscar por parejas la noticia del día. A los diez minutos, (se les da un tiempo porque si no no terminan nunca) cada pareja expone su propuesta y se vota la noticia más importante.

Para inglés tienen que hacer un VOKI que hable sobre rutinas diarias utilizando adverbios de frecuencia.

Todavía hay quien no ha entregado un esquema de los sustantivos realizado en CMAP.

Antes de dar el pistoletazo de salida se recuerdan las normas y se escriben en la pizarra, por si acaso.

Dos niños han olvidado el ordenador, por lo que hay que recolocarlos con compañeros. C. lo trae descargado.

-¿Puedo pedir un cargador?, pregunta.

-No, no puedes, te pones con tu compañera, le responde la maestra a la que le duele el alma de decir que hay que traer los ordenadores cargados.

La primera actividad se hace en un momento. Se debaten las noticias propuestas. F. explica el conflicto del Sáhara y qué es la OTAN. C. quiere saber cuántas pesetas son los cuatro millones que tiene que entregar Isabel Pantoja como fianza por el caso Malaya. Al final, ” El rescate de los mineros chilenos” es elegida la noticia del día. Las dos parejas que la propusieron se sientan juntas para redactarla y colgarla en el blog de aula.

El resto de la clase acomete el resto de tareas.

MA lleva días diciendo que no puede acceder a su correo electrónico. Se sienta al lado de la maestra con el portátil. Intentan averiguar dónde está el error, hasta que desisten y deciden que MA abra un nuevo correo.

-Ya te he mandado el CMAP, Pepa, dice A.

La maestra, mientras MA se crea una nueva cuenta de gmail, abre su propio correo.

-Tienes que exportarlo como imagen, A., le responde. Que te lo explique tu compañero.

MA ya ha abierto una nueva cuenta de correo.

-¡Vaya! No tengo ningún contacto, refunfuña.

L. se acerca con el portátil en la mano.

-¿Cómo le puedo quitar los cascos a mi VOKI?

-Ahora no sé, prueba a cambiarle el pelo.

MA , estrenando cuenta de gmail, se aventura con blogger, pero no es posible hacer el blog.

-Ya iba a ser demasiada suerte que me salieran dos cosas bien el mismo día, exclama resignado y se va a su mesa.

G. se levanta con su VOKI recién hecho.

-¿Cuál es el código que tengo que copiar?

La maestra está ya un poco mareada. Se levanta y pide silencio.

-Por favor, suplica, así no me puedo concentrar.

F. está hecho un brazo de mar. Disfrutando como un loco, atiende las dudas de cuatro compañeras que lo rodean.

Con la clase un poco más calmada, la maestra mira la pantalla de G.

-Tienes que publicarlo.

Lu grita entusiasmada desde su sitio:

-¡Ya te he enviado el código, Pepa!

Mientras abre el correo, y accede al blog, ve que V. se sitúa a su lado.

-Espera, V.

La maestra enciende la pizarra digital y aguarda a que la clase se calle. Entonces escuchan el VOKI de Lu hablando inglés con acento escocés. Lo repite dos veces. Lu está feliz.

-¿Lo cuelgo también en mi blog?, pregunta Lu.

-Por supuesto.

V sigue esperando. No sabe cómo enviar el esquema de los sustantivos. La maestra le ayuda por fin.

Son las dos. Suena la sirena pero nadie se ha dado cuenta. Apresuradamente empiezan a recoger. Entonces aparece An, con el VOKI a medio terminar y y el blog abierto. Los amigos se impacientan.

-Vas a perder el autobús.

-Fuerza la salida y acábalo en casa, le piden sus compañeros.

Cuando la clase se ha quedado vacía la maestra aún tiene que revisar la última entrada en el blog de aula, apagar la pizarra, el ordenador, guardar los libros, los cuadernos, cerrar el cajón. En el correo se acumulan quince VOKIS esperando a ser publicados. Está muy cansada y tiene la garganta irritada pero hoy es una maestra analógica muy feliz.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Inés y la alegría


Igual que preferimos recordar los buenos momentos y tendemos a olvidar los malos, tengo la costumbre de escribir sobre los libros que me gustan, nunca de los que debería haber quemado antes de perder el tiempo leyéndolos.
He disfrutado mucho con la novela de Almudena Grandes que Tusquets tuvo a bien publicar el pasado día tres de septiembre para hacerme más llevadero el regreso de las vacaciones.
Pero antes de recomendarla, quisiera realizar una serie de advertencias:
-No es una obra apta para quienes prefieran los relatos breves, las novelas cortas, la oración simple, la adjetivación austera.
-No gustará a quien huye de las novelas plagadas de sentimientos, pasiones y emociones.
-Absténgase, especialmente, quien piensa que la Guerra Civil es un tema trillado o sostiene que ambos bandos tuvieron la misma responsabilidad en el inicio de la contienda.
-Tampoco deben acercarse quienes tengan especial inquina contra su autora y la consideren una maniqueísta o una progre trasnochada.
Inés y la alegría es un novelón de 712 páginas en las que Almudena Grandes cuenta la desconocida historia de la invasión del Valle de Arán en octubre de 1944, por parte de guerrilleros españoles llegados de Francia.
La novela comienza, en realidad, con la guerra civil y finaliza el sábado santo rojo de 1977, cuando el gobierno de la UCD legaliza al PCE.
La autora pretende retratar la vida del exilio comunista en Francia, a través de Inés y Galán, que cuentan sus vivencias en primera persona y con una estructura circular, de forma que la novela termina convirtiéndose en un conjunto de círculos sucesivos.
Entre estos relatos en primera persona, aparecen cuatro capítulos narrados en tercera persona, donde Almudena Grandes, muestra el contexto histórico de la novela y opina sobre los hechos que relata, como autora omnisciente.
Las recetas que Inés prepara a guerrilleros y exiliados, se convierten en personajes principales y les proporcionan alegría y esperanza. El libro empieza con cinco kilos de rosquillas, termina con cinco kilos de rosquilas y en medio se intercalan sopas de ajo, lentejas con chorizo o albóndigas de rape.
La autora repite dos frases a lo largo de todo el libro:
-"No hay vida más mala que la clandestinidad, ni vida más mala": es posible que para los protagonistas masculinos (Galán, Comprendes), la clandestinidad tuviera esa doble vertiente. Para sus mujeres (Inés, Montse, Angelita) sólo existía la parte negativa. Se quedaban solas en Toulouse durante meses, trabajando, pariendo y criando mientras ellos se iban a hacer la revolución.
-"La Historia Inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales". Esta novela es, ante todo, una historia de amor con la guerra civil, el exilio y la militancia comunista de fondo. Almudena Grandes se propone demostrar que los amores no ficticios de Dolores Ibarruri y Carmen de Pedro fueron determinantes en los acontecimientos históricos que se relatan. Pero ésta es una cuestión que no termina de convencerme.
Lo que sí me parece loable es el papel del PCE durante la dictadura franquista y como aglutinador del exilio en Francia. Pero no se da una imagen sesgada, ya que aparecen en igual medida sus grandezas como sus miserias, correspondiendo las primeras a los hombres y mujeres que nutrían sus bases y las segundas a sus dirigentes.

domingo, 5 de septiembre de 2010

SOBRE BOSQUES Y ÁRBOLES


"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay." (José Saramago)


Llevo todo el verano con esta entrada en la cabeza. La pensaba mientras paseaba en la playa o tomando el sol en la piscina. Buscaba mis argumentaciones cuando caminaba de noche pero al llegar a casa me convencía a mí misma de que no debía escribirla, que tenía que desconectar y descansar. Y eso he hecho: me encuentro tan relajada que estoy dispuesta a continuar con la vida contemplativa. Desconectar es más difícil. Quien conozca a los docentes sabe que donde haya dos maestras, el tema de conversación va a ser monopolizado o terminarán en una esquina intercambiando experiencias.

Este verano ha sido especialmente complicado.

Antes de las vacaciones nos recortaron el sueldo. Por más que me guste mi trabajo no olvido que vengo al colegio porque me pagan un salario. No sólo me dolió al bolsillo sino que me pareció un ataque a la dignidad de los profesionales que se vieron afectados. No se puede reclamar la valoración del profesorado ni pretender que se le considere autoridad si al mismo tiempo se les reduce el sueldo.

Nada más comenzar las vacaciones se suprimieron y/o rebajaron la reducción lectiva de la coordinación TIC y bilingüe. Aunque no me afectara directamente leí todo cuanto apareció por la pantalla de mi ordenador. Comparto el enfado generalizado que se produjo y me alegro de la rectificación de la Consejería. Sin embargo quedé muy sorprendida por la desolación de quienes se sintieron "traicionados" por la Administración. No pude compartir tal desolación porque nunca me he sentido arropada por la Administración. Aunque estoy segura de que en la Torre hay personas valiosas, como leí en el blog Y con el mazo dando. Mi experiencia a pie de aula me ha demostrado que cualquier innovación, cualquier proyecto en el que me haya querido embarcar ha sido a costa de mi tiempo libre y sólo ha repercutido en mi propia formación y en mi alumnado. Por ejemplo, el Plan de Igualdad, que se lanzó a bombo y platillo, sólo ha tenido repercusión en los centros donde las coordinadoras de coeducación se han dejado la piel a cambio de no vigilar el recreo.

A continuación apareció el ROC que nos estábamos temiendo. Me enviaron el enlace a primeros de julio y he tenido el correo sin abrir, castigado, hasta el 31 de agosto. Esto sí que me produce tristeza. Se trata de un mazazo a la democracia en la escuela, a la participación. ¿Para qué queremos una educación para la ciudadanía si nos anulan como profesionales? ¿Cómo vamos a educar en valores si nuestros centros se rigen por una estructura jerarquizada carente de diálogo?

Estos temas se unían a algunas de las cuestiones que me preocupan desde hace más de veinte años:

-¿ Nunca vamos a disfrutar una escuela laica ?

-¿Vamos a financiar eternamente a la escuela concertada?

-La escuela pública no ayuda a compensar desigualdades. Aunque ésta es una cuestión que constatamos cada día en las aulas, la publicación en El País del reportaje titulado "El ascensor social: fuera de servicio" me hizo recordar el dibujo de Tonucci "La máquina de la escuela". ¿Nunca van a crecer brotes verdes en nuestros pupitres? Si yo fuera ministra de Educación no dormiría por las noches pensando en ese 30% que abandona sin acabar la secundaria.

-El calendario escolar es un desastre. Por más que disfrute de los dos meses de vacaciones no dejo de pensar que es una barbaridad, aunque en Andalucía sería imposible otro planteamiento mientras los centros no estén acondicionados. Además está sometido a las festividades religiosas cuando debería estarlo por razones pedagógicas. No se entiende que tengamos un puente en la Constitución y la Inmaculada dos semanas antes de la Navidad. Si la Semana Santa cae muy tarde, llegamos exhaustos a las vacaciones y el último trimestre se nos va en un suspiro.

-El horario en Primaria cada vez está más "secundarizado". Es imposible atender a la diversidad, a las emociones, con sesiones de 45 minutos.

Siempre he vivido el comienzo de curso con gran ilusión. Para mí el año empieza el uno de septiembre. Me ocurre desde que tenía cuatro años. Mi madre me tuvo que comprar una silla de anea para ir a la escuela unitaria del pueblo. Yo lloraba por ir pero no había sitio para mí.

Andurreando por la red he encontrado que no soy la única en sentir cierto hastío al comienzo de este curso. Me he sentido identificada con Carmen Cañabate .

Por ello he pensado en los rastros que me han dejado en el bosque a lo largo del verano. Al abrir el blog de aula he comprobado que L-1 había escrito otro comentario. Creo que este verano ha hecho más de diez.

I. me envió una invitación de Tuenti en el mes de julio. ¿Sabes que no tienes edad para el Tuenti? le pregunté a modo de respuesta.

H. me escribió a principios de agosto: ¿Qué es un pechá kuchá?

A finales de mes fue F. : Estoy aburrido. ¿Qué me aconsejas que haga?

Les había asegurado que no iba a abrir el correo durante las vacaciones pero al parecer nadie me creyó.

M estaba una noche en el cine de verano. Se acercó a saludarme con una sonrisa generosa.

Me encontré a L-2 en el parque la semana pasada. Corrió hacia mí y me dio dos besos. ¿Cuándo empezamos? me preguntó.

Estoy leyendo sobre Poesía en Primaria porque me gustaría darle forma al proyectito que vengo haciendo desde hace varios cursos. También seguiré buscando información sobre PLE e Inteligencias múltiples ya que tras leer el post de José Luis Castillo me contagié de su entusiasmo. Pensaba hacer un blog de inglés, pero como tal vez tenga que impartir también francés, igual hago un blog anglais-french. ¿Cómo lo llamaré?¿Croissantsetfishandchips?...

No me olvido que el bosque está fatal. Sin embargo, estoy deseando que llegue el día diez y poder rodearme de mis árboles. No pretendo ocultarme, sólo intento mejorar la parte que me corresponde del bosque.

lunes, 16 de agosto de 2010

LA PALABRA MÁS HERMOSA, de M. Mazzantini.

Una de las ventajas que tiene el verano es que puedes leer hasta la saciedad, sin horas, sin límites. Lees en el sofá bajo el aire acondicionado, en la cama por la noche, en la piscina, en la playa sentada en la hamaca, en un banco del parque. Si además te vas quince días a la playa y tu ocupación más trascendente es admirar la puesta de sol, te transformas en una devoradora de libros.
Cada verano, cuando preparo la maleta siempre me quedo corta de libros ( y larga de ropa) y tengo que acudir al mercadillo playero a completar mis lecturas. Ningún año escarmiento y esta vez ha tenido la culpa el libro La palabra más hermosa, cuya autora es la italiana Margaret Mazzantini.
Pensé que un libro de más de quinientas páginas ocuparía buena parte de mis vacaciones pero en cuatro días ya lo había acabado porque no podía parar de leer. Ya sé que no es muy apropiado llorar a moco tendido debajo de una sombrilla, con las gafas de la presbicia puestas y un libro muy grueso sobre las rodillas. Puede dar una imagen poco veraniega. Sin embargo, hay que agradecer encontrar sorpresas como esta novela.

El título en italiano es "Venuto al mondo" y realmente resulta más apropiado que el título en español pues te pasas la novela preguntándote cuál es la palabra más hermosa y al final no es muy relevante para la trama.
Gemma, una mujer italiana de clase media, que vive en Roma con su hijo adolescente y Giulano, su pareja, es el hilo conductor de esta historia.
Un viejo amigo la llama desde Sarajevo y la invita a visitar la ciudad con la excusa de una exposición fotográfica en la que se expondrá el trabajo de Diego, su anterior marido y padre de su hijo.
Gemma regresa con Pietro a la ciudad en que éste nació en 1.992, en pleno asedio a Sarajevo.
A través de su visión y de su relato, la acompañamos a ese viaje y recuperamos su pasado, desde su primera visita a Sarajevo siendo una estudiante, donde conoció y se enamoró de Diego, la pasión de la pareja y la obsesión de la protagonista por tener un hijo, que la conducirá a un periplo de tratamientos, clínicas y madres de alquiler.
También revivimos el inicio de la guerra de los Balcanes con el desconcierto de las personas anónimas que pueblan Sarajevo (Gojko el poeta, Mirna, Sebina), el miedo, la tragedia de la supervivencia cotidiana, la dignidad a pesar del horror, la crueldad de los francotiradores, las violaciones sistemáticas,...
Ésta es una historia sobre lo que significa ser madre, sobre el amor y la esperanza, capaces de imponerse y triunfar ante el horror de las guerras.

viernes, 30 de julio de 2010

MI PRIMER PREZI

Aprendiendo prezi con poemas.

jueves, 22 de julio de 2010

ANDANDO POR CENTROEUROPA

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”(Cervantes)
A las cuatro de la tarde los pasajeros dormitaban en el avión de Iberia. En Sevilla, como es habitual en esta época del año, nos esperaban más de 40ºC a la sombra. Yo había terminado de leer la segunda novela en edición de bolsillo que había comprado para el viaje y pensaba en la casa que me esperaba, en las maletas repletas de ropa sucia, en la limpieza general que no había hecho. Quedaba todo el verano por delante y me abrumaba pensar en la rutina estival.
Me detuve a meditar sobre las razones que me impulsan a pasarme la vida planeando viajes.
Viajar es cansado. Te levantas a horas intempestivas para coger aviones y el tiempo se detiene en los aeropuertos viendo a la gente arrastrar maletas. Haces colas frente a museos cuyos cuadros puedes ver por internet. Caminas hasta la extenuación expuesta a las inclemencias meteorológicas. Consumes productos típicos sin conocer sus ingredientes. No sabes nunca cómo será el hotel o apartamento que te acogerá después de un largo día de ruta turística.
Viajar es caro, especialmente si tu familia se compone de cinco personas que comen y beben como adultas y no le hacen asco a ninguna propuesta gastronómica.
Viajar es arriesgado, sobre todo si te vas a El Corte Inglés y contratas un circuito con Panavisión: Viena, Praga y Budapest (8 días, 7 noches): comienza la aventura. Esto último no lo pone el catálogo pero debería hacerlo, porque sería más verídico.
El día doce de julio nos levantamos a las cuatro de la madrugada para tomar un avión rumbo a Madrid que enlazaría con otro con destino a Praga. En Barajas se percibía la resaca de fútbol que vivía el país: la gente deambulaba por la T 4 ataviada con camisetas rojas, las televisiones repetían el gol de Iniesta…

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Doce horas más tarde, llegamos al aeropuerto de Praga. Nos reunieron y nos llevaron al hotel, eso hubiera sido lo lógico. Pues no, porque el sentido común no es tan habitual. Ni aquel señor era nuestro guía (la nuestra llegaría dos días después), ni formábamos un grupo, ni íbamos al mismo hotel. Ni siquiera teníamos el hotel que nos habían comunicado. Unos días después descubrimos que los catálogos cambiaban en cada autonomía. Por ejemplo, en Andalucía era temporada alta cuando en Valencia era temporada media; un mismo hotel tenía tres estrellas en Sevilla y cuatro en Madrid,…
Por tanto, había viajeros repartidos por cuatro hoteles diferentes y con programas distintos, lo cual nos obligaba a levantarnos temprano para ir recogiendo a todo el mundo. En esto consiste la aventura: ¿Cómo está tu hotel? ¿Tenéis aire acondicionado? ¿Y el buffet? ¿No hay cruasanes? Mañana os traemos cruasanes.

Se mete en un autobús a turistas de distinto pelaje (tres familias con hijos/as adolescentes, parejas maduritas de Valencia, dos amigas de Huesca, dos maestras extremeñas, una profesora de inglés jubilada, dos parejas de Málaga, otras dos de Asturias,…), se los pasea por el centro de las ciudades, se los lleva a comer sopa y carne de origen incierto (¿Era pollo? No, era vaca. Qué va, era cerdo) con una temperatura de 35º C, se los riega con abundante cerveza checa (la mejor del mundo, sin duda) y ya tienes la diversión asegurada.
Las guías locales se empeñaban en relatarnos la convulsa historia de estos países centroeuropeos: guerra de los treinta años, defenestraciones de católicos, decapitaciones de protestantes, la fecunda María Teresa de Ausburgo diseñando ciudades, la odiada Sissí paseando en calesa. Sin embargo, todas ellas pasaron de puntillas por el siglo XX.
Nadie mencionó que Austria y Hungría se adhirieron voluntariamente a la Alemania de Hitler, ni que Chequia votó libremente su primer gobierno comunista. La guía austriaca quizás olvidó que el campo de concentración de Mathausem se encuentra en Austria. La guía húngara no se percató de que en la Plaza de los héroes de Budapest no había ninguna estatua de mujer.
La gente dormía en el avión que me devolvía a Sevilla. Yo había acabado el libro y recordaba el puente de Karlos en Praga, con el espíritu de Kafka temblando junto a una tétrica estatua; los carteles en checo anunciando un concierto de Paco de Lucía, la cerveza en la plaza del Comercio, las farolas de gas de las calles estrechas. Pensé en los jardines del palacio Shobrunn de Viena, en la catedral de San Esteban, en las calles bulliciosas, en los muchachos disfrazados de personajes de ópera. Deseé regresar a Budapest para pasear junto al Danubio, admirar las vistas desde el castillo, sumergirme en las aguas termales del balneario Szèchenyi.

Viajar es caro, es cansado, es arriesgado. En este viaje he probado la cerveza checa, la tarta Sacher, el café vienés, el vino tokaji y el goulash húngaro. No todo lo que he probado me ha gustado. Pero he visto maletas de colores y formas diversas. He imaginado otras vidas en otros rostros. He reído. He escuchado. He cantado. He hablado. Y he aprendido tanto que ya estoy deseando hacer otro viaje.

viernes, 2 de julio de 2010

EL BLOG DEL VERANO

L. tiene 10 años, es pequeña y silenciosa y me mandó un correo electrónico hace unos días:

-“He escrito varios comentarios en el blog. No sé qué me pasa al principio de las vacaciones, no me acostumbro y echo de menos el colegio”.

-“A mí me pasa lo mismo”, le respondí.

Cuando comienzan las vacaciones, me pasa como a L. Experimento una especie de vértigo que me impulsa a llenar el día con infinidad de actividades, planificar el tiempo que se me antoja vacío.

Así me sentía hace dos años cuando escribí un texto titulado “Odio el verano” que envié a mis compañeros y compañeras del colegio.

Hubo quién me contestó, entre divertido y asombrado por mi espontáneo estallido literario.

Hasta entonces, yo sólo había escrito para mí misma, sin concederme la tentación de buscar lectores/as.

Hace dos años, en esa hiperactividad que me ataca la primera semana de julio, decidí poner en práctica mis recién adquiridos conocimientos tecnológicos y hacer ¡YO SOLA! un blog.

La tecnología y yo nunca nos habíamos llevado bien: los mandos a distancia son artilugios inescrutables; en la lavadora y el lavavajillas siempre pongo el mismo programa; nunca se me ha ocurrido leer el libro de instrucciones de ningún aparato…

El día que apareció el primer ordenador en mi casa monté una bronca porque pensaba que aquel era un dispendio inútil. Más tarde, me había iniciado en el procesador de textos, utilizaba el buscador, el correo electrónico,… Pero los ordenadores seguían sin emocionarme.

Por eso mi familia no daba crédito cuando dije que tenía un blog. Aquel blog, en principio, no era más que una prueba. Todo en él era casual: blog de verano en tomares porque era verano y yo estaba en Tomares; “Odio el verano” porque así se titulaba la primera entrada.

Pretendía que mis hijas escribieran en él y de esa forma practicaran la expresión escrita pero no se animaron. Así que yo seguí escribiendo.

Tener un blog “secreto” era un poco extraño. Aunque a mí también me daba mucho reparo que alguien pudiera leerme. Escribir, aunque sea ficción, es como desnudarse porque se muestran las interioridades.

En un alarde de atrevimiento empecé a enviar el enlace del blog a mis amistades. Leedme, por favor, les pedía cada vez que publicaba una entrada. Y escribidme un comentario que me hace ilusión.

Me sonrojo al pensar en lo pesada que soy y la generosidad que mostráis cada vez que entráis en mi blog.

Como nació por casualidad, no tiene un objetivo definido. Algunas veces escribe la maestra, otras la madre, la lectora, la mujer,…En algún momento he pensado que quizás debiera tener un blog sobre educación, sobre todo cuando la etiqueta “Escuela” aumenta vertiginosamente. Pero no puedo dividirme en departamentos estancos. Yo soy una maestra que es madre, mujer, amiga, amante de la literatura. Además, cuando escribo sobre educación no pretendo sentar cátedra, sólo expresar lo que me preocupa o emociona de mi trabajo.

El blog me ha permitido conocer otros blogs y leerlos con asiduidad. También me ha servido para perderle el miedo a estos cacharros y adentrarme, poco a poco, en el mundo de las TIC. No tengo un interés especial en aprender herramientas, sólo aquello que voy necesitando para mí o para mi alumnado. Lo que me apasiona de los blogs y las redes sociales es la posibilidad de comunicar, aprender, compartir,…

Mi blog va a cumplir dos años. Le he prometido un banner nuevo, un cambio de imagen, pero le he pedido que no me apremie, porque yo estoy de vacaciones. Es un blog pequeñito, con pocas visitas. No me preocupa que llegue a poca gente. Para mí, el que exista y que alguien lo lea ya es un regalo.

martes, 8 de junio de 2010

EL BASTÓN DE "UMÁ" CARMEN


La calle de mi infancia no tenía aceras. Tampoco estaba asfaltada. En invierno, los niños y las niñas, se bañaban desnudos en los charcos. Las casas habían sido chozos hasta el año 63 pero aquello ya se había acabado y todo el vecindario podía disfrutar de techos de uralita. No había cuartos de baño, sólo pozos ciegos en los corrales. Aunque había gente que no se adaptaba al retrete y prefería aliviarse detrás de las tapias del cementerio.
En verano se sacaban los colchones a la calle o a los patios y dormíamos custodiados por las estrellas.
En invierno las mujeres despiojaban a los niños al sol de la tarde.
Las mujeres de mi calle hacían corrillos en mitad de la mañana. Los niños y niñas nos metíamos entre sus faldas para oír el latido del barrio.
La mayoría de las veces se organizaban para sacar a otra mujer de un aprieto.
Fulana no tiene dinero para poner hoy la olla. Yo pongo los garbanzos. Y yo el tocino.
Mengana está en el hospital. Yo daré de comer a los niños.
A Zutana le pegó anoche el marido. No se puede mover de la cama. Calla, mujer, calla.
En mi calle estaba mal visto llamar a tu padre, papá y a tu madre, mamá. Desde siempre se les había llamado “umá” y “upá”. Papá y mamá eran palabras modernas, algo cursis, que veíamos en la única tele de la calle antes de que nos acostara la familia Telerín.
La familia de mi madre siempre había vivido en la misma calle de chozos construidos por sus propias manos. Trabajaban como jornaleros y sobre ellos extendía su protección “umá” Carmen, la abuela de mi madre. Nadie sabía explicar cuál fue su origen. Siendo una niña la encontraron vagando por el campo vestida con sacos y una familia compasiva la acogió en un cortijo.
De anciana conservaba un fuerte carácter. Padecía de dolores y se apoyaba en un bastón para andar. Pero eso no le impedía recorrer cada mañana los chozos de sus hijos e hijas. Comprobaba si tenían comida, si había picón para encender el brasero, si había alguien enfermo, si habían cobrado el jornal.
Cuenta mi madre que una mañana llegó a casa de su hijo mayor, mi abuelo Antonio, y mi abuela Rosario estaba llorando. “Umá” Carmen pensó que mi abuelo le había pegado a su mujer y sin atender a explicaciones la emprendió a bastonazos con su hijo. Toda la calle acudió a los gritos de “Umá” Carmen, que juraba y perjuraba que no iba a consentir que ningún hombre de su familia pegara a una mujer.
Dice mi madre que aquellos bastonazos tuvieron un fuerte efecto sobre todos los varones de la familia como si sobre sus cabezas se suspendiera siempre un baston.
Cada vez que una mujer es asesinada por su pareja me acuerdo de los corrillos de las vecinas silenciando y, a veces, justificando el maltrato (“porque ella le contestó”).
Me acuerdo de las riñas a escobazos y también me acuerdo de la solidaridad que existía entre ellas.
Pienso que ahora las casas tienen cuartos de baño, las aceras están asfaltadas, los suelos son de mármol.
También pienso en lo poco que hemos avanzado si todavía hay mujeres que sufren maltrato en silencio, mujeres que no denuncian, vecinas y amigas que callan.
La historia de “umá” Carmen ocurrió a principios del siglo pasado. Hoy nadie justificaría su arrebato de violencia. Sin embargo, algunas veces me gustaría tener un bastón, aunque fuera mágico, que acabara con este río de muertes que no cesa.

domingo, 16 de mayo de 2010

FRESAS, NARANJAS Y ROTLLETS EN GUADIX

Llegamos a Guadix sin parar a tomar ni un café enzarzados/as en las discusión que traíamos los ocupantes dcl coche de Lola: Antonio Ramón, Rafael y yo. Cuando bajamos del coche nos quedamos aterid@s de frío. Nadie podía imaginar que las temperaturas fueran tan bajas en el mes de mayo y tuvimos que colocarnos varias capas de ropa.

En el CEP de Guadix, a la cinco en punto (hora muy taurina), comenzamos con una desconferencia presentada por Gregorio Toribio, muy conocido maestro de Abrucena, que nos invita a potachovrizarnos con unas preciosas gafas adquiridas para este evento. Aquí empieza la ronda de fotos que nos acompañará durante todo el EABE y hará que algunas echemos de menos aquellas cámaras con carrete que nos sujetaban el dedito en el botoncito.

A continuación José Luis Castillo toma la palabra para instarnos a elegir entre ojo o culo. Ante el desconcierto generalizado aclara que la organización escolar nos resulta incómoda por lo que debemos apostar por la línea de la comunicación. Por ello, nos ponemos todos los participantes de pie y empezamos a debatir con el mayor número de personas posibles sobre aquello que pensamos que nos impide llegar a donde queremos en la escuela.

Mientras, en una pantalla se muestra a todos los que twittean en el EABE, Diego García transmite el acto en streaming y vamos escribiendo en un procesador de texto lo que se nos va ocurriendo. Lo del streaming y el twitter se repetirá durante todo el Encuentro.

De pronto aparecen unas bandejas de fresas de Huelva que nos vamos tomando en los corrillos de discusión.

A las siete y media, con las espaldas y los pies deshechos (algunos/as ya tenemos más edad de culo que de ojo) emprendemos una visita guiada por el casco histórico de Guadix. En cuanto finaliza la visita volvemos al hotel Bentofail (precioso, encantador, aunque con duras almohadas) y quedamos para cenar en plan boda en el hotel Comercial. En medio de la cena aparece Fernando García Páez del CEIP San Walabonso cargado con fresones de Huelva que tomamos como postre. La cena, acompañada por Lola, Rafa del Castillo, Félix, Antonio Ramón, Antonio González, Isabel, Guillermo fue tan enriquecedora a nivel pedagógico como a nivel nutritivo.

Cuando salimos, era tan tarde y hacía tanto frío, que Lola y yo nos escurrimos hasta nuestras respectivas habitaciones de hotel para probar nuestra enorme cama. Lástima que la almohada fuera tan dura, que no logré conciliar el sueño.

El sábado estábamos citados de nuevo en el CEP, pero en el desayuno ya surgió el debate pedagógico. Como yo había acabado el café me pedí otro para no perder detalle.

A las diez de la mañana comienzan los pecha cuchas. Se invita a votar para dar tres premios en distintas categorías. El premio será una caja de naranjas palmeñas traídas por Aníbal de la Torre.

Éste inaugura la sesión con la presentación “Escuela y punto. Cero”, con la que reflexiona sobre el hecho de que la escuela 2.0 no puede olvidar otras cuestiones como la afectividad y la colaboración.

Martín que imparte Filosofía en Primero de Bachillerato en Vera nos cuenta su experiencia que se recoge en Aula abierta.

María Tejeira (dinamizadora del centro Guadalinfo) de Abla y Asunción (maestra de infantil) nos relatan cómo trabajan acudiendo al centro Guadalinfo con niños y niñas de Infantil.

Paco Fernández, con su pecha idea, considera que la escuela no está sólo en el recinto escolar y nos anima a ejercer un liderazgo transformador.

Fernando García Gutiérrez presenta la candidatura de Marbella para el EABE 11 y recuerda la importancia de fomentar el funcionamiento democrático de los centros. Es preciso empujar por la escuela que queremos.

José Luis Castillo, en una nueva intervención, plantea que los blogs son sólo una herramienta, pues de lo que se trata es de la comunicación

Diego Ojeda nos presenta “Los mandamientos del gurú para aprender lengua” y nos deja un refrán: La lengua es un caudal sabiéndola menear.

Después del café nos dividimos en distintas mesas. Yo me incorporo a la mesa 2, dinamizada por Carmen Cañabate, con el lema: Las nuevas tecnologías al servicio de la palabra.

Muy interesante la aportación de Fernando García Páez que plantea poner la tecnología al servicio de los niños y las niñas.

Tras el almuerzo, Fernando nos impidió echar una merecida siesta porque su presentación incluía música de Rosendo.

A continuación, Manolo Rubia con su pechá cuchá acelerá se plantea porqué parece que no avanzamos y se pregunta si somos endogámicos.

Después contamos con la participación de Sebastián Torres.

Nos reparten unas fotos y al final tendremos que hablar sobre lo que nos sugiere.

Ana Sorolla y Jordi Adell nos ofrecen unos exquisitos rollets que degustamos mientras atendemos a los pecha cuchás.

Fernando Trujillo, Sandra Sáez y Aníbal de la Torre, de Educacontic, nos sorprenden con una performance, nos enredan y nos hacen bailar con la música de La Sirenita.

Después de este momento de jolgorio, Diego García nos plantea la unión entre escuela y sociedad. Según él, la sociedad 2.o necesita una Escuela 2.0, pero una Escuela 2.0 abierta y real para todos/as. El pechá cuchá de Diego ganó el premio en las tres categorías, por lo que se llevó las tres cajas de naranjas.

Paco Tejero, de Profeblog, reflexiona sobre la transparencia TIC. Se pregunta si con estos eventos damos imagen de frikis o animamos a la comunnidad educativa, si estamos produciendo transparencia u opacidad.

Gregorio Toribio nos cuenta su trabajo, especialmente el trabajo colaborativo que está realizando sobre Miguel Hernández y el proyecto Cuéntamelo 2.0.

Antonio González nos habló de su labor en el IADE a través de la plataforma moodle.

Los últimos pechás cuchás corrieron a cargo de Gorka, Eugenia (desde Chile), Alejandro Folch y David Álvarez.

Presentamos las frases con sus respectivas fotos. Me gustó especialmente la de Rafa del Castillo. En su foto aparecía un grupo de mujeres y él explicó que los hombres de aquella familia estaban en el EABE.

Seguro que se me han olvidado muchas personas y muchas ideas pero me quedo con dos cositas:

Muy pocas mujeres en este evento, muy pocas mujeres en las TICS. A la sociedad en general y a la escuela en particular nos queda mucho por trabajar para que la doble jornada no sea un lastre en el desarrollo de las personas.

Por último, me gustaría resaltar el ambiente tan afectuoso y tan distendido, dar las gracias por no pasar todo el tiempo hablando de herramientas y …


GRACIAS POR CREER EN LA MAGIA DE LA EDUCACIÓN*


*No sé quién lo dijo pero fue la mejor frase del EABE 10.



miércoles, 12 de mayo de 2010

UNA NIÑA

Durante las últimas semanas he seguido con asombro las noticias, reportajes, tertulias, artículos de opinión, entradas en blogs, comentarios en facebook y un largo etcétera, sobre la niña expulsada de un instituto madrileño por llevar velo.
Como no tenía una opinión formada al respecto, he escuchado cualquier debate medianamente serio y he leído todo lo que ha caído en mis manos o en la pantalla de mi ordenador.
Por supuesto, yo partía de mis ideas previas. Una de ellas es la repulsa hacia todo lo que implique que la mujer cubra su rostro. Desde muy joven he abominado de esa costumbre tan española por la cual la mujer se casa con la cara oculta por un velo de tul, del brazo de su padre que la entrega a su futuro esposo y amo.
Partiendo de estos principios y como ciudadana que aspira a una educación laica he atendido a los argumentos en este sentido, es decir, los que defendían que en una escuela laica no tiene cabida un velo, que es un símbolo religioso. He mirado por todas partes y no he encontrado la tal escuela laica. Si el gobierno está pagando las clases de religión católica, haciendo perder el tiempo a los niños y las niñas que no la imparten; si todavía hay aulas con crucifijos y maestras que rezan cada mañana; si las vacaciones se organizan en torno a celebraciones católicas como la navidad y la semana santa, ¿de qué escuela laica estamos hablando? ¿Les vamos a impedir llevar crucifijos o medallitas de la virgen del rocío?
También escuché los argumentos que planteaban la cuestión del género, es decir, que el velo es una imposición machista, cuestión con la que estoy de acuerdo. Comprendo y apoyo a las feministas musulmanas en su lucha por no tener que llevar dicha prenda. La familia de Najwa se defiende argumentando que no es una imposición. Con toda seguridad no lo es. Como tampoco obliga nadie a ninguna niña a llevar pendientes. Vaya, pero si son tan pequeñas que no les preguntan si quieren ser marcadas para el resto de sus vidas. Porque un velo se puede quitar pero un agujero en las orejas, no. Tampoco obliga nadie a las mujeres que usan tacones y terminan padeciendo juanetes; ni a las que se someten a cirugía estética; ni a las que pasan hambre constantemente por parecer delgadas; ni a las que se hacen la depilación eléctrica, ni la depilación con cera.
Cuando estaba aturdida por tanto barullo mediático me acordé de F. Ella fue mi alumna hace muchos años. Era simpática, habladora y risueña. Su familia era testigo de Jehová pero ella estaba completamente integrada en el aula. En octavo cambió su carácter. De pronto se mostró irritable, triste, lloraba a menudo. Cuando hablé con ella me confesó que su familia le pedía que tomara una decisión respecto a la religión. Debía elegir libremente si sería testigo de Jehová, como su familia, que, por supuesto, no la presionaba. Tras unos meses de incertidumbre F. eligió de la única manera que una niña de catorce años podía hacer, pero nadie le ahorró aquellos meses de sufrimiento.
En todo este circo que se ha montado en torno a un velo, nadie se ha acordado que debajo había una niña sufriendo.
Por suerte, al final se ha impuesto la lógica de que el derecho a la educación está por encima de velos y religiones. Lástima que nadie haya pensado en proteger a esta niña.

lunes, 3 de mayo de 2010

El tiempo de los maduros, de Mario Andrade

(Un regalo para mi hermano por su 50 cumpleaños)

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora.
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con avidez, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas.
Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan.
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás.

viernes, 23 de abril de 2010

Tres días en la Mancha


En Calzada de Calatrava, el pueblo de Almodóvar, un señor con acento ecuatoriano nos indicó el camino hasta el castillo de Salvatierra. Las niñas se pasaron el viaje entonando "Volver" como si se fueran a encontrar a Penélope Cruz por el camino. Las mujeres que se asoman a las puertas de los pueblos que cruzamos son más auténticas y entrañables, más parecidas a Chus Lampreave que a la bella diva de nuestro cine. Después de atravesar su pueblo camino de un gigantesco castillo de la orden de Calatrava, la genialidad del director de cine me pareció aún más meritoria. Hoy siento más respeto por Pedro.
Los castillos siempre gustan a las niñas. Despiertan su imaginación. Son una lección práctica de historia. Este castillo, el de Salvatierra, está tan alto, que no dejo de pensar en los penosos trabajos sufridos para construirlo. Desde arriba se divisa un extenso paisaje mientras yo veo al pobre campesino subir la montaña con el diezmo a cuestas.

Almagro es una ciudad cuidada, las calles empedradas, las casas con su arquitectura tradicional. La plaza mayor es apacible, con tiendecitas y bares bajo los soportales. Visitamos el corral de comedias y el museo del teatro. En las iglesias y los palacios, ni entramos.
Preferimos sentarnos en una terraza a tomar el aperitivo y contemplar el devenir de la gente: los grupos de escolares dirigidos por la maestra; los ancianos que toman el sol en un banco; un cartero con paso apresurado.
La calma y la sincera amabilidad de las personas nos dejaron buen sabor de boca, así como la tentación de volver durante el festival de teatro clásico.
Cuando recorremos cualquier pueblo, nuestra deformación profesional nos hace prestar atención a los servicios con que cuentan. Las escuelas o institutos, a bote pronto, necesitan ciertan reparaciones, al menos externas. Claro, que yo tendría los colegios como hoteles de cinco estrellas. Nos gustó la Biblioteca Pública de Daimiel, los teatros de Almagro, el teatro Ayala de Daimiel. En todas las localidades reparamos en los centros de servicios sociales, en los centros de día para mayores, en las guarderías, en la limpieza de las calles y en los contenedores.



Yo vine a la Mancha a ver las Tablas y descubrí que la meseta es verde en primavera. Siempre la había cruzado en verano, huyendo del calor y me sorprendió esta llanura infinita, como miles de campos de fútbol en los que se intercalan viñedos.
Hay quien viene a la Mancha con el Quijote en la mano para seguir la ruta del hidalgo manchego. Aunque sé que todo el mundo lleva un quijote dentro, siempre he sido fan de Sancho Panza.
Tres días es muy poco tiempo para comprender el alma de una tierra pero suficiente para entender que merece la pena detenerse.
Doy gracias a las lluvias del invierno que han hecho el milagro de inundar los humedales, remediar lo que los seres "inhumanos" habían destrozado y traerme a la Mancha en primavera.



domingo, 4 de abril de 2010

MONUMENTO AL MAESTRO-MAESTRAS DE MONUMENTO


En una plaza de Conil de la Frontera han erigido un monumento al maestro. Se trata de un grupo escultórico formado por dos estatuas oscuras y macizas, situadas en una plaza blanca de un pueblo del sur. La más grande representa a un hombre mayor sentado en una silla. Es casi un anciano y sostiene en sus manos un libro abierto. Sobrecogen las bolsas de sus ojos, la mirada triste, el gesto adusto, las manos huesudas,... Frente a él, lo suficientemente lejos como para transmitir la ausencia de cercanía, la carencia de afecto, un niño muy serio encorva la espalda en un gesto que desprende más temor que respeto.


Me duele este pobre maestro. Me duele este niño con miedo.


Son la imagen de una escuela de posguerra, de cuando la letra entraba con sangre y el castigo corporal se imponía como principio metodológico.


Nada tiene que ver con la educación que recibí, heredera de la Escuela Nueva de Freinet, impulsada por maestros y maestras que pensaban que el suyo no era un trabajo cualquiera. Tuve la suerte de educarme en una escuela rodeada de rosales, que sembré con mis propias manos, junto a mi maestra. En las aulas del colegio Antonio Machado de La Luisiana me enseñaron a hablar, pensar y expresar sentimientos.


En la puerta de esa escuela hay una plaza con el nombre de mi maestra, la plaza Maribel Hidalgo. Quizás sea necesario un monumento para que no olvidemos a las mujeres que, como ella, se preocupaban de que las niñas fueran a la escuela y al instituto, mujeres que fueron un modelo en los años 70, cuando no era posible hablar de feminismo o coeducación en los pueblos jornaleros de la campiña sevillana y que nos inculcaron el sueño de una escuela feliz y una sociedad más justa.

domingo, 28 de marzo de 2010

ENUMERACIÓN

En esta tarde soleada de marzo, con las facultades alteradas y el pulso desconsolado, me atrevo a declarar que me gustan las metáforas imposibles, los primos lejanos, las sirenas varadas, las enfermedades del alma, el pretérito imperfecto, el futuro inesperado, los versos ligeros, los paseos largos, los sauces llorones, las esquinas rotas, los cucuruchos de helado, las palabras claras, los harapos sucios, los jazmines cerrados, las pasiones volcánicas, los olivos plateados, las utopías por alcanzar, el mar en primavera, los sudokus en blanco, los errores propios, la rebeldía irremediable, las chanclas de goma, los ríos subterráneos, las manos de mis hijas y los ojos de Carlos.

Que no me gustan los tacones de aguja, las uñas esculpidas, el olor a tabaco, las miradas hipócritas, los falsos halagos, los defensores a ultranza, la playa en verano, la pertinaz coherencia, el pensamiento escaso, la verdad objetiva, la tradición milenaria, los jefes autoritarios, el olor a fritanga, los filetes de hígado, el contumaz patriarcado, los curas con sotana, las monjas con hábito, las venas hinchadas, los golpes de pecho, las operaciones de labio,...

P.D.: Ni las jefas autoritarias, ni los curas sin sotana, ni los sujetadores con aros.

lunes, 8 de marzo de 2010

DESVELADA (Primer premio del III Certamen de Creación literaria sobre mujeres de Tomares)

Cada noche me enfrento a la misma rutina. Intento dormir pero mi cuerpo no se adapta a la cama. El colchón es viejo e incómodo. Mi cabeza no encuentra la postura correcta. La almohada es estrecha y dura como una piedra.

A mi lado, Juan resopla entre sueños porque, según él, no ronca. Sólo respira muy hondo cuando está acatarrado. Sus no-ronquidos me ponen nerviosa. Penetran en mi cerebro y golpean mis sienes.

Procuro relajarme y eludir el rítmico sonido que comparte mi lecho.

Respiro lentamente, como me enseñaron en el curso de yoga. Tomo el aire por la nariz y lo expulso por la boca lentamente. Otra vez. Tomo aire y lo expulso lentamente.

Dejo la mente en blanco y espero que fluyan mis pensamientos, que traspasen mi cuerpo y no me hagan daño. Las imágenes se amontonan en mi frente, aunque intente apartarlas.

Oigo el tic tac del despertador. No quiero mirarlo. Tic. No quiero saber la hora. Tac. No quiero pensar en esta vigilia involuntaria. Tic-Tac.

Al fin, Juan se ha callado. Envidio su sueño tranquilo, esa habilidad para dormir profundamente en cuanto cae en la cama o tumbado en el sofá. Tengo celos de sus largas siestas. A él no lo desvelan los pensamientos ni lo altera el sonido del despertador.

Una ráfaga de luz se filtra por debajo de la puerta del dormitorio. No me despabila, porque ya lo estoy. Unas zapatillas se arrastran por el suelo y entran en el baño. Es mi hija. Sube la tapa del retrete y orina. No tira de la cisterna, no nos quiere despertar. Quizás esté enferma y no me quiere avisar. Tal vez esté preocupada y no puede conciliar el sueño. No alcanzo a imaginar qué puede alterar a una niña de 14 años. Me podría levantar y preguntarle pero se enfadaría. Me diría que soy una pesada y siempre la estoy agobiando.

Será mejor que me relaje e intente dormir. Cuando era pequeña contaba ovejas. Las veía en una pradera verde saltando una valla de madera igual que en los dibujos animados. Las iba contando en cada salto, hasta que perdía la cuenta y desaparecían una tras otra.

Desciendo unas empinadas escaleras. Los peldaños se suceden sin darme tiempo a pensar. El piso resbala. Las paredes de piedra rezuman humedad. Tengo prisa y no se ve el final. De pronto pierdo el equilibrio. No aparece el escalón bajo mis pies. Caigo al vacío. El miedo me encoge el estómago.

Despierto asustada. La casa sigue en silencio. Ahora no se oyen ronquidos. Ya no podré volver a dormir. Debería aprovechar el tiempo en que estoy desvelada: hacer la comida, recoger el lavavajillas, poner la lavadora. No haré ruido y adelantaré el trabajo.

Así no tendría que correr tanto por la mañana y me arreglaría tranquilamente. Máscara de pestañas, lápiz de labios y un poco de perfume. Ésa sería una buena forma de comenzar el día. Quizás así no me agobiaría acarrear el cansancio de una noche en vela. Pero no me apetece abandonar la cama. Es un refugio cálido, protector.

El niño gime entre sueños. Habrá perdido el chupete. El llanto es cada vez más intenso, pero Juan no se inmuta. Nada es capaz de alterar su descanso. Me levanto y por mis pies desnudos trepa el frío lacerante del suelo. Cuando entro en su dormitorio, mi niño abre los ojos en la noche y sonríe tras los barrotes de la cuna. Su mano suave y tierna atrapa uno de mis dedos. A ciegas, busco el chupete entre las sábanas y lo pongo entre sus labios ansiosos. Acaricio su pequeña nariz hasta que el sueño lo acoge de nuevo.

De puntillas, evitando el ruido y el suelo helado, regreso a mi cama, al calor del edredón de plumas.

Respiro hondo y mi cuerpo se relaja.

Mi madre me llama y yo no estoy. Recorre su voz toda la casa. Es una voz de mujer joven. Quiere que me despierte. Tengo que levantarme para ir al instituto pero yo me resisto. ¡Se está tan bien en la cama! Su voz se pierde en el silencio y los muros devuelven como un eco sus palabras cansadas. En un instante mi madre se ha convertido en una anciana. Está enferma y me llama. Me necesita y yo no estoy. Su voz enmudece y sólo veo su rostro dolorido sobre la almohada.

Un móvil. Suena un móvil en alguna parte. No sé dónde lo puse. Creía que lo había apagado. Intento seguir dormida pero el timbre insiste. Puede ser algo importante. Ha ocurrido algo inevitable y no tengo el móvil a mano. Todo el mundo me busca y yo no estoy.

Despierto angustiada. Tengo calor. Aparto el edredón. El sudor ha empapado el pijama.

Tic. El despertador me observa. Tac. La esfera de manecillas fosforescentes me reclama. Tic. Juan ronca. Tic- Tac.

Estrés. Eso me dijo el médico. O las hormonas. También pueden ser los trastornos hormonales. Claro, que aún eres joven, continuó. Apenas me miró por encima de las gafas mientras escribía en el ordenador. Después, con su letra ilegible, rellenó una receta. ¿Qué es?, me atreví a preguntar. Un ansiolítico. Es lo único que te puedo aconsejar para el insomnio.

Al salir de la consulta tiré la receta en la primera papelera que encontré. Ahora me arrepiento. Si las tuviera a mano me tomaría una pastilla.

Después fui a una herboristería. La dependienta, muy amable, me aconsejó sobre distintas variedades de plantas. Me habló de la melatonina, el último descubrimiento natural para regular el sueño. Me contó que ella también padece insomnio, que todo el problema está en nuestro cerebro. Salí de la tienda cargada de infusiones de hierbas y de píldoras vitamínicas. Cada noche me preparo una tisana mientras pienso en el dinero que he gastado inútilmente.

Me duele el cuello. Cambiaré de postura. Pero si me vuelvo hacia Juan oiré aún más fuerte sus ronquidos. Me giro hacia un lado. Después hacia el otro. Juan refunfuña porque deshago la cama. Por la mañana dirá que ha pasado frío por mi culpa, porque no paro de moverme.

Pronto amanecerá y yo apenas habré dormido. Ahora me entra frío. Me vuelvo a arropar y me invade una sensación de paz.

Voy por un largo corredor y limpio las baldosas una a una. El suelo brilla tanto que me reflejo en él como en un espejo. No veo el final pero no me preocupa. Me afano en mi tarea con tesón. Se cae el cubo y el agua inunda toda la estancia. Vuelvo a empezar. Oigo a mi madre decir que tengo suerte porque no tengo que fregar el suelo de rodillas.

Un estruendo me sobresalta. Es el camión de la basura, que emite un pitido cada vez que sube un contenedor y lo descarga. Recuerdo que cuando yo era una niña había un hombre que recogía los desperdicios con un carro tirado por una mula. Los días de lluvia cantaba y yo me preguntaba cómo podía cantar mientras se mojaba. Murió el viejo basurero. En los días de lluvia, ya nadie canta. Me rodeo con mis propios brazos y me balanceo en una mecedora imaginaria. Mi mente tararea aquella vieja canción de los días lluviosos y me va invadiendo un ligero sopor…

En ese momento, inevitablemente, suena el despertador. Juan se estira bajo el edredón.

Debo levantarme. Empieza la jornada.


NANAS DE LA CEBOLLA























domingo, 21 de febrero de 2010

"PRECIOUS" O EL VALOR DE LA EDUCACIÓN.

Yo no había ido al cine a ver esta película pero era la única opción si descartaba películas para adolescentes, infantiles o de terror. Me había armado de valor para ver Celda 211 pero no fue posible. Así que entré en la sala 9 del Metromar. Sólo había una pareja en aquella sala pequeña y me senté con mis palomitas y mi botellita de agua. Ante mí apareció una historia contada en tonos oscuros, los de la piel de la protagonista y la oscuridad de las paredes empapeladas de la casa que comparte con su madre. Aquella historia era tan real que se podía extraer de una noticia del periódico o tener nombre y rostro de niñas y muchachas conocidas. Da igual que se trate de Harlem o del Sur de España. El relato de los abusos a los que vive sometida es, por desgracia, un clásico universal. Ayer mismo traía el periódico la noticia de la detención en Sevilla de dos hombres acusados de intercambiarse a sus hijas menores para someterlas a abusos sexuales ante la pasividad de las madres de las niñas.
A pesar de todo el dolor, aparece la luz y los tonos claros cuando Precious va a la escuela y escucha desde la última fila, sin entender apenas, al profesor de matemáticas. La profesora Rain en su escuela alternativa hará el milagro de afianzar su autoestima y hacerle pensar que puede cambiar el rumbo de su vida.
-Escribe, le repite la profesora Rain. Porque sabe que escribir no es sólo poner una palabra detrás de otra. Porque sabe que escribir la ayudará afectivamente.
"Precious" también es una película de género, no sólo porque trate el problema de la violencia intrafamiliar y de género, sino porque la protagonista está rodeada de mujeres: su madre, verdugo y a la vez víctima; la profesora Rain, con sus propias heridas por su homosexualidad; la trabajadora social, superada por la crudeza de la vida de Precious... Incluso el enfermero que la atiende en el hospital hace un papel femenino de cuidador.
En suma, mientras que haya una sola "Precious" con ganas de aprender y una profesora Rain con ganas de enseñar, está justificado todo el presupuesto del Ministerio de Educación.

domingo, 17 de enero de 2010

DOLORES

La mujer que baja del autobús se llamaba Dolores. Le cuesta descender la escalerilla de altos peldaños porque las caderas anchas y las piernas gruesas entorpecen sus movimientos. La mujer antes llamada Dolores ya no es joven, ni siquiera es de mediana edad. Ronda los sesenta años y su pelo ya no es completamente negro, vetas blancas se distribuyen por su cabeza. Pero aún conserva la tez morena, los ojos vivaces y la sonrisa confiada. Cualquiera que la conociera antes de llamarse Dolores la identificaría fácilmente por estos rasgos.
Por eso, cuando baja del autobús, se va parando con gente que la reconoce y la saluda. Ella habla, besa, abraza, ríe. Sólo le falta bailar para ser totalmente feliz.
Es la primera vez que viaja sola pero no ha tenido miedo. Su hija menor le envió un horario de autobuses por correo electrónico que ella imprimió en el ordenador del centro cívico del barrio. Allí acude cada día desde que vive sola y está haciendo sus primeros pinitos en informática. Sus hijas, que viven tan lejos, la habían animado.
Tienes que salir, mamá. Vete a la calle, no te vistas de luto, reúnete con amigas, viaja.
En el horario de autobuses que le había enviado desde Inglaterra, su hija menor le había subrayado la ruta: Granada- Sevilla- Écija- Sevilla- Madrid- Granada. Éste era su recorrido, incluyendo una parada en este pueblo suyo donde la gente la recuerda por su verdadero nombre y por su apodo. Este pueblo al que apenas pudo ir durante más de cuarenta años de matrimonio. Este pueblo del que su marido también se sentía celoso y donde no podía hablar ni reír si él la acompañaba a algún entierro. Las bodas, los bautizos y las comuniones quedaban fuera de sus posibilidades porque a ella le daba por bailar y él se enfadaba.
La mujer que se llamaba Dolores se casó con un militar guapo, formal y educado, amigo de su hermano. No podía suponer que aquel hombre la alejaría de su familia, de sus amistades e intentaría amordazar su alegría. Nunca le puso una mano encima, pero la obligó a llevar una existencia triste, aislada, vacía, donde él controlaba cada paso que daba.
Sus hijas, casualmente, estudiaron idiomas y volaron lejos en cuanto pudieron.
Al morir su marido, no tuvo ningún problema por vivir sola. Apenas lloró su pérdida, no se vistió de negro. Pensó que con suerte aún le quedaban unos años de vida y se dispuso a disfrutarlos.
Cuando baja del autobús en el pueblo ya no se llama Dolores, sino Loli. Ahora es de nuevo la mujer alegre y afectuosa que ha tenido que reprimir muy a su pesar. Ella nunca supo que lo que padecía también se llama maltrato. Ahora que la muerte es su aliada y la vida le ha dado otra oportunidad, no piensa desaprovecharla.

miércoles, 6 de enero de 2010

POR AMOR AL ARTE


A estudia ESO y se ha pasado buena parte de sus vacaciones haciendo un trabajo de Ciencias Sociales. Tenía que escribir sobre el Barroco y analizar alrededor de veinte obras de arte pertenecientes a dicho estilo artístico. Cuando no encontraba respuesta en su libro de texto buscaba información en la Wikipedia o consultaba a su madre o su padre.
-Recuérdame que nunca estudie Historia del Arte, comentó a su madre. Esto es un auténtico rollo.
-¿Por qué?, preguntó su madre asombrada. Pero si el arte es algo maravilloso…
Hasta no hace mucho A pretendía ser arqueóloga y recorría los museos contemplando los cuadros pausadamente. Durante un viaje a Florencia quedó impactada al ver el David de Miguel Ángel.
La madre de A recuerda que Guadalupe, una antigua maestra y directora, le dijo que era mejor un problema de matemáticas bien entendido que veinte sin comprender, que no había cosa más inútil que el hacer por hacer.
También viene a su memoria Elena Barroso, cuyas clases de Crítica Literaria constituían un placer y la hacían emocionarse comentando el poema El Olmo Seco.
La madre de A piensa que la profesora de Ciencias Sociales será, con toda seguridad, una buena profesora que está aquejada por un mal que afecta a todos los niveles del Sistema educativo. Este mal se podría denominar programacionitis o pedagogía de la prisa y tiene síntomas tan evidentes como la fichitis y la examinitis.
Porque quizás bastaría con pararse a contemplar la Ronda de Noche de Rembrandt, recrearse en el claroscuro, en las sombras, en las figuras en movimiento. Entonces A no olvidaría el Barroco, se sentiría positivamente predispuesta al acercarse a un cuadro y lo haría por amor al arte.