jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA MAESTRA

Hace más de veinte años que soy maestra. Pero antes había sido alumna de Universidad, de instituto, de escuela primera. Incluso fui alumna de escuela unitaria sentada en una sillita de anea. Yo lloraba por ir a la escuela y como no había pupitre mi madre me compró una sillita. Con la cartera encima de mis rodillas aprendí a leer y escribir.
Con esto quiero decir que llevo desde los cinco años metida en un centro educativo, siempre público, por cierto. A lo largo de todos estos cursos he conocido una gran variedad de maestras: serias, tristes, estrictas, secas, indulgentes, alegres, tolerantes, cantarinas, apasionadas, afectuosas,... Te puedes encontrar con maestras de libro de texto, maestras tic, maestras de fichas, maestras de texto libre, maestras bloggeras, de juego cooperativo, de asambleas, maestras cuenta cuentos, muralistas, poetas, pintoras, pianistas, maestras bailaoras, cantantes,...
Hoy he despedido a una gran maestra. Se jubila a los sesenta años (dichosa ella) no porque esté cansada de la escuela sino porque la perspectiva de retirarse a los sesenta y siete no es muy halagüeña.
Una mujer que cada día llega a la escuela con una sonrisa, pletórica de energía, afectuosa y cálida con los niños y las niñas, cariñosa con las compañeras, siempre dispuesta a la risa y la celebración.
Empezó a ejercer como maestra en 1975, treinta y seis años luchando por la educación, recorriendo escuelas pobres de pueblos míseros. En las fotos se la ve con cara de niña, disfrazada de carnaval y de excursión en el Parque de María Luisa.
Participó en las huelgas de los años 80. Sobrevivió a ministros, ministras, consejeros y consejeras. De la LGE a la LODE, y de ahí a la LOGSE y la LOE (¿Se me olvida alguna?).
Pero ella siempre supo lo que su alumnado tenía que aprender y se le quedó impregnada esa idea de la democracia en la escuela, de los claustros que conocen, debaten y deciden. Nunca se habituó al papel de convidados de piedra al que nos relegaron a los docentes.
Hay maestras que no se cuestionan cada momento: ¿libro de texto, proyectos, tareas integradas? Son maestras que han hecho todo eso y más, y te recuerdan que los proyectos no son nada nuevo. Son maestras que basan su práctica pedagógica en el amor, la pasión por su trabajo y la alegría, ese ser escurridizo que no debería faltar en ninguna escuela.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Micro-macro machismos cotidianos

Escena 1
A una venta de pueblo con techo de cañizo imitando un chozo acuden familias y grupos de amistades para celebrar que aún disfrutamos de fines de semana: filetes empanados, berenjenas fritas, ensalada, patatas. Nada de delicatessen ni cocina de autor, un sitio asequible donde la chiquillería puede corretear en engulle la hamburguesa.
El joven camarero nos trae la carta:
-¿Quieren el menú para los niños?
-¿Para los niños? pregunta C. alzando la ceja con su mejor sonrisa irónica. ¡Pero si somos cuatro niñas...!
En la mesa de al lado, cuatro parejas jóvenes con niñas de tres o cuatro años y algunos bebés. Los varones se agrupan en una punta de la mesa, las mujeres al otro lado. En la esquina masculina, tres niñas con lazos de raso observan la pantalla de un ipad. La razón por la que están allí no es que sean cuidadas por los hombres de la familia, es que ellos son los dueños de la tecnología.
Una de las niñas comienza a llorar. Uno de los hombres grita:
-¡Elena, Elena!
En la otra esquina de la mesa se levanta una mujer, coge a la niña y se sienta con ella en brazos. La pequeña muestra los deditos enrojecidos. Se los ha pillado con la silla de plástico. Un cuarto de hora más tarde se levanta el padre de la criatura para interesarse por la salud de su hija.

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Escena 2
El lunes por la mañana se presentan las niñas de la clase con las uñas pintadas de purpurina.
-¿Por qué lleváis todas las uñas pintadas? La maestra se siente perpleja.
-Fuimos a un cumpleaños a Princesaland. Es un lugar donde celebran cumpleaños solo las niñas. Les pintan las uñas desde los cuatro años.
-¿Y los niños? ¿No pueden ellos ir al cumpleaños?
-No te preocupes, maestra, ellos también tienen otro sitio para celebrar los cumples.

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Cuando nos detenemos a observar la vida cotidiana, detectamos las situaciones de desigualdad, la reproducción de los estereotipos, los micro machismos habituales y cotidianos. Muy lejos nos hallamos de trasladar a la vida privada la igualdad a la que aspiramos en la esfera pública.
A esto hay que añadir que, en tiempo de crisis, se recorta en lo social y se pasan por alto las políticas que promueven la equidad.
El último Informe del CES (Consejo económico y social) advierte que los avances se han estancado en empleo y conciliación.
Un reciente estudio de la FMP revela que una gran mayoría de jóvenes reproduce los modelos tradicionales en las relaciones, basados en la supeditación al varón.
Esta legislatura las diputadas representarán solo un 36% de los escaños. A pesar de la ley de Igualdad, los hombres ocupan los puestos de salida y obtienen mayor representación y poder. El nuevo presidente del gobierno tiene en su equipo mujeres que "también llevan su casa".
Si en época de bonanza hemos avanzado tan poco, ¿qué ocurrirá cuando los vientos no soplen a favor?

domingo, 6 de noviembre de 2011

MIÉRCOLES DE POESÍA

"Escribir es una manera de construir sueños" M. Duras

A veces me olvido. Entonces B., con sus enormes ojos sonrientes me susurra:

-Hoy toca poesía.

-Gracias, secretaria, tienes razón.

Abro el cuaderno y les recito los versos del miércoles.

Apenas dos semanas después de comenzar le curso les pedí que me describieran. En todas las descripciones yo era guapa y delgada.

-¡Qué pandilla de mentirosos y mentirosas!, les recriminé entre risas.

Pero Lu, pequeña sabia de 10 años, me descubrió:

-Mi maestra es bloguera y le gusta la poesía.

Durante este curso estudiaremos a Federico García Lorca. Cada miércoles leemos versos, desentrañamos el sentido de las palabras, admiramos metáforas y nos dejamos impregnar por el ritmo, la rima, la música y la magia del lenguaje poético.

Es preciso escribir los versos con letra clara, en una hoja nueva del cuaderno e ilustrarlos con un dibujo que los represente, como si se tratara de un rito.

Me admiro de la pasión con que recitan cada miércoles, veinticinco manos alzadas pidiendo la palabra.

Nunca entendí las reticencias de la escuela primaria a introducir el lenguaje poético, como si estuviera reservada a los sesudos comentarios de texto del bachillerato.

La poesía, una de las primeras manifestaciones artísticas del ser humano, unida a los cantos en torno al trabajo, a las fiestas, y a las cosechas conecta con la infancia a través de la rima, de la sonoridad.

Ya lo dijo Gabriel Celaya: “Poesía necesaria como el pan de cada día”.

El único objetivo que me planteo es disfrutar con el lenguaje, percibirlo como algo cotidiano, cercano. De ahí mi interés por relacionarlo con los meses del año, con las estaciones. También por mostrar a poetas y poetisas como personas cercanas.

Y este goteo constante y pertinaz da sus frutos. Lo comprobé hace veinte años, cuando participé en el proyecto Poetas en el aula y lo volví a confirmar el curso pasado.

En mi aula de sexto, por grupos tenían que buscar poemas sobre el otoño, presentarlos y defenderlos ante la clase. Uno de los grupos eligió Lluvia de otoño de Juan Ramón Jiménez:

El agua lava la yedra;

Rompe el agua verdinegra;

El agua lava la piedra…

Y en mi corazón ardiente,

Llueve, llueve dulcemente

De repente, en medio del trajín de la clase, F. se levantó para contarnos su descubrimiento:

-Este hombre está siempre deprimido. ¿No veis que realmente nunca habla de los paisajes ni del tiempo? Solo habla de sí mismo, de sus sentimientos.

Este último miércoles, una vez más se cumplió la magia poética. Estábamos leyendo estos versos de Federico:

El otoño ha dejado ya sin hojas

Los álamos del río.

El agua ha adormecido en plata vieja

El polvo del camino.

Intentábamos definir el paisaje descrito:

-Triste, gris, tranquilo, decían.

Miramos por la ventana y el cielo estaba gris, anunciando tormenta. Solo faltaban los álamos y el río.

Pronto, muy pronto, aparecerán los trozos de papel con versos sobre mi mesa. Al principio, tímidamente, en hojas arrugadas. Más tarde, con la seguridad de quien lleva dentro la poesía.

domingo, 23 de octubre de 2011

SINSABORES DE OTOÑO

La primera lluvia de otoño siempre nos coge desprevenidas, aunque llevemos semanas ansiando el cambio de estación. De pronto estas gotas ruidosas e intempestivas nos recuerdan que no hemos sacado la ropa de invierno, que los armarios están repletos de mangas cortas y debemos, sin más demora, arrinconar las sandalias.
En la cocina, C. se afana en preparar buñuelos de bacalao. A cada momento busca a las niñas con el plato en la mano:
-Prueba un buñuelo. ¿Qué te parece?
-No, papá, no son como los de la abuela.
-Ya sé que me he pasado con el perejil, reconoce.
-No es solo el perejil, le falta algo.
-Quizás he puesto poco aceite, ella me dijo que bastaba una cucharadita.
Mientras C. fríe buñuelos de bacalao, a su lado, un frutero aguarda a que los persimones maduren.
No me agrada esta fruta porque la comparo con la dulzura gelatinosa de los kakis. Comerlos con cucharita haciendo malabares para que no resbalen es uno de los placeres más gratos del otoño. Pero últimamente resulta muy difícil encontrarlos. Se estropean en el transporte y es complicado acertar con el punto exacto de maduración.
Me he resignado a vivir sin su huella en mi paladar, con el recuerdo de los kakis que Eugenio el frutero acarreaba en una destartalada furgoneta desde su huerta de Puente Genil. También renuncié a los membrillos cocidos con su ramita de canela, las batatas en almíbar o las gachas, señales inequívocas de que las noches son más largas y regresarán los abrigos al perchero.
Y al caldo del puchero de mi madre, dotado de poderes milagrosos, cual poción mágica, capaz de devolver la voz de afónicos feriantes o acelerar el parto de primerizas asustadas.
Ninguno de estos sinsabores es comparable a la desazón que me embargará al acercarse la Navidad, cuando busque en el aire el aroma del ajonjolí, la almendra molida, la cáscara de la naranja frita en aceite de oliva y la miel caliente de endulzar pestiños.
Por más pestiños que pruebe mi paladar sigue añorando los que hacíamos en casa en el mes de diciembre: un barreño enorme de pestiños que se iban enmelando cada mañana de invierno en un pequeño perol.
En un trozo de papel escribió mi padre la receta que había sido transmitida oralmente y se perfeccionaba año tras año, después de muchas pruebas y errores, de los años en que salían duros o en exceso blandos, con demasiada sal o con escasez de ella. La receta se perdió en el cajón del escritorio y con ella los trazos cuidados y elegantes de la letra de mi padre, la letra del muchacho que aprendió a escribir con hierba sobre una piedra del campo...
De vez en cuando introduzco la mano detrás del cajón, lo zarandeo con la esperanza de sacarlo y que aparezca el papel y con él uno de los sabores irremediablemente perdidos.
Quizás todo esto es muy personal para un blog, pero yo sé que Proust me entenderá mientras moja magdalenas en tila.



sábado, 17 de septiembre de 2011

DIECISIETE

Aunque hace algún tiempo que le ronda este post por la cabeza, no deja de pensar que se apresura al escribirlo, que debería esperar al próximo verano, aguardar al menos a que acabe este curso escolar recién estrenado.
Ha acogido al nuevo grupo de niños y niñas de quinto de primaria a los que acompañará durante dos cursos y le aterra recibir informes, consultar los expedientes de las 25 criaturas de cuyo aprendizaje será responsable. Prefiere tener paciencia, observar, no presionar y ofrecer esperanza a la chiquillería aterrada por las calificaciones, a las familias frustradas por las etiquetas.
Durante este verano ha asistido una vez más al asombro que le produce su hija mayor, con los diecisiete años acabados de estrenar. Algunas tardes, intentaba sortear la siesta en su dormitorio de adolescente. Junto a las paredes forradas de libros, las placas de ciudades europeas, pegatinas de conciertos y héroes de cómics surgían los peluches, las muñecas y los coches eléctricos sin ningún complejo, formando una simbiosis única y perfecta. A la cabecera de la cama la tabla de valencias, de forma que era lo ultimo que veía su hija antes de dormir y lo primero que se encontraba al despertar.
A la madre le resulta extraña esta pasion por los números y las ciencias que no ha podido transmitir con su ejemplo. Y viene a su memoria una chuleta de la tabla periódica oculta en la persiana del aula, gracias a la cual aprobó la Física y Química. ¡Qué poco significativo era para ella memorizar aquellos símbolos cuya única función era completar crucigramas! Y el Poema Número Veinte que adornaba la cabecera de la propia cama: "Puedo escribir los versos más tristes esta anoche..." Aunque ahora que se acerca inexorablemente al medio siglo de edad, reconoce que las valencias tal vez sean más saludables para la mente que las tristezas de Neruda.
La madre observa a esta muchacha silenciosa y prudente, "quinceemera" apasionada, ante el reto de emprender segundo de bachillerato con la incertidumbre de la selectividad, preparando cuadernos y libros, y no acaba de creerlo. Porque aún tiene en su mente a la niña tímida, menuda y callada, que sintió angustia al ver que sus compañeros y compañeras leían en diciembre y ella no. Porque aún conserva el propio dolor al escuchar a aquella maestra en la que confiaba, una maestra que se las daba de progre, y que a modo de consuelo le apostilló:
-Es que todas las cabezas no son iguales...
La madre, aunque es docente, nunca enseñó en primero de Primaria y no tenía motivos para desconfiar de otra docente cargada de experiencia. Tampoco tenía razones para recelar de la maestra de tercero que la citó con urgencia para comunicarle que la niña no entendía los números romanos. La misma maestra de una escuela pública que se empeñaba en rezar cada mañana a pesar de las protestas de las familias, oraciones que la niña aprendió a contrarrestar con poemas musitados mientras la clase oraba:
"Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti".
Después llegaría a sus vidas Gardner y sus inteligencias múltiples para confirmar lo que la madre y otros docentes intuían. Y vendría el trabajo enorme, constante, el esfuerzo continuo y paciente de una niña que no se rinde nunca, de una muchacha que quiere estudiar, viajar, asistir a conciertos, y quizás, porqué no, "asamblear" y cambiar el mundo. También, por suerte, aparecieron otras maestras y maestros, que supieron ver más allá de su apariencia discreta.
Una tarde, hace dos años, la madre-maestra tuvo una tutoría con otra madre presa de la angustia.
-"Mire usted, el maestro que tuvo en tercero me dijo que el niño no servía para estudiar".
La madre-maestra no pudo evitar reaccionar como si hubieran accionado algún resorte escondido. Dio un puñetazo en la mesa y ante la estupefacción de la interlocutora, exclamó:
-¡Eso es mentira! No vuelva a consentir que le digan semejante barbaridad.
La madre recuerda que hace diez años prometió a sus amigas que si la hija aprobaba el bachillerato lo celebraría por todo lo alto. Ojalá todo vaya bien y la casa que no celebró comuniones ni bautizos pueda albergar una gran fiesta.
En este principio de curso, la madre se enfrentará como maestra a la ingente tarea de desterrar etiquetas, desentrañar inquietudes y aptitudes, establecer redes y propiciar afectos.
En estos días aciagos, cuando se clama en defensa de la escuela pública, ante el temor a los recortes en educación y el establecimiento de un modelo reaccionario, la madre-maestra se lamenta de que en la escuela pública se imparta religión, de que el alumnado de clase trabajadora carezca de las mismas oportunidades reales, que siga existiendo un currículum sexista, ... Si ahora, además, se retrocede en el camino emprendido, no habrá esperanza para la gran mayoría de niños y niñas de este país, determinados desde su nacimiento a no acceder al conocimiento y la cultura.
Por ello, la madre y la maestra, intentarán sacar las fuerzas necesarias para seguir luchando por una escuela pública verdaderamente laica, igualitaria, coeducativa y diversa, muy diversa.

jueves, 25 de agosto de 2011

RETORNO A AMSTERDAM



"...Yo pienso
en cómo ha pasado el tiempo
y te recuerdo así."
Gil de Biedma
Cervantes definió hace más de quinientos años la relación entre lectura y viajes (El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho). Al leer y viajar intentas, de alguna manera, experimentar otras vidas, convertirte en otra persona diferente a la que habitas cada día.
En una sola existencia carecemos del tiempo suficiente para leer todos los libros o para viajar a todos los lugares que desearíamos. Son escasos los libros que releemos, solo aquellos que amamos apasionadamente. Mientras queden paisajes por contemplar, caminos que recorrer, ciudades donde perderse, parece una insensatez regresar a un lugar que ya visitaste.
Hace diecinueve años pasé un par de días en Amsterdam. La ciudad me dejó un grato recuerdo: calles tranquilas, paseos entre canales, bicicletas y jóvenes sentados en el suelo de la plaza Dam. Aunque el famoso Barrio Rojo me pareció deplorable. Las mujeres exhibiéndose como mercancía en los escaparates es un espectáculo vergonzoso que malogra el espíritu tolerante del que hacen gala los habitantes de Amsterdam
Este verano encontré aún más bicicletas: baratas, sencillas, de colores estridentes, tuneadas, con carritos para niños y niñas, con cesto, ... Muchas de ellas tenían por cesto un cajón para frutería con alguna flor a modo de adorno. Me llamaba la atención que transportaran en ellas toda clase de artículos. Una vez nos detuvimos a contemplar a una señora que tras cargar la compra del supermercado instaló sobre las bolsas una caja de veinticuatro botellines de cerveza Heineken.
También hallé mucha más gente, quizás porque era agosto o porque coincidió con el Festival del Orgullo Gay. Había personas de todas las razas, de todos los colores, hablando en todos los idiomas imaginables, visitantes, turistas, nativos,... Era un espectáculo sentarse en una de las miles de terrazas, por ejemplo en Rembrandt Plein, y asistir al continuo desfile de seres humanos.

Disfruté especialmente en el Museo histórico de Amsterdam que con un enfoque muy contemporáneo, consideraba al pueblo llano el protagonista de la historia. El museo reivindica el carácter multicultural de la ciudad, aportando biografías de inmigrantes de todas las latitudes que han construido Amsterdam a lo largo de su existencia. Es una pena que ese espíritu se vea contrariado por el auge de la extrema derecha xenófoba en las últimas elecciones.
También presta atención al pequeño comercio tradicional, las tiendas de barrio, en un intento por rescatarlos del olvido. Me pareció un objetivo loable, puesto que últimamente paseas por las zonas comerciales y tienes la impresión de que no has cambiado de ciudad, siempre los mismas cadenas comerciales y las mismas marcas.
En Holanda sienten predilección por las plantas. El mercado de las flores es visita obligada para cualquier turista que se precie. A pesar de no ser época de tulipanes las plantas estaban presentes por doquier. Las encontrábamos en los áticos, en improvisados jardines a las puertas de las casas, como centros de mesa en las cafeterías u ornamento de bicicletas.
A través de las ventanas sin rejas ni persianas, muchas de ellas desprovistas de cortinas o visillos, se asomaban multitud de macetas. Se veían habitaciones confortables con estanterías abarrotadas de libros, lámparas con luces tenues que invitan al sosiego.
Ante tal despliegue de confort hogareño, ¿qué hubiera opinado el pobre Rembrandt que no pudo hacer frente a la hipoteca y fue desahuciado?
No es éste un mal sitio para vivir, pensaba mientras estaba allí. Sobre todo en verano, porque lo de patinar por los canales en invierno no creo que me llegase a convencer nunca.
Tampoco aprender holandés debe ser tarea fácil. Durante nuestra estancia bromeábamos a propósito de las pocas palabras que pudimos aprender en neerlandés. Sin embargo, nos quedó muy claro que Amsterdam se pronuncia con el acento en la última sílaba.
Con un idioma de pocos hablantes resulta indispensable dominar otras lenguas. Por supuesto, todo el mundo se defendía en inglés. Era encomiable que intentasen hacer un esfuerzo por comunicarse en tu propia lengua, desde el camarero a la dependienta, pasando por el guardia de seguridad, a veces en una mezcla de italiano-español-portugués bastante divertida, que siempre hemos agradecido. Porque una de las mayores ventajas de hacer turismo es oír otros acentos y chapurrear otras lenguas.
Un 40% de los habitantes Holanda se declara sin religión y yo me cuestiono si no será ese el motivo por el que se respira sensación de libertad, de paz.
Ni siquiera la multitud que abarrotó las calles durante el fin de semana que duró el Festival del Orgullo Gay consiguió que me abordara el miedo, la inquietud que te producen otras ciudades.
Mi hija C. me preguntó qué significaba pertenecer a un país. Según ella, tu país es el lugar donde está tu familia. Le contesté que yo pensaba igual que ella y por eso no mi importaba ir a cualquier parte si era en su compañía.
Varios días después de regresar, bajamos a Sevilla. Nunca dejo de admirar la belleza de esta ciudad, de una hermosura hiperbólica, como si recorrieras un gigantesco decorado. Desde que visité Amsterdam por primera vez deseé que Sevilla fuera una ciudad para las personas, sin coches, sin humos, sin ruidos. Por suerte, el hábito de la bicicleta se ha ido imponiendo. Sin embargo, los coches vuelven a transitar de nuevo junto a las cadenas de la catedral.
En realidad me hubiera gustado ser una intrépida viajera, establecerme durante un tiempo en otros países, impregnarme de otras culturas, ser políglota. Aunque no me puedo quejar, solo he conseguido practicar el turismo veraniego.
Nunca sabes cuál será el último libro que leerás, ni el último viaje que emprenderás. Jamás hubiera imaginado que regresaría a Amsterdam después de diecinueve años. Ojalá pueda volver dentro de otros tantos y con la misma compañía.
PD: No he hablado del Museo Van Gogh, ni del Rikjmuseum, ni de Volendam... porque esto no es una crónica de viajes normal.


lunes, 1 de agosto de 2011

Elogio de la lavadora

Durante la última semana se sienta frente a ella cada mañana para vigilarla. Últimamente no marcha bien y sabe que esta vez no es un achaque de la edad. Ha alcanzado hace un mes la mayoría de edad, que en su caso se puede considerar un récord de longevidad. A veces se le sale el agua, otras veces no desagua o no coge el suavizante. Hay ocasiones en que tiene que iniciar el lavado hasta tres veces.
La habría cambiado por una nueva si los técnicos que la habían reparado no se lo hubieran desaconsejado.
-Aguante con esta lavadora, señora, que ya no las hacen así, que las máquinas de hoy en día se estropean enseguida.
Pero ahora ya no hay más alternativa que comprar una nueva.
Mientras la contempla acude a ella una antigua imagen. En los años setenta llegaron a su pueblo las primeras lavadoras automáticas. La madre de su amiga se colocaba junto a la máquina recién comprada, expulsaba a la familia de la cocina y se sentaba a observar, presa de emoción, cómo giraba la ropa dentro de la ventanilla circular.
- ¡Ésta sí que me quiere, no vosotros! Gritaba a quien osaba asomar la cabeza.
Antes de la automática, su madre tuvo otra lavadora manual, a la que había que llenar con un cubo. Pero antes de las lavadoras había que ir al lavadero del pueblo, cargar con la ropa sucia en un barreño y volver horas después acarreando la ropa mojada. Entre los aprendizajes imprescindibles para la vida se encontraba lavar a mano. Parece muy lejano el tiempo en el que a nadie se le ocurría que necesitaras aprender idiomas o adquirir competencia digital. Lo realmente importante era lavar a mano, apresar la cantidad de tela justa, restregar por la lavadera con el ritmo adecuada y sumergirla en el agua de la pila de forma periódica. Enjuagar y escurrir también formaban parte del proceso. Era una de las tareas más complicadas en la formación de las mujeres y las madres se esforzaban en transmitir sus conocimientos.
La vieja lavadora de la que ahora se va a deshacer llegó con la casa nueva, cuando no tenían descendencia. Al poco tiempo empezó a lavar peleles, baberos, pijamitas, camisitas de algodón, con un jabón especial para bebés. Después llegaron los vaqueros, los vestidos, los chándals, las camisetas de deporte, los bañadores, las mallas de gimnasia. Ha lavado cortinas, colchas, mantas, edredones, sacos de dormir, mochilas, botas de deporte. Ha trabajado incansable cada día de los últimos dieciocho años.
Mientras la acompaña en su último lavado reflexiona sobre el papel de los electrodomésticos en la libertad de las mujeres y piensa en lo distinta que hubiera sido su vida sin esa vieja lavadora.

miércoles, 13 de julio de 2011

Punto y seguido

La maestra que aquí escribe no puede separarse de la persona que siente, ni de la madre que intenta cuidar a sus vástagas, ni de la mujer que anda por el mundo procurando levantarse cada vez que tropieza, a pesar de que lo hace continuamente.
Por ello cada vez que despido a un grupo de sexto del que he sido tutora durante dos años, sufro una especie de desgarro emocional del que tardo un tiempo en curarme.
Este curso ha sido especialmente duro, en lo profesional y en lo personal.
Cada año me planteo hacer mi trabajo lo mejor que puedo, lo mejor que sé y continuar aprendiendo para ver si alguna vez termino de conocer este oficio. Pero me asalta la constante preocupación por los errores cometidos cada día, por superar lo que me falta, por no atender como se merece a algún niño, a alguna niña.
Ejercer como tutora, especialista y coordinar el Plan de Igualdad en un centro con muchas unidades puede provocar una dispersión que procuro mitigar con dedicación y esfuerzo aunque no estoy segura si acierto.
Siempre me queda la duda , sobre todo en los grupos a los que imparto la especialidad en sesiones de 45 minutos. Hay niños y niñas que interactúan continuamente, pero también los hay que necesitan que los animes a participar, a hablar y nunca estás segura si haces lo suficiente.
Una de estas niñas me sonreía cada vez que me la cruzaba por un pasillo en el trajín de las últimas semanas.
-You are the best "inglish" teacher, había escrito en un comentario del blog de inglés y francés.
He tenido muy abandonado este blog a final de curso. La última semana de clases lo abrí para ver si había algún cometario por moderar y me encontré una sorpresa:
-Pepa I don't kow if R. told you that i'm not gonna livi in D. with my dad.I am sad and happy,I'm sad becaus I am gonna miss my friend's and I'm happy becaus I am gonna stay with my dad.ç:
El comentario me conmovió porque la niña había encontrado el camino para comunicarse conmigo venciendo su timidez.
No es la primera vez que soy testigo de este proceso. Niñas calladas, tímidas en apariencia, invisibles en el aula, que empiezan escribiendo comentarios en el blog de aula, expresando su opinión y encuentran un vehículo de expresión que les aporta seguridad y las hace crecer como personas.
Una de ellas me hizo un hermoso regalo a final de curso.
En unos grandes almacenes una madre me saludó efusivamente a principios de julio:
-Recupérate, exclamó cariñosamente a modo de despedida.
Al principio no supe cómo interpretarlo, pero después comprendí que las familias y el grupo habían entendido las dificultades de nuestra travesía. Incluso alguna niña había escrito sobre ello en su blog personal.
Ayer encontré una nueva seguidora de este blog.
-¿Cómo me has encontrado? le pregunté en la piscina.
-Tecleé tu nombre en el Google y apareció tu blog.
-Pues me tienes que decir dónde has conseguido la plantilla de tu blog.
-No te preocupes, capturo la pantalla y te la envío mañana mismo, me aseguró.
El sábado me acerqué al punto de información del 15M del pueblo. Un chico próximo a los treinta años se me acercó.
-¿Tú eres Pepa? Fuiste mi maestra hace muchos años.
-Diecisiete años exactamente, respondí señalando a mi hija. Aunque no te hubiera reconocido por la calle supe que habías sido mi alumno cuando leí tu nombre en el facebook.
-Es que yo era muy callado en clase, comentó.
-Estoy segura de ello, al contrario que tu amigo, que era un latoso, bromeamos.
Tal vez no sea sano esta incapacidad para separar la escuela de la vida, dejar de ser maestra cuando sales de la escuela, olvidar la persona que eres cuando entras en el colegio. Pero yo no puedo hacerlo e intento convivir con ello.
Aún tengo que borrar los más de mil correos electrónicos que durante estos dos años he recibido de mi alumnado y sus familias. Quizás cuando lo haga habré superado el lazo emocional que me une al grupo de niñas y niños con los que he convivido este tiempo. Pero todavía no he podido hacerlo.


sábado, 18 de junio de 2011

BREVAS

En las bolsas de la frutería se acumula el verano: cerezas, melocotones rojos, peras de San Juan, nectarinas, albaricoques, nísperos y una enorme sandía. Faltan las brevas, humildes y austeras, hermanas madrugadoras de "los higos morados con su cristalina gotita de miel". Aún no las ha probado y añora la aspereza de su piel al pelarla con los dedos. Se esmera en organizar la explosión de colores que inunda la nevera al tiempo que guarda sus pensamientos. Hay demasiada fruta, no sería lógico lanzarse a la calle a buscar brevas por un simple antojo y ella no es persona proclive a dejarse arrastrar por ellos.


-¿Ha venido el frutero? le preguntó él durante el almuerzo. Cuando lo llamé esta mañana se le habían terminado las brevas pero vi en el mercado unas enormes con una pinta estupenda.


Por la expresión de su rostro sus hijas se echaron a reir.


-¿Por qué te gustan tanto las brevas y los higos , mamá?


Pensó que era difícil de explicar y recordó los versos del poeta que, como ella, amaba las higueras.


"Como la higuera joven


de los barrancos eras"


En el patio de su infancia habitaba un peral desabrido que albergaba a una bruja en las noches de invierno. La oía aullar mientras buscaba el consuelo de las mantas. Pero en el corral la aguardaba, protectora, la humilde higuera, que marcaba el principio y el final del verano. Con sus anchas hojas construía barcos que surcaban el mar alojado en un lebrillo. Cada mañana se asomaba al corral a recoger las brevas y los higos que caían de madrugada del árbol, rajados, dulces, ...

"Volverás a mi huerto y a mi higuera"

Al día siguiente su hija le acercó una bolsa de plástico:
-Toma, papá ha comprado brevas.
Ella abrió la puerta de la nevera, atestada de fruta de todos los colores, buscando un hueco donde hospedar la nueva adquisición.
-¿Sabes? Hay muchas formas de expresar que te quieren y ésta es una de ellas.
No deja de preguntarse si su hija la entendió.



domingo, 5 de junio de 2011

JORNADAS DE COE-PAZ ENTRE OLIVOS.


Cada año me prometo no volver a hacer un curso de formación y al final de junio me veo de nuevo guardando certificados en una abultada carpeta. Siento terror al pensar en las horas de formación que he hurtado a mi tiempo libre, a los libros no leídos, a los rayos de sol perdidos, a las siestas no dormidas.

No puedo evitar enrolarme en nuevos cursos aunque nunca estoy segura de que realmente sirvan para que sea mejor maestra. Por suerte, hasta ahora he podido elegir mi formación, no creo que fuera igual si me la impusieran.

En el lejano y gélido enero comencé el curso de Coe-Paz acompañada de mi amiga y compañera Lina Gallardo, con la que he compartido alegrías y sinsabores desde el inicio del Plan de Igualdad en la educación y con Virginia Mejías del IES Genera, que también forma parte del grupo de coeducadoras supervivientes del Aljarafe.

Arribé a este curso de formación de formadoras con la sensación de que Coeducación y Convivencia han pasado a segundo o tercer plano entre las prioridades de la Administración. El Plan de Igualdad ha dependido en gran medida del voluntarismo de las maestras y ello ha originado resultados desiguales.

La organización semipresencial del curso también ha supuesto un obstáculo. Por un lado, no hay que olvidar que aunque fueran pocas sesiones, no resultaba fácil estar en el CEP de Sevilla a las cinco de la tarde después de pasar la mañana bregando en el colegio. Además en un período tan dilatado de tiempo surgen y de hecho han surgido, múltiples escollos personales y familiares que te impulsan a abandonar en muchas ocasiones.

Por otro lado, la plataforma del Aula Virtual ha ocasionado variados problemas:

-”No puedo subir la tarea”

-”¿Dónde están mis calificaciones?”

-”El archivo no se puede abrir”

-”El glosario, no aparece el glosario”

A la dificultad intrínseca de la plataforma se unía el consabido terror a los ordenadores que nos caracteriza a la mayoría de las maestras. Para algunas, doy fe de ello, escribir en el foro ha significado una auténtica prueba de superación.


En ocasiones, la dinámica de las sesiones presenciales ha llegado a ser tediosa. ¿Ir al CEP para ver un vídeo es formativo?, nos hemos preguntado a menudo. Por supuesto los hubiéramos visto más cómodamente en el sofá de nuestras casas. Gracias a que se cambió la metodología de las sesiones introduciendo dinámicas de grupo resistimos estos largos meses y conocimos a las maestras con las que compartíamos espacio.

Pero si algo nos mantuvo ilusionadas era la posibilidad de asistir a las Jornadas Regionales a celebrar en Córdoba. Para las maestras, habituadas a estar encerradas en las cuatro paredes del aula, relacionarse con otras docentes y compartir experiencias es un hecho novedoso.

Cada cual se contó su propio cuento de la lechera: irse en el AVE, cenar en las Tendillas la noche antes, pasear por la ciudad de la Mezquita,...

El primer fiasco llegó cuando nos dijeron que las Jornadas se celebrarían en Lucena. Después vimos que se trataba en un hotel en un polígono industrial donde no sabíamos ni por dónde quedaba Lucena. Rodeadas, eso sí, por un paisaje de olivos que hizo que me rondaran los versos de Machado todo el tiempo (“El campo andaluz peinado, por el sol canicular, de loma en loma rayado y de olivar en olivar”).

El segundo chasco fue el tiempo. Unas Jornadas de dos días no deben reducirse a jueves por la tarde y viernes completo. El jueves trabajamos en el colegio la mañana completa, con lo que tuvimos que apresurarnos para coger el autobús que partía de Sevilla a las cuatro de la tarde.

En consecuencia, nos incorporamos tarde a las ponencias, nos acostamos a deshora arrastrando el cansancio del día y el viernes estábamos noqueadas.

Sin embargo, a pesar de lo anteriormente expresado mi percepción es positiva y más optimista sobre la Coeducación que cuando comencé el curso.

Durante el trayecto de vuelta a Sevilla en el autobús intentamos evaluar la experiencia, analizando las aportaciones obtenidas.

-La ponencia de Paco Cascón fue sin duda la más valorada. Nos supo a muy poco.

-En cuanto a los talleres, considerábamos que tener que elegir solo dos nos limitaba en exceso ya que hubiera sido más enriquecedor participar en un mayor número.

-Nos faltó conocer experiencias que se están desarrollando en otras provincias, actuaciones a pie de aula que podamos llevar a nuestros centros.

-El cansancio quizás nos impidió disfrutar de las palabras de Amparo Tomé, aunque su sola presencia ya enriquecía el evento.

-El gran descubrimiento ha sido Marian Moreno Llaneza con la que nos gustaría seguir formándonos.

A pesar de todos los errores que cualquier actividad de esta índole pueda cometer nos permite albergar la esperanza de que no nos encontramos solas en nuestros colegios, golpeando incansablemente contra el muro del patriarcado. Hay más coeducadoras por el mundo y tal vez algún día sean evidentes nuestros esfuerzos. Cuando regresas te sientes más motivada, con ganas de continuar formándote.

Pero como lo emocional es fundamental, yo elaboraría un TOP TEN personal del evento:

-Los relatos de Pilar Ramos sobre su experiencia en el Polígono Sur.

-El proyecto sobre Corresponsabilidad y Competencias de Mª José Eslava.

-El libro viajero de Carmen Lope y su dura realidad en Guadajoz.

-La profesionalidad de Gracia Carrión

-La ilusión Mª José Cordero.

-El buen hacer de Cristina Giráldez.

-La apuesta por la participación de Paula Gómez.

-El compromiso y la humanidad de José Manuel Blanco.

-La amistad de Virginia y Lina.

-Y sobre todo, y no menos importante, unos chistes ¡MARAVILLOSOS!.

Espero que podamos seguir en contacto compartiendo nuestras experiencias, ése sería el mayor logro de las Jornadas de Coe-Paz.





domingo, 29 de mayo de 2011

SUNSET PARK de Paul Auster

Con un nudo en la garganta he leído esta novela de Paul Auster. La he apurado a pequeños sorbos, sobrecogida por la capacidad de narrar sobre las emociones humanas. Llegué a olvidar que se trataba de ficción, que era la mente del escritor la que se escondía detrás de los personajes.

Al principio me atrapó el protagonista, el joven Miles Heller, hijo de un editor y una actriz, que desapareció para su familia durante siete años y sobrevive con trabajos poco cualificados.

Después me enganchó la forma en que el autor se sumerge en cada uno de los personajes, mostrando los recovecos de sus pensamientos, su visión de la vida y su relación con Miles.

Aunque el hijo me cautivó fue el padre el que me sedujo. Es un hombre culto, con buena posición económica pero que arrastra un dolor muy hondo. Especialmente emotivo es el capítulo en el que aporta su punto de vista y se detiene a rememorar sus pérdidas: la muerte de sus padres, la desaparición voluntaria del hijo, el trágico accidente del hijastro, la distancia de la esposa,...

Entre padre e hijo se establece una diferencia básica, la manera en que abordan sus propias tragedias.

Para Miles, “las heridas son una parte fundamental de la vida, y a menos que uno esté herido de alguna forma, jamás se hará hombre” (pág. 173). El refranero español traduciría esta sentencia como “Lo que no mata engorda”.

Por el contrario, yo firmaría las reflexiones del padre: “no nos hacemos más fuertes con el paso de los años. La acumulación de penas y sufrimientos va mermando nuestra capacidad de soportar el dolor” (pág. 242).

Miles regresa a Nueva York porque se ha enamorado de una menor y debe esperar su mayoría de edad para hacer pública su relación. Su amigo Bing lo acoge en la casa ocupada de Sunset Park, junto a sus compañeras Ellen y Alice. Los tres okupas, con sus propias vicisitudes, no pueden resistir la atracción que transmite Miles.

Las crisis económica planea sobre la novela, en el primer trabajo de Miles (limpiando casas desahuciadas) y en la vida de los habitantes de la casa ocupada, personas formadas que viven en el umbral de la miseria.

Y al final, para sobreponernos de tanta congoja, el autor nos invita a vivir para “el instante fugaz”, para “el momento que se ha ido para siempre”. Aunque esto ya lo decían en el Renacimiento: Carpe diem.



viernes, 20 de mayo de 2011

EL CORAZÓN EN UNA PLAZA

Llamadme utópica. Me lo han dicho muchas veces, cada vez que he expresado la necesidad de cambiar la sociedad en que vivimos.
Llamadme idealista, probablemente lo soy, porque no me resisto a creer que el sistema es inamovible.
Llamadme ilusa por abrigar la esperanza de conocer un mundo más justo.
A principios de año, en este blog, expresé mi malestar por el triste futuro que nos esperaba, con la crisis, la reforma laboral, la pérdida de derechos.
Pero sobre todo me albergaba la tristeza por el inmovilismo que percibía. La apatía, la falta de rebeldía, el individualismo se habían adueñado del país y nada parecía remediarlo.
El mes de mayo ha estallado. Sin banderas, sin consignas, sin siglas. Cargado de metáforas, de sueños.




Trae el frío de las madrugadas, el miedo a las furgonetas de la policía rodeando la plaza, la incertidumbre de las asambleas, las gargantas afónicas.
Este mes de mayo, que recuerda a otro mayo, viene cargado de ideas, sueños, abrazos desconocidos, palabras hermosas y mucha ilusión.
Es posible que esta noche desalojen las plazas, que la Spanish Revolution se disuelva como un azucarillo en una taza de café y el domingo nos despertemos de nuevo en la pesadilla en la que vivimos.
No importa, al menos nos queda la sensación de que no vamos a consentir la impunidad. La rebeldía es ahora un valor en alza.



sábado, 30 de abril de 2011

Desconocimiento del Medio

En esta mañana de fuertes aguaceros, atruenan con insistencia cohetes que anuncian la romería del pueblo.
La maestra no es aficionada a este tipo de festejos y últimamente, en los días de lluvia, le asalta una tristeza indefinida. Tampoco se siente devota del santo patrón de la localidad, el mártir San Sebastián, de culto muy antiguo aunque de reciente incorporación al santoral gay.
Mañana es primero de mayo y en un país con cerca de 5.000.000 de personas desempleadas, quizás fuera más apropiado reivindicar empleo que enarbolar farolillos. Pasear pancartas tal vez sería más apropiado que dar palmadas detrás de una carreta.
Pero como "hay gente pa tó", la maestra se pertrecha en la melancolía de los días nublados e intenta recordar dónde colocó "Señas de Identidad" de Juan Goytisolo para volver leerla.
Ayer estuvo sustituyendo un rato en un grupo de segundo. Habituada al tercer ciclo, lo recibió como una bocanada de aire fresco.
Un grupo de niños discutía sobre el último partido Madrid-Barça mientras coloreaba un trabajo manual para conmemorar el día de la madre.
La maestra se sentó a escuchar, asombrada por la "competencia futbolera". La discusión versaba sobre la actuación de Álvez y la decisión inoportuna del árbitro. Hubiera deseado tener un micrófono para grabar aquella imitación de "El Larguero".
De pronto, se escucharon varios cohetes.
-¿Sabéis qué anuncian los cohetes?, preguntó la maestra, más que nada para entablar un poco de conversación.
Varias pequeñas manos se alzaron:
-Por la feria.
-Por el Rocío.
-Por las carretas.
-Porque el Barça ganó el partido.
La maestra no se imaginaba tal desconocimiento del medio. Tomares se ha convertido en una ciudad dormitorio y la escuela da la impresión que vive de espaldas al pueblo.
Regresó a su aula de sexto con la intención de hacer un sondeo.
-Tenéis que escribir en un folio la razón por la que están tirando cohetes.
Cuando recogió el papel comprobó que de veinticinco niños y niñas, veintitrés había escrito que la causa era la boda real que se celebraba en Londres. De los dos restantes, uno pensaba que los cohetes no llegaban a Inglaterra, por lo que la razón sería la feria de Sevilla. Otro, que probablemente no había entendido la pregunta, creía que la causa era el cincuentenario del primer viaje espacial.
La maestra explicó que cada primero de mayo se celebra en todo el mundo el Día del Trabajo, que es una fecha en la que se reivindican los derechos laborales y se demanda empleo. Después informó que el domingo se festejaría la romería del pueblo y que le extrañaba que nadie lo hubiera recordado.
-Yo lo iba a decir, declaró A, pero pensé que no era importante.
La lluvia pertinaz, con toda seguridad, va a arruinar ambas festividades, pero a la maestra le queda todo un puente para rumiar la congoja de trabajar en una escuela que no está arraigada a su terreno.

jueves, 21 de abril de 2011

LECCIÓN DE PEDAGOGÍA

Mientras habla, apenas la mira. Gira continuamente la cabeza, sin perder de vista a las criaturas a las que entrena. De vez en cuando detiene el diálogo con un gesto y se dirige a la pequeña cabeza que surge del agua.

X es un gran conversador. Enhebra las palabras con la musicalidad propia de Sudamérica, salpicando su discurso de expresiones y vocablos desconocidos. Le preocupa los adolescentes con los que trata a diario y comparte sus inquietudes con ella. Su interlocutora admira su capacidad para comprender a los jóvenes, motivarles sin presión, respetar sus prioridades, porque los ve como personas en su globalidad, más allá del plano deportivo.

X también es padre y como tal, pregunta a ella por sus hijas, sobre todo la mayor, que este curso tiene muy abandonado el deporte.

-”El bachillerato, ya sabes, es muy duro. La niña ha elegido ciencias. Aunque le ha ido bien en el nuevo instituto, no para de estudiar y no tiene tiempo de venir al polideportivo”.

-”Mi hijo también hace primero de bachillerato. El bachillerato tecnológico. De veintitrés que empezaron el curso ya solo quedan once. Mi niño ha jalado. Sólo salieron bien cinco compañeros. El mío jaló seis asignaturas. Fui a hablar con la tutora. Me dijo que en el instituto preparan para la Universidad. ¿Para la Universidad?, le pregunté. Eduquen para la vida, oiga. ¿Todos tenemos que ser científicos? ¡La Universidad! La semana pasada postulé yo para la Universidad. ¿Es eso tan importante?”

Ella piensa que X tal vez se presentó a una prueba de acceso a la Universidad para mayores, pero no quiere interrumpirlo.

-¿Y la disciplina? ¿No se dan cuenta que los tratan igual que hace veinte años? También hablé con la orientadora. ¿Qué expectativas tiene con el niño? Me preguntó. Yo, lo que quiero es que sea una buena persona, respondí, y que sea feliz. Pero no se preocupe, oiga, que de eso ya nos ocupamos en el hogar. Y la orientadora se puso a explicarnos los módulos que se impartían en el instituto. Eso no le gusta al niño, le dije, usted tendrá que tener en cuenta sus intereses para orientarlo”.

X se pone nervioso. Abre y cierra el móvil constantemente, mirando la pantalla, al mismo tiempo que observa a las pequeñas cabezas que dan brazadas.

-”Ahora dice que se quiere ir al ejército. Pero hijo, ¿recorriste quince mil kilómetros para entrar en el ejército? Tu madre y yo estamos aquí apoyándote... Lo han desmotivado y lo único que quiero es que no se amargue. ¿Evaluación del alumnado? ¿Y ustedes no se evalúan? Pregunté a la tutora ¿No se da cuenta el centro que está fallando, que los profesores están fallando? Me tuve que contener para no decirle que ella tampoco estaba cumpliendo con su trabajo. En suma, que repita, que el próximo curso se cambie a la rama de Sociales, ya intentaremos que no se venga abajo. A la niña, que está en cuarto, le ha ido bien, solo ha jalado inglés”

Ella, que es madre y docente, se despide de X, con la certeza de haber presenciado una lección de pedagogía, con la secreta intención de transcribir el discurso de este padre preocupado pero cargado de sentido común.

domingo, 3 de abril de 2011

La bolsa o la vida de Juana Castro



No me puedo resistir a la tentación de compartir este poema de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), que tan bien nos describe a las mujeres y la relación que entablamos con nuestros bolsos.


Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela -preciosa- que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.

Que va a dar al mar.

domingo, 6 de febrero de 2011

PASEO DE FLORES TRISTES

Hacía mucho tiempo que no salía a pasear, siempre con prisas, del colegio a casa y viceversa.
El sábado tenía que ir a correos y aprovechó para hacer unas comprillas por el pueblo.
En correos trabaja Margarita . Como no se ven a menudo y no había más gente esperando conversaron de las niñas, de lo poco que duermen, de lo malos que son los programas de la tele, de la radio, de si prefieres a Pepa Fernández o a Montserrat Domínguez.
En la papelería cercana la atendió A, siempre tan atento, que le mostraba las novedades en bolígrafos de tinta líquida. Mientras, su padre, departía con una clienta:
Yo también estuve en Alemania, pero lo de ahora es distinto. Un sobrino mío y su mujer son ingenieros y se tienen que ir a Alemania porque aquí no tienen empleo.
Vamos, que la Merkel, nos asfixia y después se lleva a la gente preparada, a los que se han formado con nuestro dinero.
Al salir se encontró a M, antiguo alumno. Le fue a dar un beso pero él la sorprendió con un emocionado abrazo.
Dale recuerdos a tu madre y tu padre. Ven a visitarme al cole.
Tomó café en el Estanco. Hace unos años no habría entrado sola a un bar con el serrín esparcido por el suelo, donde la clientela es mayoritariamente masculina y se lee el Marca de pie en la barra. Pero allí la reciben con sonriras y el camarero le trajo la prensa en cuanto le sirvió el café.
Paseó por Las Cuatro Esquinas. Los sábados ponen un mercadillo de artesanía. Aunque los cuadros no son de su gusto, hay ambientecillo por las calles. Se detuvo en el puesto de intercambio de libros porque una vieja edición de Cumbres Borrascosas la estaba mirando.
Entró en la librería Prisma a saludar.
-¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Dónde te metes?
Al bajar por la calle, sale de la pescadería Violeta.
¿Cómo estás? Mal, no se me quita la tristeza. Pero mujer, ¿no has pedido ayuda? ¿No has ido al médico?
Unos pasos más allá aparece Amapola, cargada de bolsas.
¿Qué te pasa? Que me encuentro mal, probablemente me tengan que operar. No te preocupes, cuídate.
En una esquina se encuentra a Rosa y se vuelve a parar: que si el estrés, que no puedo con tanto, que llego al fin de semana agotada.
Cuando entra en casa comprueba que ha tardado tres horas en dar un paseo que suele durar quince minutos. No ha hecho nada pero tiene la impresión de que no ha perdido la mañana.

viernes, 7 de enero de 2011

EL PAÍS DE LAS MUJERES

Es posible que alguien, en algún momento, haya soñado cómo sería un mundo gobernado por mujeres. Pero no por mujeres que suplen a los hombres con sus mismos principios, asumiendo que es la única manera de gobernar. Quizás alguien haya diseñado un país cuyas gobernantes quieren instaurar los principios feministas y femeninos, partiendo de la sabiduría de las mujeres y su capacidad para el cuidado de los demás.

Giaconda Belli tuvo ese sueño, que plasmó en este libro, irónico, divertido y tierno, donde lo personal es político y las personas son más importantes que los acontecimientos.

La periodista Viviana Sansón y un grupo de amigas fundan en Faguas (imaginario país centroamericano) el PIE (partido de la Izquierda Erótica) y elabora una arriesgada campaña electoral que incluye entre otras cosas, hacer la pedicura mientras piden el voto. Su sorprendente campaña, el programa electoral que promete limpiar el país y la explosión del volcán Mitre que deja a los hombres sin testosterona, las convierten en vencedoras de las elecciones.

Sin embargo, el poder por sí solo no supone un cambio en el modelo existente. Son muchos siglos de patriarcado y las mujeres se achican ante la experiencia y los argumentos masculinos. Por ello, Viviana y el Consejo de Ministras deciden tomar una medida drástica: expulsar a los hombres de todos los puestos políticos y de la Administración durante seis meses, tiempo en el que tendrán que ocuparse de sus casas y sus familias y así experimentar lo que las mujeres han vivido desde hace muchos siglos.

Esta decisión no es aplaudida por toda la ciudadanía. Muchos hombres, aunque un poco apagados por los efectos del volcán, y algunas mujeres se rebelan.

La presidenta, Viviana Sansón, sufre un atentado durante la celebración del Día de la Igualdad en todos los Sentidos. Entra en coma y ahí comienza la novela.

Durante el coma, a Viviana en su estado de inconsciencia, se le aparecen objetos que fue perdiendo a lo largo de su vida: lava. Un anillo, paraguas, gafas de sol, reloj despertador,... Se intercalan capítulos sobre los personajes que acompañan a la Presidenta en su aventura política, transcripciones de entrevistas, el programa electoral, memorandos, notas sobre ideas para la campaña electoral, …

Una gran variedad de voces y tonos recorre la novela mostrando que se puede hacer literatura con un lenguaje inclusivo y que existen utopías a las que no queremos renunciar.