“ Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues , ¡con qué placer y alegría!, a puertos antes nunca vistos. ” Kavafis En el segundo verano pandémico, la turista ocasional ha eclosionado cual crisálida claustrofóbica. Meses de confinamientos perimetrales habían hecho mella en su ánimo. Se sentaba delante del televisor a mirar documentales sobre viajes, suspiraba al tropezar con las maletas en el trastero y acariciaba la guía que se quedó varada en la mesa de noche durante la primavera de 2020. No es que la turista ocasional se haya convertido en una intrépida viajera dispuesta a atravesar mares y océanos, solo ha pretendido dar un pequeño paso, salir de su comunidad autónoma y subirse a un avión bien pertrechada de mascarillas y su certificado de vacunación en la mano. Durante la primera semana de vacaciones en un recóndito paraíso gaditano, a punto estuvo de renegar de uno de sus fundamentos vital...