El circuito que hemos contratado no incluía Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, aunque Mostar sí aparece en la ruta. Llegamos un domingo caluroso, con las temperaturas rozando los 40 grados, a través de un paisaje seco e inhóspito. Nos reciben los primeros bloques de viviendas, con restos de metralla aún en su fachada. En el puente de Mostar se amontona una multitud de turistas. Unos jóvenes se lanzan al río Neretva desde la altura del puente reconstruido. Antes de saltar recaudan dinero entre los curiosos. Paseamos por las calles empedradas que conducen al puente, intentando no caer por el suelo resbaladizo, entre el hormiguero de gente y tiendas de souvenirs, como un zoco de cualquier ciudad musulmana. Las mujeres, sin embargo, no visten hiyab. Solo dos chicas cubiertas con un burka se asoman al pretil de piedra para ver a los muchachos saltar sobre el río Neretva. En algunas tiendas, venden ametralladoras realizadas con balas. Demasiados kilómetros para tan br...