A mi akelarre ( ellas saben la razón) En un sábado de otoño soleado, que se diría primaveral, me entero de la muerte de J. La noche anterior, París había tornado la fiesta en una danza macabra de terror. Por la mañana, me fulmina la noticia de ese rayo que se ha llevado la vida de J, tan joven, cuando aún no había ejercido su derecho al voto. Pero me paro a pensar y no sabría decir si ella podría votar. Desconozco su situación legal, si tiene la nacionalidad o tan siquiera la residencia. J era una de esas niñas que buscan la invisibilidad en el aula. Silenciosa, dulce, tímida, todo lo expresaban sus enormes ojos tristes, tristísimos. Tenía muchas dificultades para el inglés, también para el español, pero nunca cejaba en su empeño. Y requería tu ayuda sin palabras, con el único recurso de su profunda mirada. Recuerdo a los padres de J, tan mayores, como si fueran sus abuelos, con la misma mirada siempre afligida que su hija. Cuando hi...