El número 13 me rodea, convive conmigo cada día, así que no lo temo. Al contrario, las cifras impares me parecen divertidas, creativas y originales. Me niego a creer que el 2013 pueda ser peor que este "annus horribilis" del que nos despedimos. Como es barato albergar esperanzas y anhelos, he decidido comenzar el año con optimismo y desear que se hagan realidad los sueños de quienes me rodean. Mi lista está compuesta únicamente por veintisiete deseos, uno por cada letra del alfabeto, pero si ves tu reflejo en alguno de ellos, no te quepa duda de que es mera coincidencia: -El próximo año, sobre la cabeza de A dejará de pender la amenaza del desahucio. -B, que trabaja como ingeniero en Londres, regresará con un contrato bajo el brazo y volverá a disfrutar del sol de Sevilla y los potajes de su madre. -La novia de C encontrará trabajo y podrán, al fin, vivir juntos e incluso plantearse la posibilidad de ser padres. -La jornada laboral de D no se verá reducida y cob...