Acudo a esta cita anual de Nochevieja abrumada por las dudas. Escribo porque escribir también es resistir. Escribo para cerrar la puerta a este fatídico año que, sin embargo, acaparó el inicio más ilusionante. Vivíamos con la certeza de que, a pesar de las crisis, los nefastos gobiernos, el desempleo pertinaz y la violencia de género que no cesa, teníamos la fortuna de ser la primera generación de la historia de España que no sufriría una guerra. Pero estalló la pandemia, la distopía se hizo real y destrozó la quimera. A pesar de ello, hay que sacar fuerzas para decir adiós al año en que perdimos la primavera, convertida en un inmenso agujero negro que se tragó nuestros sueños, el año de la leve tregua de verano, paseando con mascarillas a la orilla del mar, del miedo a la vuelta al cole en septiembre y al desasosiego de la segunda ola, con la fatiga pandémica inoculada en nuestros huesos. Tapiamos con piedras el final de este 2020, que quisiéramos olvidar, en el que aprendimos a...