No resulta fácil reconocer a un superviviente. Mantienen en todo momento una apariencia corriente, incluso anodina. Su ropa, su corte de pelo, su postura corporal y sus andares no reflejan su condición. Se levantan cada mañana y acuden a su trabajo, si lo tienen, o a la cola del paro en el caso de encontrarse en esta situación. Compran en el mismo supermercado que tú, toman una cerveza en el bar de la esquina, pasean el perro por el parque... Vives rodeada de supervivientes aunque existen muy pocas probabilidades de que los puedas distinguir. En la mayoría de los casos no son conscientes de que poseen la marca de la supervivencia. Desde muy jóvenes entienden de tropiezos y caídas. Las piedras del camino son habituales compañeras de viaje y han aprendido a caer y a levantarse, caer y levantarse, caer y levantarse,... La persona superviviente tiene la piel curtida por heridas y desgarros. Ha adquirido la costumbre de aplicar emplastos para que el dolor no le impida continu...