Ir al contenido principal

Entradas

Rodari enredado

Juanita Pierdedías, esa gran viajera, añoraba  las amistades que iba haciendo en cada viaje, así que abrió un perfil de facebook donde colgaba fotos y relataba sus aventuras en el País sin punta y el País con el des delante. Invitó a Jaime de Cristal, la tía Apolonia, Caperucita Amarilla y Juan el Despistado. Gracias a su página, la tía Apolonia comercializaba sus mermeladas y colgaba vídeos de las recetas en su canal de Youtube. Su popularidad creció y creció al ritmo de los “Me gusta”, de tal manera que la contrataron para un programa de televisión y una columna de cocina en un periódico de difusión nacional. Juanita Pierdedías reía con las ocurrencias de Caperucita Amarilla, que subía a su muro imágines en posturas inverosímiles, ataviada de negro, de azul e incluso de rojo. Tenía mucho éxito en el bosque y rápidamente cambió su foto de perfil para aparecer acompañada por el lobo, que le fisgoneaba cada amigo y quería pertenecer a todos los grupos en que comentaba Caperuci...

Defensa de la poesía

” Conbidar le ien de grado, mas ninguno non osava” -Mamá, ayúdame, por favor, que no entiendo el castellano antiguo. -Coge el glosario y lo leeremos juntas. Verás cómo te va a gustar el Mío Cid. La madre intenta explicar la escena. El guerrero duro como el acero, triste, cansado, cubierto de polvo, sediento. La ciudad silenciosa, las puertas cerradas, el miedo que se palpa en Burgos. “ que perdiere los averes e más los ojos de la cara” Aparece una niña de nueve años. Nueve años. Pequeña, tierna, ingenua niña de nueve años que habla al guerrero erguido sobre el caballo. “ Esto la niña dixo e tornós pora su casa” Muchos años atrás, en la escuela de magisterio, algunos de sus compañeros canturreaban la entrada del Cid en Burgos. A ritmo de un compás flamenco acompañaban los versos con palmas: “ De los sos ojos tan fuertemente llorando, tornava la cabeça i estávalos catando.” -Ya voy entendiendo. Creo que puedo continuar sola. La madre se lamenta de no poder transmi...

La vida en serio

Tienes 14 años y nunca has visto el mar. El autobús, que arrancó antes de que clareara el día, se acerca a la costa. Lo sabes porque el aire fresco que entra por las ventanillas llega cargado de sal. La noche anterior apenas conciliaste el sueño por los nervios del viaje. Nunca has viajado tan lejos. En la televisión en blanco y negro no se distingue el color del mar. Por más que hayas recorrido los océanos con Verne y Salgari, no podrías describir la sensación del agua salada rozando tu piel. Los bocadillos, la tortilla de patatas y los refrescos aguardan en la nevera portátil pero a ti solo te interesa observar. En la bolsa guardas un libro de poesía. Quizás Machado, tal vez Neruda aunque lo más probable es que sea una antología de Miguel Hernández de la editorial Cátedra. En el verano del 77 todo acaba de comenzar: las primeras elecciones, las colas frente a las urnas, el primer viaje fin de curso, libertad sin ira libertad,… Tú no has visto el mar, tampoco sabes nadar. Al...

Día de tregua

Hoy es un día de transición, una jornada en la que tomar aliento después de varios días sin disponer de un instante. Hoy es un día de quietud antes de sumergirme en una nueva vorágine que me impedirá estar a solas. Siento la necesidad urgente de acercarme a mí misma, como si mi auténtico yo se alojara en un hilo invisible cercano a mi columna, un hilo que me reconforta. La mañana, que amaneció limpia, se fue cubriendo de nubes espesas. La maleta deshecha reclamaba su tributo de coladas, detergentes, suavizantes y vapores de plancha. Pero el cielo desoyó los ruegos de mi sucio equipaje y derramó una tormenta sobre las blusas y los pantalones que se oreaban en el tendedero del patio. Comenzó a llover mientras tomaba el aperitivo, a esa hora en que los niños y las niñas suelen salir del colegio y las madres se apuran en protegerlos con paraguas e impermeables. Ayer, mientras la meseta galopaba, verde y húmeda, por la ventanilla del tren, acabé “Hablar solos” la última novela de A...

Deseos para un año impar.

El número 13 me rodea, convive conmigo cada día, así que no lo temo. Al contrario, las cifras impares me parecen divertidas, creativas y originales. Me niego a creer que el 2013 pueda ser peor que este "annus horribilis" del que nos despedimos. Como es barato albergar esperanzas y anhelos, he decidido comenzar el año con optimismo y desear que se hagan realidad los sueños de quienes me rodean. Mi lista está compuesta únicamente por veintisiete deseos, uno por cada letra del alfabeto, pero si ves tu reflejo en alguno de ellos, no te quepa duda de que es mera coincidencia: -El próximo año, sobre la cabeza de A dejará de pender la amenaza del desahucio. -B, que trabaja como ingeniero en Londres, regresará con un contrato bajo el brazo y volverá a disfrutar del sol de Sevilla y los potajes de su madre. -La novia de C encontrará trabajo y podrán, al fin, vivir juntos e incluso plantearse la posibilidad de ser padres. -La jornada laboral de D no se verá reducida y cob...

LOMCE VS COEDUCACIÓN

En esta pesadilla en la que nos debatimos últimamente, cuando encender el ordenador cada mañana y asomarse a los titulares de la prensa nacional se ha convertido en un acto de masoquismo, nos cae encima la LOMCE, esa ley que el ministro Wert (alter ego de Gollum) ha escrito en un menage à trois con la conferencia episcopal y el OPUS DEI. Se suceden las noticias, reportajes y columnas reprobando el engendro que nos devolverá a la escuela del franquismo, a un modelo segregador, que ahonda en las diferencias, academicista y revanchista. La teoría neoliberal y mercantilista que subyace nos presenta la educación como mera urdidora de mano de obra lista para acceder al mercado laboral con las manos atadas y la boca cerrada. Nunca había cobrado tanta actualidad el dibujo de Tonucci “La máquina de la escuela”. Los medios de comunicación se empecinan en el debate sobre el aprendizaje del catalán y el ministro declara que se crece con cada polémica. Se denuncia la disminución de l...

Dolor del niño triste

Un niño triste al final de la clase. Un niño enclenque, solitario, silencioso, con el pelo sucio y el chándal barato muy gastado. A veces se sentaba solo, no porque él lo hubiera elegido, sino porque su tutora así lo decidía: no había hecho los derechos, olvidó el material, suspendió un examen... A la maestra le consumía la rabia, pues solo veía un niño triste y solo, una madre pobre y superada por las circunstancias. Un niño triste rodeado de uniformes, de camisetas de marca y móviles de última generación. La maestra se hacía la olvidadiza si no llevaba el libro o no tenía hecha la tarea. Le alababa su aptitud para el idioma, su pronunciación casi perfecta sin academias ni clases extraescolares. ¡Era tan poco lo que podía hacer para aliviar su tristeza! Hoy lo ha encontrado en la calle, junto a la biblioteca, cargando a la espalda su pesada mochila. El niño, tan pequeño, ahora estudia en el instituto. -¿Vas a la biblioteca a estudiar? -A hacer los deberes, ha respondid...