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AMIGAS

" Y me rodean amigas ay, ay, amigas dulce esperanza de la sed amantes siemprevivas dorado manantial de espigas " (canción de Ana Belén) La Escuela de Magisterio era un lugar oscuro e inhóspito. Ella tenía dieciocho años y había aterrizado allí porque quería ser maestra. No conocía a nadie y los pasillos se le antojaban castillos inexpugnables. En un aula estrecha se agolpaban cerca de cien chicos y chicas de distinto pelaje. Ella los observaba desde las últimas filas. Siempre se sentaba allí. - La vida siempre es más divertida en la última fila, pensaba. En el aula había pequeños grupos, gente que ya se conocía, gente singular, bohemia, alternativa, todo un mosaico de historias por descubrir. Pero ella se fijó en dos chicas que siempre andaban juntas y no llamaban la atención de manera especial. Una era morena y delgada, con el pelo rizado. La otra, rubia y con gafas. No sabe la razón, pero decidió que quería ser amiga de aquellas dos muchachas. Los años de Magisterio les tr...

ÁGORA

Como no soy crítica de cine ni experta en fotografía o sonido, voy al cine a que me cuenten una historia. Como soy una mujer con una existencia a mis espaldas, no puedo ser objetiva y analizo la realidad sin dejar a un lado lo que he vivido. Cuando yo tenía 12 años, alguien me leyó la encíclica de San Pablo en la que se prohíbe a las mujeres tomar la palabra e impide que sean escuchadas. Como palabra de Dios, no puede ser cuestionada y todos deben arrodillarse ante tal afirmación. Esta encíclica, que me irritó sobremanera antes de entrar en la adolescencia, propició el trágico final de Hipatia, su lapidación como mujer impía. Mucho se ha hablado en la prensa sobre el mensaje contra los fundamentalismos religiosos de la película o de la oposición entre ciencia y fe. Sonrío al recordar los adjetivos de alguna prensa conservadora, tildando a Aménabar de ateo, que tras hacer apología de la eutanasia arremete contra el cristianismo. Ese periódico olvida que también lo hace contra judíos o p...

SEMÁFORO VERDE, VESTIDO AMARILLO

Ante las denuncias recibidas por los usuarios/as de la línea Tomares- Sevilla M.J. P., C.N.G. y R.G.L, nos vemos en la obligación de redactar el siguiente informe: Siendo la 22 horas del día 18 de julio de 2009, el conductor G. C. M. se encontraba realizando el servicio anteriormente citado. La noche era cálida y soplaba viento de levante. Como era su último servicio antes de las vacaciones, Genaro estaba tranquilo. La brisa parecía impregnada de sal y sonrió al recordar el nombre de la urbanización donde si situaba la próxima parada: Aljamar, rotonda del Agua. Según el testimonio de los/as denunciantes, el conductor permitió subir sin pagar a una mujer en la Glorieta del Agua de Tomares. Dicha señora presentaba un aspecto desaliñado. Surgió bajo las moreras, sus pies descalzos manchados de la tinta azul de las moras. Abrió sin pensar y la dejó subir a pesar de que no tenía tarjeta, cartera, bolso o monedero que hicieran prever que abonaría el importe del billete. Sólo llevaba un vesti...

Lo que sentimos

La maestra pregunta si alguien vio ayer el partido de baloncesto. Cuatro pequeñas manos se alzan sobre las cabezas. La maestra explica que el partido se jugó en Katowice, una ciudad de Polonia, y señala dónde se sitúa en el mapa. La protagonista del libro que van a leer (Ben quiere a Anna) ha emigrado desde Katowice hasta Alemania (La maestra vuelve al mapa) y asiste por primera vez a un nuevo colegio. Los niños y las niñas de la clases opinan sobre lo que le pasa a Anna. F. cuenta que él llegó a Barcelona y no entendía ni el español ni el catalán, porque sólo sabía hablar francés y árabe. Un niño se acercó a él para ser su amigo pero no podía entenderlo. -¿Cómo aprendiste a hablar? -Viendo la tele, responde con una sonrisa de pícaro. H. abre mucho los ojos para explicar que ha vivido esa experiencia dos veces. Aún puede recordar cuando llegó a Madrid procedente de Dinamarca. Pasó dos meses sin hacer nada en el colegio porque no sabía nada de español. M., tan pequeña, añora la nieve d...

PRIMER DÍA DE COLEGIO

En este día de septiembre las nubes se asomaron al hiriente azul del cielo. Es el primer día de colegio y la maestra aún se pone nerviosa después de veinte años. Se le encogen las entrañas como si fuera una niña. Estrena vestido y calza zapatos de tacón. - Hoy es un día especial, por eso me he arreglado , les diría luego, en la intimidad del aula, con los nervios aplacados. Va a recoger la fila y sonríe para sus adentros. El más grandullón se ha colocado el primero y tras él niños y niños. Hacia la mitad aparece la primera niña y tras ella, siempre al final, el resto. La maestra ya conoce estas actitudes y sabe que no es fácil cambiar determinados hábitos. Una vez en la clase se sientan con quien les place, los niños con los niños, las niñas con las niñas. Ellas, apretadas, buscan la cercanía de la mesa de la maestra con la mirada inquieta. Ellos, seguros, levantan la mano, interrumpen, hablan sin respetar el turno, cuentan experiencias y opinan. En medio del debate, la maestra anima a...

DUBLÍN Y ALREDEDORES

Si viajas a Irlanda en verano, de una sola cosa puedes estar segura: nunca vas a acertar con el tiempo. Si amanece un sol radiante y el cielo despejado, antes del lunch te tienes que comprar un paraguas en cualquier tienda de souvenirs, con la ventaja añadida de que ya tendrás un bonito de recuerdo de Irlanda en forma de paraguas verde adornado de tréboles. Si por el contrario, el día se despierta nublado, cae una fina lluvia y no te llevas las gafas de sol, pero cargas con impermeables y paraguas, te pasarás el día soportando un peso inútil y añorarás la protección de tus ojos. Una segunda visita fugaz a la isla esmeralda y algunas lecturas previas te dejan con una duda: ¿Quién ha hecho más daño a los habitantes de este país: el Imperio Británico (800 años de presión), la iglesia católica o la cerveza Guiness? Particularmente, me inclino por la última causa, habida cuenta que la familia Guiness es la más rica de Irlanda, junto a la Jameson (whiskey) y últimamente Bono, de U2. La m...

LEER O NO LEER

Cuando C. tenía ocho años leía muchos cómics, sobre todo de Astérix, porque en su casa tenían la colección completa. Su preferido se titulaba La Zanja y había memorizado párrafos y diálogos. ¡Se la veía tan pequeña subiendo y bajando de la litera con el libro tan grande bajo el brazo…! Se acostaba, se levantaba, desayunaba, almorzaba y cenaba con el libro. Hasta tal punto estaba obsesionada que su madre tuvo que prohibir que lo pusiera encima de la mesa. La madre de C. pensaba que su hija pasaría a la siguiente etapa, es decir, a los libros infantiles, como un proceso natural. Pero no fue así y tuvo que establecer un horario diario para la lectura. Para la madre de C., los libros son el más preciado de los tesoros, su salvavidas en los momentos difíciles, el interlocutor que siempre la comprende. En los veranos de su infancia, su madre –la abuela de C.- se ocupaba de que aprendiera las tareas “propias de su género”. Cada mañana debía barrer, limpiar el polvo, fregar el suelo,… Tardaba...