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Entradas

Dos amigas de Elena Ferrante

Estos días pienso a menudo en Berlusconi, en aquellos años en que no alcanzábamos a entender las razones que llevaban al pueblo italiano a votar una y otra vez a la personificación de la corrupción. Nada tiene que ver con la Italia que retrató Bertolucci en Noveccento. Aún me emociono al oír la banda sonora o recrear la escena del hombre que recorre los campos gritando: ¡Verdi ha muerto! Hace unos años, siendo mis hijas pequeñas, visitamos la Toscana. Llovía en San Gimignano aquel día que, bajo los soportales de la iglesia, conmemoraban la liberación del pueblo por los partisanos. En unos paneles se exponían fotos relativas al evento que la tormenta se había empeñado en impedir. Un anciano pequeño y enjuto,  con ojos llorosos, le mostró a mi hija las fotos en las que él, casi un niño, aparecía junto a otros muchachos que protagonizaron la gesta. El veintisiete de junio me llamó por teléfono Lenú (Elena Greco). Tras los saludos iniciales, la familia, la salud, sus hijas, las ...

Andalucía, la que divierte

Este mes de mayo se inauguró sin flores ni cantos a María. Regresaron los jerséis a los armarios, no cantaba la calandra ni respondía el ruiseñor. Una inusitada tormenta se instaló sobre nuestras cabezas. La lluvia caía con fuerza un día tras otro, sin conceder una tregua.  El campo embarrado, los caminos anegados de agua, los embalses a rebosar,… Parecía como si se hubiera volteado la piel de toro y al Sur nos bañara el Cantábrico. El diez de mayo, tras varios días de aguacero, el terreno era un lodazal pero los melocotones de la Vega del Guadalquivir no entendían de tormentas y un jornal de cuarenta euros no merecían desprecio. Pertrechados de impermeables y botas de goma, Marisol y su cuadrilla acudieron al tajo. El cielo no les otorgó ninguna indulgencia y faenaron sin descanso, hundidas en el barro, navegando entre los charcos, anegadas por el diluvio. Cuando regresó al pueblo, con toda seguridad, aún tenía que hacer compras, poner lavadoras, cocinar la cena y prepa...

Marruecos exprés

Repaso mis notas de Marruecos. Normalmente, me acompaña un cuaderno de viaje, donde escribo pensamientos o ideas que me asaltan y pego tickets de metro o entradas de museos. Esta vez, el viaje es tan corto, que opto por un pequeño cuaderno, de hojas recicladas y forrado con una tela bordada que me regaló Lidia. Me resulta tan bonito que duele emborronarlo de tinta. Me decido a usarlo porque los cuadernos, como la vida, no existen para ser contemplados. En mi cuaderno no pude anotar la primera sensación del viaje: un incómodo hormigueo me subió por el estómago cuando el ferrry avistó el puerto de Tánger. Por primera vez pisaría África (Canarias no cuenta), tantas veces perseguida por la mirada desde las costas de Cádiz. Marruecos, tan cerca, tan lejos, pensaba que jamás alcanzaría sus playas. Por ello, no me importó embarcarme en un viaje de pocos días, con largos trayectos   de cientos de kilómetros y un regreso incierto. En un viaje exprés, por un país, por un continente ...

El verbo servir

Esta semana un artículo de @RaulSolisEU titulado “Hijo de una limpiasuelos” se ha convertido en viral y lo ha llevado a participar en programas de radio y televisión. Él sabe, porque se lo he dicho públicamente, cuánto me gusta lo que escribe y cómo lo hace, especialmente cuando pone voz a las mujeres del campo, a los parias de la tierra. Incluso tuvo la osadía de escribir sobre   los funcionarios, en un momento en el que medio país aplaudía los recortes a los “privilegiados empleados públicos” y entrevistó a mi amigo Mikel en un reportaje donde reclamaba que “Los funcionarios también lloran” . Creo que el éxito de su artículo radica en que muchas personas nos hemos visto reflejadas en él. Nuestro país está poblado por hijos e hijas de limpiasuelos, de mujeres, y también algunos hombres, que tuvieron que servir, así que cualquiera podría haber escrito el artículo, aunque solo él supo hacerlo poniendo en cada palabra el desgarro y la rabia de muchas generaciones que tuvieron que ...

Extremadura en compañía

Hubo un tiempo, “ahora que de casi todo hace ya veinte años”(Gil de Biedma dixit),   anduvimos descubriendo estas tierras. No teníamos más que juventud y un utilitario de tres puertas, nada de hoteles, ni reservas en Booking. Dormíamos en cualquier pensión u hotel de carretera que encontrábamos en nuestro camino. Fue un viaje sin planificar, sin rutas, a salto de mata, casi sin mirar el mapa, con el único gps de nuestros deseos. Hubo un tiempo, ya muy lejano, en el que no existían los móviles ni los navegadores. No subíamos fotos a Instagram mi compartíamos imágenes en Twitter. Pero teníamos el “carretera y manta”, recorriendo senderos, explorando a nuestro aire la cercana aunque ignota Extremadura. Después hubo otro tiempo en el que los viajes se planificaban con todo detalle. La lista de enseres imprescindibles se colgaban en la nevera y los íbamos tachando a medida que se incorporaban en la maleta: biberones, pañales, toallitas, sonajeros, chupetes, cambiador, botiquín ...