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Carta a las Reinas Magas

Lo que faltaba para el duro con este tiempo tan crudo (Gloria Fuertes) Queridas Reinas Magas: Vosotras y yo somos viejas conocidas. Hace varias décadas, instalada aún en la veintena, tuvimos nuestro primer contacto. Yo acababa de aprobar las oposiciones e intentaba   ser maestra en un colegio de Brenes donde lo aprendí casi todo. Aquella navidad representamos la obra de Gloria Fuertes que vosotras protagonizáis. Por eso, para mí, tenéis el rostro redondo y   un hoyuelo en la barbilla como Yoli, una de las niñas que os interpretaba. En las tardes de ensayo, compartíamos risas pero también discusiones y enfados. Los nervios antes del estreno, las lágrimas, los  aplausos, los dolores de tripa, la incontinencia súbita, los gritos entre bambalinas, el imposible silencio tras las cortinas, vienen a mi mente estos días. Es una pena que no conserve ninguna foto de aquella obra, ni de vosotras ni de los camellos de cartón que os acompañaban en el escenario. Pare...

Sufragistas

En la sala más pequeña del multicines solo siete personas ocupaban sus asientos. De ellos, más de la mitad, pertenecían a mi familia. El resto, un espectador solitario que pasaba de los sesenta y una pareja de cuarentones. Fuera, en el mundo real, cuatro salas estaban destinadas a proyectar “Star Wars”, con familias completas disfrazadas de personajes de la saga de George Lukas. “Sufragistas” se anuncia como la mejor película del año. No me considero tan cinéfila como para corroborar o negar dicha afirmación. Entre otras cosas, porque yo fui a verla por motivos puramente ideológicos. No es casual que en España se estrenara el último día de campaña electoral, la primera vez que los derechos de las mujeres han formado parte de los debates electorales. En los trailers   puede parecer que se trata de una película coral. Sin embargo, asistimos al proceso de compromiso con el movimiento sufragista de Maud,   trabajadora en una lavandería. -“Nací en la fábrica”, declara ante...

Recuerdo de J

A mi akelarre ( ellas saben  la razón) En un sábado de otoño soleado, que se diría primaveral, me entero de la muerte de J. La noche anterior, París  había tornado la fiesta en una danza macabra de terror.  Por la mañana, me fulmina la noticia de ese rayo que se ha llevado la vida de J, tan joven, cuando aún no había ejercido su derecho al voto. Pero me paro a pensar y no sabría decir si ella podría votar. Desconozco su situación legal, si tiene la nacionalidad o tan siquiera la residencia. J era una de esas niñas que buscan la invisibilidad en el aula. Silenciosa, dulce, tímida, todo lo expresaban sus enormes ojos tristes, tristísimos. Tenía muchas dificultades para el inglés, también para el español, pero nunca cejaba en su empeño. Y requería tu ayuda sin palabras, con el único recurso de su profunda mirada. Recuerdo a los padres de J, tan mayores, como si fueran sus abuelos, con la misma mirada siempre   afligida que su hija. Cuando hi...

Dejarse atrapar por arañas

Se sienta a oírlos llegar. Vienen gritando por el pasillo, con el pelo alborotado y las últimas migas del bocadillo salpicando la camiseta. Algunas mañanas, cuando hay cola en la cafetera y ella se demora, la esperan sentados en un escalón mientras la impaciencia roe sus pantorrillas como termitas. Según una ley no escrita, toda lectora esconde una bibliotecaria dentro y a la inversa. Esta es una verdad irrefutable, piensa mientras espera. Los primeros en llegar cada día a su biblioteca son los buscadores de Wally. La bibliotecaria es la depositaria de la lupa que ansían tan ávidos exploradores. Solo el más rápido corredor de pasillo alcanzará el preciado tesoro. Ella observa a su clientela. Dos niñas con coletas revuelven el estante de los gomets rojos. Su cabeza no para de dar vueltas. ¿Qué les gustará leer? Recorre los estantes al tiempo que redacta listas imaginarias: más libros de Educación Infantil; un álbum sobre Frida Kalho que vio en una librería; la colección de “A...

Panorámica de Rumanía

Nunca quise viajar a Rumanía. Jamás deseé visitar la antigua Dacia, ni me sentí atraída por su cultura o sus paisajes. Apenas tenía información sobre el país. Mis conocimientos no iban más allá del nombre de su capital, su situación geográfica y su posición política tras la segunda guerra mundial.  Me fue imposible comprar una guía turística, por más que busqué en librerías y centros comerciales. Sin expectativas, sin ideas previas, me senté en aquel autobús que me iba a llevar por medio país como la que se coloca delante de un lienzo en blanco. En Bucarest, la primera parada, me asombraron las amplias avenidas, las gigantescas plazas y el excesivo parlamento. La calor similar a la de Sevilla, los anuncios de Coca Cola, los centros comerciales con todas las marcas existentes en todas las ciudades del mundo y que da la impresión de que siempre se pasea por la misma ciudad, no desentona con la imagen que tenemos de una gran urbe. Un sábado por la mañana en un parque de Braso...