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Entradas

EL BASTÓN DE "UMÁ" CARMEN

La calle de mi infancia no tenía aceras. Tampoco estaba asfaltada. En invierno, los niños y las niñas, se bañaban desnudos en los charcos. Las casas habían sido chozos hasta el año 63 pero aquello ya se había acabado y todo el vecindario podía disfrutar de techos de uralita. No había cuartos de baño, sólo pozos ciegos en los corrales. Aunque había gente que no se adaptaba al retrete y prefería aliviarse detrás de las tapias del cementerio. En verano se sacaban los colchones a la calle o a los patios y dormíamos custodiados por las estrellas. En invierno las mujeres despiojaban a los niños al sol de la tarde. Las mujeres de mi calle hacían corrillos en mitad de la mañana. Los niños y niñas nos metíamos entre sus faldas para oír el latido del barrio. La mayoría de las veces se organizaban para sacar a otra mujer de un aprieto. Fulana no tiene dinero para poner hoy la olla. Yo pongo los garbanzos. Y yo el tocino. Mengana está en el hospital. Yo daré de comer a los niños. A Zutana le pegó ...

FRESAS, NARANJAS Y ROTLLETS EN GUADIX

Llegamos a Guadix sin parar a tomar ni un café enzarzados/as en las discusión que traíamos los ocupantes dcl coche de Lola: Antonio Ramón, Rafael y yo. Cuando bajamos del coche nos quedamos aterid@s de frío. Nadie podía imaginar que las temperaturas fueran tan bajas en el mes de mayo y tuvimos que colocarnos varias capas de ropa. En el CEP de Guadix, a la cinco en punto (hora muy taurina), comenzamos con una desconferencia presentada por Gregorio Toribio, muy conocido maestro de Abrucena, que nos invita a potachovrizarnos con unas preciosas gafas adquiridas para este evento. Aquí empieza la ronda de fotos que nos acompañará durante todo el EABE y hará que algunas echemos de menos aquellas cámaras con carrete que nos sujetaban el dedito en el botoncito. A continuación José Luis Castillo toma la palabra para instarnos a elegir entre ojo o culo. Ante el desconcierto generalizado aclara que la organización escolar nos resulta incómoda por lo que debemos apostar p...

UNA NIÑA

Durante las últimas semanas he seguido con asombro las noticias, reportajes, tertulias, artículos de opinión, entradas en blogs, comentarios en facebook y un largo etcétera, sobre la niña expulsada de un instituto madrileño por llevar velo. Como no tenía una opinión formada al respecto, he escuchado cualquier debate medianamente serio y he leído todo lo que ha caído en mis manos o en la pantalla de mi ordenador. Por supuesto, yo partía de mis ideas previas. Una de ellas es la repulsa hacia todo lo que implique que la mujer cubra su rostro. Desde muy joven he abominado de esa costumbre tan española por la cual la mujer se casa con la cara oculta por un velo de tul, del brazo de su padre que la entrega a su futuro esposo y amo. Partiendo de estos principios y como ciudadana que aspira a una educación laica he atendido a los argumentos en este sentido, es decir, los que defendían que en una escuela laica no tiene cabida un velo, que es un símbolo religioso. He mirado por todas partes y no...

El tiempo de los maduros, de Mario Andrade

(Un regalo para mi hermano por su 50 cumpleaños) Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con avidez, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa. Quie...

Tres días en la Mancha

En Calzada de Calatrava, el pueblo de Almodóvar, un señor con acento ecuatoriano nos indicó el camino hasta el castillo de Salvatierra. Las niñas se pasaron el viaje entonando "Volver" como si se fueran a encontrar a Penélope Cruz por el camino. Las mujeres que se asoman a las puertas de los pueblos que cruzamos son más auténticas y entrañables, más parecidas a Chus Lampreave que a la bella diva de nuestro cine. Después de atravesar su pueblo camino de un gigantesco castillo de la orden de Calatrava, la genialidad del director de cine me pareció aún más meritoria. Hoy siento más respeto por Pedro. Los castillos siempre gustan a las niñas. Despiertan su imaginación. Son una lección práctica de historia. Este castillo, el de Salvatierra, está tan alto, que no dejo de pensar en los penosos trabajos sufridos para construirlo. Desde arriba se divisa un extenso paisaje mientras yo veo al pobre campesino subir la montaña con el diezmo a cuestas. Almagro es una ciudad cuidada...

MONUMENTO AL MAESTRO-MAESTRAS DE MONUMENTO

En una plaza de Conil de la Frontera han erigido un monumento al maestro. Se trata de un grupo escultórico formado por dos estatuas oscuras y macizas, situadas en una plaza blanca de un pueblo del sur. La más grande representa a un hombre mayor sentado en una silla. Es casi un anciano y sostiene en sus manos un libro abierto. Sobrecogen las bolsas de sus ojos, la mirada triste, el gesto adusto, las manos huesudas,... Frente a él, lo suficientemente lejos como para transmitir la ausencia de cercanía, la carencia de afecto, un niño muy serio encorva la espalda en un gesto que desprende más temor que respeto. Me duele este pobre maestro. Me duele este niño con miedo. Son la imagen de una escuela de posguerra, de cuando la letra entraba con sangre y el castigo corporal se imponía como principio metodológico. Nada tiene que ver con la educación que recibí, heredera de la Escuela Nueva de Freinet, impulsada por maestros y maestras que pensaban que el suyo no era un trabajo cualquiera. Tuve l...

ENUMERACIÓN

En esta tarde soleada de marzo, con las facultades alteradas y el pulso desconsolado, me atrevo a declarar que me gustan las metáforas imposibles, los primos lejanos, las sirenas varadas, las enfermedades del alma, el pretérito imperfecto, el futuro inesperado, los versos ligeros, los paseos largos, los sauces llorones, las esquinas rotas, los cucuruchos de helado, las palabras claras, los harapos sucios, los jazmines cerrados, las pasiones volcánicas, los olivos plateados, las utopías por alcanzar, el mar en primavera, los sudokus en blanco, los errores propios, la rebeldía irremediable, las chanclas de goma, los ríos subterráneos, las manos de mis hijas y los ojos de Carlos. Que no me gustan los tacones de aguja, las uñas esculpidas, el olor a tabaco, las miradas hipócritas, los falsos halagos, los defensores a ultranza, la playa en verano, la pertinaz coherencia, el pensamiento escaso, la verdad objetiva, la tradición milenaria, los jefes autoritarios, el olor ...